17 Agosto 2008 Seguir en 
La fidelidad surgió como una cualidad distintiva de los acuerdos de la pareja patriarcal en el juego relacional. Y desde esa visión el hombre debido a su carga biológica tenía derecho a buscar fuera del acuerdo. En cambio, las mujeres como deben cumplir con la reproducción y la maternidad no pueden tener ninguna relación fuera del acuerdo conyugal, ya que deben preservarse para lo que están destinadas. Es decir no pueden ser infieles. En esa escala de valores determinados desde lo social y sostenidos -supuestamente- desde las determinantes biológicas, se construyó una razón de ser de las diferencias sexuales. Sin embargo, esas cláusulas fueron violándose.
De allí que la infidelidad fue, es y será un tema polémico, tanto para la mujer que vive acosada por la amenaza de la transgresión de la misma por su pareja, como para el hombre que siente esa amenaza permanente y la vive con una herida narcisista imposible de elaborar si le ocurre, ya que en la pareja patriarcal, no existe la libertad del encuentro y el conocimiento de los participantes
Cuando se produce la ruptura de la sociedad patriarcal, la liberación de la mujer y del hombre de las normas morales que estructuraban las diferencias sexuales y la competencia por el dominio del poder se desarrollan la individualidad y la participación. La primera es la capacidad de desarrollo individual investigativo, su racionalidad al servicio del conocimiento y desenvolvimiento del bienestar. Y la segunda, implica el sentido de participación y comunicación relacional, su razón de ser social interactiva con el otro.
Como el ser humano es un ser relacional, su libertad es siempre de él con otros y de los otros con él. Como la vida moral no es un sentimiento individual o racionalidad, sino una forma de participación comunitaria las personas son plenamente capaces de coordinar sus acciones sociales sin cláusulas predeterminadas, las relaciones satisfactorias no requieren ni personas con estados morales en sus cabezas, ni instituciones con credos morales.
A partir de allí en el posmodernismo, el acuerdo para una relación de unión de pareja tiene como destino lo que los participantes deseen y convengan. Al desaparecer el fin único de la reproducción, tanto el varón como la mujer construyen sus parejas en sentidos más abarcativos y el concepto de poder dominante desaparece para ceder a deseos de vivir juntos para otros valores que trascienden la pura conservación de la especie.
La estabilidad
Es decir que el concepto de fidelidad-infidelidad desaparece como conflicto ya que la estabilidad de la pareja depende de la mutua libertad y responsabilidad con que se elijan ambos. Y con estas bases rápidamente desaparecen las caracterizaciones deterministas y todo depende de las construcciones de los seres humanos, responsables de sus interacciones.
Desde lo arcaico, el infiel rompe un contrato tácito de exclusividad sexual con el otro, seguramente por eso tiene una connotación altamente negativa. Algunos son infieles con la mente y sienten que traicionan, o son traicionados con la sola fantasía de pensar en otra persona, otros son más ejecutivos y van al frente.
De allí que la infidelidad fue, es y será un tema polémico, tanto para la mujer que vive acosada por la amenaza de la transgresión de la misma por su pareja, como para el hombre que siente esa amenaza permanente y la vive con una herida narcisista imposible de elaborar si le ocurre, ya que en la pareja patriarcal, no existe la libertad del encuentro y el conocimiento de los participantes
Cuando se produce la ruptura de la sociedad patriarcal, la liberación de la mujer y del hombre de las normas morales que estructuraban las diferencias sexuales y la competencia por el dominio del poder se desarrollan la individualidad y la participación. La primera es la capacidad de desarrollo individual investigativo, su racionalidad al servicio del conocimiento y desenvolvimiento del bienestar. Y la segunda, implica el sentido de participación y comunicación relacional, su razón de ser social interactiva con el otro.
Como el ser humano es un ser relacional, su libertad es siempre de él con otros y de los otros con él. Como la vida moral no es un sentimiento individual o racionalidad, sino una forma de participación comunitaria las personas son plenamente capaces de coordinar sus acciones sociales sin cláusulas predeterminadas, las relaciones satisfactorias no requieren ni personas con estados morales en sus cabezas, ni instituciones con credos morales.
A partir de allí en el posmodernismo, el acuerdo para una relación de unión de pareja tiene como destino lo que los participantes deseen y convengan. Al desaparecer el fin único de la reproducción, tanto el varón como la mujer construyen sus parejas en sentidos más abarcativos y el concepto de poder dominante desaparece para ceder a deseos de vivir juntos para otros valores que trascienden la pura conservación de la especie.
La estabilidad
Es decir que el concepto de fidelidad-infidelidad desaparece como conflicto ya que la estabilidad de la pareja depende de la mutua libertad y responsabilidad con que se elijan ambos. Y con estas bases rápidamente desaparecen las caracterizaciones deterministas y todo depende de las construcciones de los seres humanos, responsables de sus interacciones.
Desde lo arcaico, el infiel rompe un contrato tácito de exclusividad sexual con el otro, seguramente por eso tiene una connotación altamente negativa. Algunos son infieles con la mente y sienten que traicionan, o son traicionados con la sola fantasía de pensar en otra persona, otros son más ejecutivos y van al frente.
Lo más popular
Ranking notas premium











