En Ampimpa se aprende mirando el cielo y el suelo

Los campamentos científicos atraen a la gente. En el observatorio, los chicos visualizan los fenómenos astronómicos y profundizan lo que vieron en Ciencias. El visitante observa la puesta del sol con el telescopio, y realiza caminatas guiado por arqueólogos y por antropólogos.

UN JUEGO. “Es buenísimo estudiar así”, dicen las chicas del María Auxiliadora. LA GACETA/ INES QUINTEROS ORIO
UN JUEGO. “Es buenísimo estudiar así”, dicen las chicas del María Auxiliadora. LA GACETA/ INES QUINTEROS ORIO
07 Agosto 2008
Cae la noche en la ruta a los Valles Calchaquíes, y no sólo hay lucecitas en el cielo, sino también a ras del suelo. Son los haces de las linternas que se escapan de las cabañas del observatorio astronómico de Ampimpa, que llevan el nombre de planetas o de una constelación. Al viajero que llega a Ampimpa (en el kilómetro 107 de la ruta 307, a 2.560 metros de altura, y a 10 kilómetros de Amaicha del Valle) lo sorprende el perfil de esa cúpula de metal montada sobre piedra que contiene un telescopio reflector newtoniano, y que le imprime al paisaje de los cerros cierto matiz futurista.
Las risas de las alumnas de Primer año del secundario del colegio María Auxiliadora, que han venido a pasar tres días de campamento científico en el lugar, indican que se puede aprender ciencia pasándola bien. "Es una forma divertida de estudiar ciencia", se entusiasma Josefina Vera (12), ante el asentimiento de sus compañeras.La profesora de Biología, Judith, explica que campamentos científicos como los que se desarrollan desde hace años en Ampimpa (los hay en varios países, y este ha sido declarado de interés provincial, en el marco del Año de las Ciencias) les permiten a los chicos constatar "en el campo" la teoría que se les enseña en el aula.
La docente explica que las chicas de Primer Año tienen que ahondar en el conocimiento de su provincia. "Acá cubrimos el conocimiento de su provincia y el del Sistema Solar, aplicando los pasos del método científico", explica Judith, mientras las chicas hacen maquetas en los mesones de las "salas/ taller" que ofrece el observatorio, y en el que no sólo se hacen observaciones astronómicas: un equipo de jóvenes profesionales también instruye al visitante (van en grupos o en forma individual, sin límites de edad, y siempre hay alguna tonada extranjera) sobre la flora, la fauna y la rica arqueología de la zona."La administración del campamento nos provee todo el instrumental; no sólo los telescopios para observar el cielo.En el colectivo, las chicas reciben un dispositivo con planillas para completar, y comparar el paisaje que tienen en el papel con el que observan a través de la ventanilla", afirma.
"Tenemos paradas estratégicas para tomar contacto con ese medio natural; hacemos registro de datos, de temperatura, de posición satelital, de relevamiento de la formación vegetal, por medio de fotografías, relevamiento y comparación de lo que es un río de llanura y de lo que es uno de montaña; visitamos una reserva; extraemos muestras de suelo, las analizamos y comparamos la humedad contenida en esas muestras con la formación vegetal que tiene ese suelo", explica.Josefina Vera (12 años) no oculta su entusiasmo. "Hemos ido controlando el sol con tres aparatos: en uno hemos controlado la energía del sol; en el otro, cómo llegaba el calor del sol a la Tierra; y en el otro, cómo la tierra se iba moviendo", recuenta. "Lo que vimos es la importancia de reorientar una pantalla solar, y la aplicación de la energía obtenida por esa pantalla. Y llegamos a la conclusión de que la gente que vive en la alta montaña no tiene que reubicar su pantalla cada 20 minutos, sino que, directamente la tiene que apuntar e dirección al norte, de modo que así no se pierda tanta energía. No hay que estar cada 20 minutos subiendo para reubicarla", reitera la adolescente. Ella cuenta que ha aplicado esa energía solar para hacer mover un ventilador.
El mismo entusiasmo exterioriza Paula Aid (12 años). "A mí me sorprende todo lo que vemos. Está buenísimo. Por una pantalla hemos visto cómo salía el sol. Y anoche, a través del telescopio, lo hemos visto a Júpiter. Se veían una manchas en la superficie, y hemos llegado a ver sus cuatro lunas principales", detalla Paula. "Me encanta todo esto del cielo y de los planetas. Me encanta. Yo pensaba que esto iba a ser aburrido, pero la experiencia está buenísima", interrumpe Josefina.
Las chicas se disputan la palabra. Todas quieren contar sus vivencias. Se muestran tan entusiasmadas con sus observaciones del cielo y de los planetas como con el instrumental que se les ofrece desde el observatorio para desarrollar sus experiencias.
Entre las estrellas de la nueva tecnología está el GPS (Global Position System). "Está buenísimo. Con el GPS podés ver la longitud, la altura sobre el nivel del mar, el kilometraje, y te indica todo lo que vos necesitás para llevarte al lugar al que vos querés ir. El GPS te va guiando", explican.
¿Cómo funciona el GPS?. "En el colectivo -cuenta Josefina- había una pantallita que daba contra el vidrio del chofer, y por medio de un parlante informaba cual era nuestro destino, en funcion de la posición satelital en la que nos encontrábamos.Te indicaba hasta las curvas", se exalta . Y remata : "es una manera muy divertida de estudiar ciencias".

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