07 Agosto 2008 Seguir en 
Su letra de trazos rectos y crispados parecía delatar su indignación. Marcelo Da Corti, un turista mendocino, dejó plasmado en el libro de quejas del Ente Tucumán Turismo la desagradable experiencia que había vivido en el centro de la capital: admitió que había estacionado el auto en una cuadra en la que estaba prohibido hacerlo pero, sostuvo, aunque algunos tramos del cordón de la vereda estaban pintados de amarillo, la pintura estaba casi borrada. Cuando regresó al vehículo, se encontró con que le habían puesto un cepo. Pero lo peor vino después: "Un inspector me quiso coimear con $ 50 para sacar el cepo".
Este testimonio se condice con el de otros turistas que escribieron en el libro de quejas. Llama la atención que no haya ninguna queja sobre el estado de la ciudad; es más, algunos resaltan la buena atención que recibieron y la limpieza de las calles. Sin embargo, se repiten los reclamos por robos, problemas de tránsito y por la falta de guías en algunos puntos turísticos.
Adelina Mariángeli vivió una situación parecida a la de Da Corti. Esta rionegrina dejó el auto estacionado y le pusieron el cepo. La mujer escribió que en el lugar no había señalización que indicara la restricción de aparcar (no especificó en qué calle fue el percance).
Una odisea
Visitar la Casa de Gobierno fue toda una odisea para Elena María Saravia. Al menos esto es lo que permite entrever en la queja que dejó en el Ente. Tuvo que subir las escaleras del palacio cargando un coche. Además, no encontró guías que le mostraran el Salón Blanco.
Los reclamos por inseguridad son varios. Silvia Díaz llegó en avión desde Buenos Aires. Pero en el hotel advirtió que le habían abierto el bolso y le habían robado varias cosas. El que parece que peor la pasó fue Luis Toscanini, de Junín, Buenos Aires. El hombre escribió: "quiero dejar sentada mi disconformidad por el robo del vehículo del que fuimos víctimas".
A pesar de estas quejas, también hubo halagos. María Silvana Herrera resaltó la buena atención que recibió durante su visita y la belleza de la ciudad y sus alrededores. Leonor Rivas sugirió que se rescate el arte de las randas.
Luis Akel, jefe de Atención al Público del Ente, dijo que todos los días se analiza lo que escriben los turistas para intentar solucionar los problemas. De todos modos, admitió que muchas veces es difícil ubicar a las personas que dejaron una queja porque varios de ellos sólo consignan sus nombres y no aportan ningún otro dato.
Este testimonio se condice con el de otros turistas que escribieron en el libro de quejas. Llama la atención que no haya ninguna queja sobre el estado de la ciudad; es más, algunos resaltan la buena atención que recibieron y la limpieza de las calles. Sin embargo, se repiten los reclamos por robos, problemas de tránsito y por la falta de guías en algunos puntos turísticos.
Adelina Mariángeli vivió una situación parecida a la de Da Corti. Esta rionegrina dejó el auto estacionado y le pusieron el cepo. La mujer escribió que en el lugar no había señalización que indicara la restricción de aparcar (no especificó en qué calle fue el percance).
Una odisea
Visitar la Casa de Gobierno fue toda una odisea para Elena María Saravia. Al menos esto es lo que permite entrever en la queja que dejó en el Ente. Tuvo que subir las escaleras del palacio cargando un coche. Además, no encontró guías que le mostraran el Salón Blanco.
Los reclamos por inseguridad son varios. Silvia Díaz llegó en avión desde Buenos Aires. Pero en el hotel advirtió que le habían abierto el bolso y le habían robado varias cosas. El que parece que peor la pasó fue Luis Toscanini, de Junín, Buenos Aires. El hombre escribió: "quiero dejar sentada mi disconformidad por el robo del vehículo del que fuimos víctimas".
A pesar de estas quejas, también hubo halagos. María Silvana Herrera resaltó la buena atención que recibió durante su visita y la belleza de la ciudad y sus alrededores. Leonor Rivas sugirió que se rescate el arte de las randas.
Luis Akel, jefe de Atención al Público del Ente, dijo que todos los días se analiza lo que escriben los turistas para intentar solucionar los problemas. De todos modos, admitió que muchas veces es difícil ubicar a las personas que dejaron una queja porque varios de ellos sólo consignan sus nombres y no aportan ningún otro dato.
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