04 Agosto 2008 Seguir en 
"La gente común de nuestro país cada vez más estaba ocupando su mente y su cuerpo en cosas positivas, amables y pacíficas que las antimonias rico-pobre, campo-ciudad, oligarca-bruto, etc.
Pero la crispación, lo gestual admonitorio, el estilo confrontativo y el misticismo ideológico cuasi religioso que intenta la maniquea división “nosotros o ellos”, hace que no quede lugar para el equilibrio, la cordura, el criterio de estadista y el diálogo constructivo.
El resultado es que se ha reinstalado peligrosamente un pasado no querido. Por ello es harto difícil que en el corto plazo se pueda construir una salida a la confrontación fraticida gestada por el oficialismo contra el campo.
Son fascistas egoístas, es una de las remanidas acusaciones; Tomás Abraham, filósofo argentino, señala que el mundo no se divide entre derechas e izquierdas, sino entre fascistas y republicanos democráticos; lo que hay es fascismo de derecha y fascismo de izquierda. Es cuestión de saberse ver.
Para alumbrar el mentado y nunca bien definido “Proyecto” no se evalúa ni se repara en los daños, los costos, las oportunidades perdidas y se nutre de oportunistas de toda índole, sin principios pero con mucha voracidad personal. Si a los discursos y a los hechos se les saca la hipocresía y la mentira, únicamente queda el terrible “cuanto peor, mejor”. Pareciera ser que en los oscuros e indescifrables senderos, solo caben el resentimiento y la sed de venganza.
Conviene analizar: ¿En qué consiste el “Proyecto” que siempre se menciona? ¿En algo tan general e irrechazable, tantas veces fracasado y usado, de que no haya pobres? ¿Y el “modelo”?
Por lo que dicen los hechos, el modelo que defienden el oficialismo y sus acólitos, se basa en la concentración de poder a través de la Caja Fiscal; el sojuzgamiento de legisladores y gobernadores, la reaparición de patotas de apriete pagadas.
La domesticación de la prensa por medio de la publicidad estatal; el mecanismo clientelista, el incremento generalizado del patrimonio de los que logran ingresar al círculo áulico; la ubicación en toda la función pública de parientes de quienes están en el poder; el ejercicio de la sacrosanta tarea de sacapresos.
Los votos, sobre todo si no son bien habidos, no dan derecho a la impunidad, por lo contrario, obligan a la máxima responsabilidad, veracidad, equidad y honestidad.”
Pero la crispación, lo gestual admonitorio, el estilo confrontativo y el misticismo ideológico cuasi religioso que intenta la maniquea división “nosotros o ellos”, hace que no quede lugar para el equilibrio, la cordura, el criterio de estadista y el diálogo constructivo.
El resultado es que se ha reinstalado peligrosamente un pasado no querido. Por ello es harto difícil que en el corto plazo se pueda construir una salida a la confrontación fraticida gestada por el oficialismo contra el campo.
Son fascistas egoístas, es una de las remanidas acusaciones; Tomás Abraham, filósofo argentino, señala que el mundo no se divide entre derechas e izquierdas, sino entre fascistas y republicanos democráticos; lo que hay es fascismo de derecha y fascismo de izquierda. Es cuestión de saberse ver.
Para alumbrar el mentado y nunca bien definido “Proyecto” no se evalúa ni se repara en los daños, los costos, las oportunidades perdidas y se nutre de oportunistas de toda índole, sin principios pero con mucha voracidad personal. Si a los discursos y a los hechos se les saca la hipocresía y la mentira, únicamente queda el terrible “cuanto peor, mejor”. Pareciera ser que en los oscuros e indescifrables senderos, solo caben el resentimiento y la sed de venganza.
Conviene analizar: ¿En qué consiste el “Proyecto” que siempre se menciona? ¿En algo tan general e irrechazable, tantas veces fracasado y usado, de que no haya pobres? ¿Y el “modelo”?
Por lo que dicen los hechos, el modelo que defienden el oficialismo y sus acólitos, se basa en la concentración de poder a través de la Caja Fiscal; el sojuzgamiento de legisladores y gobernadores, la reaparición de patotas de apriete pagadas.
La domesticación de la prensa por medio de la publicidad estatal; el mecanismo clientelista, el incremento generalizado del patrimonio de los que logran ingresar al círculo áulico; la ubicación en toda la función pública de parientes de quienes están en el poder; el ejercicio de la sacrosanta tarea de sacapresos.
Los votos, sobre todo si no son bien habidos, no dan derecho a la impunidad, por lo contrario, obligan a la máxima responsabilidad, veracidad, equidad y honestidad.”
Mario Alberto Ricci
marioaricci@hotmail.com
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