03 Agosto 2008 Seguir en 
La charla con Alberto Mansilla transcurre en El Infiernillo, a casi 2.600 metros de altura, debajo de un cielo al que esa noche se le han escondido las estrellas. "Nuestro sueño- afirma el responsable del Observatorio astronómico de Ampimpa- es tener ciudadanos tucumanos mejor alfabetizados científicamente; la ciencia puede ayudarnos, como sociedad, a tomar decisiones más racionales frente a los problemas que nos afectan".
- ¿Cómo surgió Ampimpa?
- En 1985. Eramos un grupo de gente que habíamos fundado el observatorio del Colegio Nacional entre los años 78 y 79. Queríamos hacer el seguimiento del Cometa Halley, que en 1985 se acercaba a la Tierra; y había que estudiarlo. Como el observatorio del Colegio Nacional no se terminaba; pusimos en marcha en forma muy urgente el observatorio de Ampimpa. La idea inicial era que el Observatorio del Colegio Nacional sirviera para una etapa formativa. Y que después tuviera un observatorio de alta montaña para investigación. Lo que teníamos en claro era que iba a ser una institución sin dependencias del Estado. Y había que generar actividades que cumplieran un doble objetivo: ser útiles a la comunidad y producir ingresos que permitieran ir avanzando con el proyecto.
- Usted se define como docente...
- Así es. Durante un tiempo hice docencia en el Colegio Nacional, poniendo en marcha el proyecto de Educación Tecnológica. Ahora ejerzo la docencia en el observatorio, con los numerosos contingentes que participan en los campamentos científicos.Yo me siento un docente que está interesado en transmitir nuevas formas de enseñar las ciencias.
- ¿Cómo surgen los campamentos?
- En primer lugar, porque pudimos conocer este tipo de actividades en otros países. En muchos países europeos, o en Estados Unidos, los campamentos educativos están incorporados al sistema educativo. Allí, los chicos, al terminar el secundario, por lo menos han hecho dos campamentos. En Argentina, en Latinoamérica, esas experiencias no existían. Y nos pareció que era muy importante poder desarrollar un proyecto de ese tipo desde el sur del continente, desde Tucumán, desde el norte de la Argentina. Y decidimos encarar un proyecto con características propias, que nos diferencia respecto de otras iniciativas similares del resto del mundo.
-¿ Cuáles son esas diferencias?
- Básicamente, por el trabajo multidisciplinario. Los chicos, cuando vienen, si bien van a hacer astronomía y física, también trabajan con biología, con la flora y fauna de la región, con rocas, con la parte geológica. Lo que sobrevuela todo este ambiente es despertar en los chicos el interés por poner en práctica la investigación a través del método científico; el interés por la conquista del conocimiento.
- ¿Cómo es la relación con la comunidad de la zona?
- Es buena. El observatorio está ubicado en tierras de la comunidad indígena de Amaicha. Tenemos una cesión de la comunidad indígena.
- ¿Cómo lo lograron?
- Fue difícil, por lo larga. Hubo que vencer cierta resistencia de la comunidad. Pero cuando se convencieron de que lo nuestro era serio, que no veníamos a deteriorar el lugar, y que lo nuestro no era un negociado, sino una institución educativa, en una asamblea de la comunidad se dio la cesión al observatorio.
- ¿La gente de la comunidad visita el observatorio?
- En coordinación con el cacique de la comunidad de Amaicha estamos haciendo capacitación docente. Y los chicos de las escuelas del valle de Amaicha tienen planes de visitas, con charlas, con observaciones por el telescopio, con charlas y actividades sobre los valores arqueológicos de la zona.
-¿En qué difiere Ampimpa de otros observatorios de la Argentina?
- En primer lugar, en el objetivo. El 80 % de nuestra tarea está destinado a actividades educativas. Hoy no se mide la calidad del trabajo astronómico por el tamaño del telescopio, sino por la calidad de trabajo que se pueda realizar con él. La historia de la astronomía está plagada de ejemplos donde astrónomos aficionados, con telescopios pequeños, han descubierto planetas. El cielo es tan amplio, y es tan complejo patrullarlo todo, que cualquier telescopio que esté enfocando el cielo puede hacer una contribución a la ciencia astronómica. Los grandes telescopios , si bien tienen la gran ventaja de su alcance, su penetración en el espacio, son costosísimos de operar. Y los observatorios medianos y pequeños pueden contribuir con el patrullaje y control de áreas del cielo.
- ¿Cada región - cada cielo - puede aportar una información distinta?
- Depende de la latitud. El cielo que ve un observatorio del hemisferio Norte no es el mismo que el que vemos desde el hemisferio Sur. Afortunadamente, la parte más densa y central de la Vía Láctea está hacia el hemisferio Sur. Por eso es que los numerosos turistas extranjeros que nos visitan nos dicen: pero a este cielo yo no lo vi nunca. Por eso es que hay tantos observatorios importantes en la banda Ecuatorial, o hacia el Sur; lo que no obsta que no los haya también en otras regiones.
- ¿Han cambiado los enfoques para enseñar ciencia?
- Sí, pero creo que desde las instituciones científicas hay que enseñar a los docentes a enseñar ciencia: cuando estoy capacitando a un docente estoy multiplicando. Hay que ayudarles a los docentes a perderle el temor al laboratorio; y que comprendan que el proceso de aprender ciencia es una conquista, una aventura. Así los vamos a entusiasmar a los chicos. Si tomamos la ciencia como una serie de escalones para llegar a un punto, eso es muy poco atractivo para los chicos.
- ¿Cómo surgió Ampimpa?
- En 1985. Eramos un grupo de gente que habíamos fundado el observatorio del Colegio Nacional entre los años 78 y 79. Queríamos hacer el seguimiento del Cometa Halley, que en 1985 se acercaba a la Tierra; y había que estudiarlo. Como el observatorio del Colegio Nacional no se terminaba; pusimos en marcha en forma muy urgente el observatorio de Ampimpa. La idea inicial era que el Observatorio del Colegio Nacional sirviera para una etapa formativa. Y que después tuviera un observatorio de alta montaña para investigación. Lo que teníamos en claro era que iba a ser una institución sin dependencias del Estado. Y había que generar actividades que cumplieran un doble objetivo: ser útiles a la comunidad y producir ingresos que permitieran ir avanzando con el proyecto.
- Usted se define como docente...
- Así es. Durante un tiempo hice docencia en el Colegio Nacional, poniendo en marcha el proyecto de Educación Tecnológica. Ahora ejerzo la docencia en el observatorio, con los numerosos contingentes que participan en los campamentos científicos.Yo me siento un docente que está interesado en transmitir nuevas formas de enseñar las ciencias.
- ¿Cómo surgen los campamentos?
- En primer lugar, porque pudimos conocer este tipo de actividades en otros países. En muchos países europeos, o en Estados Unidos, los campamentos educativos están incorporados al sistema educativo. Allí, los chicos, al terminar el secundario, por lo menos han hecho dos campamentos. En Argentina, en Latinoamérica, esas experiencias no existían. Y nos pareció que era muy importante poder desarrollar un proyecto de ese tipo desde el sur del continente, desde Tucumán, desde el norte de la Argentina. Y decidimos encarar un proyecto con características propias, que nos diferencia respecto de otras iniciativas similares del resto del mundo.
-¿ Cuáles son esas diferencias?
- Básicamente, por el trabajo multidisciplinario. Los chicos, cuando vienen, si bien van a hacer astronomía y física, también trabajan con biología, con la flora y fauna de la región, con rocas, con la parte geológica. Lo que sobrevuela todo este ambiente es despertar en los chicos el interés por poner en práctica la investigación a través del método científico; el interés por la conquista del conocimiento.
- ¿Cómo es la relación con la comunidad de la zona?
- Es buena. El observatorio está ubicado en tierras de la comunidad indígena de Amaicha. Tenemos una cesión de la comunidad indígena.
- ¿Cómo lo lograron?
- Fue difícil, por lo larga. Hubo que vencer cierta resistencia de la comunidad. Pero cuando se convencieron de que lo nuestro era serio, que no veníamos a deteriorar el lugar, y que lo nuestro no era un negociado, sino una institución educativa, en una asamblea de la comunidad se dio la cesión al observatorio.
- ¿La gente de la comunidad visita el observatorio?
- En coordinación con el cacique de la comunidad de Amaicha estamos haciendo capacitación docente. Y los chicos de las escuelas del valle de Amaicha tienen planes de visitas, con charlas, con observaciones por el telescopio, con charlas y actividades sobre los valores arqueológicos de la zona.
-¿En qué difiere Ampimpa de otros observatorios de la Argentina?
- En primer lugar, en el objetivo. El 80 % de nuestra tarea está destinado a actividades educativas. Hoy no se mide la calidad del trabajo astronómico por el tamaño del telescopio, sino por la calidad de trabajo que se pueda realizar con él. La historia de la astronomía está plagada de ejemplos donde astrónomos aficionados, con telescopios pequeños, han descubierto planetas. El cielo es tan amplio, y es tan complejo patrullarlo todo, que cualquier telescopio que esté enfocando el cielo puede hacer una contribución a la ciencia astronómica. Los grandes telescopios , si bien tienen la gran ventaja de su alcance, su penetración en el espacio, son costosísimos de operar. Y los observatorios medianos y pequeños pueden contribuir con el patrullaje y control de áreas del cielo.
- ¿Cada región - cada cielo - puede aportar una información distinta?
- Depende de la latitud. El cielo que ve un observatorio del hemisferio Norte no es el mismo que el que vemos desde el hemisferio Sur. Afortunadamente, la parte más densa y central de la Vía Láctea está hacia el hemisferio Sur. Por eso es que los numerosos turistas extranjeros que nos visitan nos dicen: pero a este cielo yo no lo vi nunca. Por eso es que hay tantos observatorios importantes en la banda Ecuatorial, o hacia el Sur; lo que no obsta que no los haya también en otras regiones.
- ¿Han cambiado los enfoques para enseñar ciencia?
- Sí, pero creo que desde las instituciones científicas hay que enseñar a los docentes a enseñar ciencia: cuando estoy capacitando a un docente estoy multiplicando. Hay que ayudarles a los docentes a perderle el temor al laboratorio; y que comprendan que el proceso de aprender ciencia es una conquista, una aventura. Así los vamos a entusiasmar a los chicos. Si tomamos la ciencia como una serie de escalones para llegar a un punto, eso es muy poco atractivo para los chicos.







