15 Junio 2008 Seguir en 
Una de sus obras más conocidas, El Español y los siete pecados capitales, vendió un millón de ejemplares durante los 60. Pero él evoca sobre ese libro una anécdota con Borges, con quien intercambió finísimas ironías. Ocurre que Fernando Díaz-Plaja se reivindica catalán, con todo lo que ello implica. Lo hace durante la entrevista que mantuvo con José Ignacio García Hamilton, en la cual el diálogo intimista entre amigos se insinúa a cada tramo. De hecho, el celebrado escritor, radicado en Uruguay, le dice al tucumano que viene a la provincia (la visitará entre el viernes y el lunes próximo) para conocer la tierra de Alberdi. Y, a la vez, "el lugar a donde se fue el marido de Doña Rosita La Soltera".
JIGH: En la década del 50 estudié literatura española, en Tucumán, en el Colegio del Sagrado Corazón, con el libro de tu hermano Guillermo. Medio siglo después te conocí a vos, que oscilaste entre las letras y la historia.
FDP: Guillermo era muy serio, muy académico, muy apegado a su disciplina. Yo fui más bohemio y viajero. El se llevó toda la sangre catalana de la familia, y yo la andaluza. Para comprobarlo bastaba comparar nuestras respectivas cuentas bancarias.
JIGH: Pero también enseñaste literatura española en Estados Unidos.
FDP: Claro, porque la historia de España allí no interesaba. Fui profesor en las universidades de California, Stanford, Arizona y Texas. En esta última había quedado un buen recuerdo de las conferencias de Borges.
JIGH: ¿Lo conociste?
FDP: Allí no. Me lo presentaron luego en Punta del Este. Quien me introdujo le dijo que yo era el autor de El Español y los Siete Pecados Capitales y Borges preguntó con su ironía: "¿Sólo siete?". Le respondí que España era un país pobre, que no podíamos tener más. Los libros de Borges me fascinaron. Hay una lucha, una tensión entre el escritor y el lector, y Borges siempre me ganó, me pudo. Presentaba un hecho extravagante como cierto, te convencía, y poco después te decía que era falso. En Punta del Este estaba con María Kodama, pero con ella me pasó como con Gala, la famosa esposa de Salvador Dalí: en el circo interesan los equilibristas o los payasos, pero no los empresarios.
JIGH: ¿En Estados Unidos conociste a tu primera esposa, la norteamericana?
FDP: No, la conocí en Milán. Yo enseñaba literatura en la Universidad y ella aprendía a cantar Opera. De Milán nos fuimos a Nueva York, donde ella entró en el Metropolitan Opera House, donde estuvo hasta que se retiró. Con ella tuve mis dos hijas, las estadounidenses.
JIGH: Fuiste siempre un viajero impenitente.
FDP: Di cinco veces la vuelta al mundo en barco, enviando notas periodísticas. De esos viajes salieron también varios de mis libros. A mi segunda y actual mujer, la uruguaya Haydeé Carro, la conocí en un viaje en barco. Luego, en un coche sport MG (tuve cinco de ellos) recorrimos todos los países de la Europa dominada por la URSS. De allí surgió mi libro Viaje por la Europa Roja.
JIGH: Fuiste republicano y sos liberal, pero te opones a la visión de los historiadores españoles actuales que pretenden que hubo un bando bueno, el republicano, y otro malo, el franquista.
FDP: Es lo que sostienen varios historiadores, entre ellos Tuñón de Lara, con quien he polemizado. En mi libro Los Grandes Procesos de la Guerra Civil Española he intentado mostrar que se hicieron barbaridades jurídicas y políticas en ambos bandos.
JIGH: El capítulo en que narras, con la documentación del caso, el proceso y la condena a José Antonio Primo de Rivera, es conmovedor. ¿Tucumán significa algo para un escritor español como vos?
FDP: El lugar a donde se fue el marido de Doña Rosita La Soltera, de García Lorca. Luego te conocí a ti y leímos con Haydeé tu biografía de Alberdi, un personaje interesante, curiosísimo. Un hombre poco decidido, casi sin hueso, que nunca se resolvía a volver a Tucumán. ¡Pero qué talento! ¡Qué riqueza intelectual! También leímos tu libro sobre Simón Bolívar y Por qué crecen los países. Estamos muy felices de poder viajar a Tucumán.
JIGH: Además de Borges, ¿qué escritores argentinos conoces?
FDP: España dio la espalda a la América Española, pese a que es lo mejor que hizo. En Punta del Este conocí y leí a los amigos escritores con quienes compartimos la tertulia: Rodolfo Rabanal, Gustavo Bossert y Alejandro Paz. Los valoro humana y literariamente, al igual que al uruguayo Rubén Loza Aguerrebere y a mi paisano Santiago Malabia.
JIGH: En Buenos Aires te escuché una conferencia muy interesante sobre El Quijote.
FDP: Porque es una obra magistral. Curiosamente, en su época Lope de Vega era brillante, simpático, aristócrata, mientras que Cervantes era humilde, vivía a salto de mata, estuvo cautivo cuatro años y se consideraba un perdedor. En la Biblioteca Nacional encontré un manuscrito de Lope de Vega donde se autoelogiaba y sugería pertenecer al Parnaso, con una refutación abajo con la letra de Cervantes: "Si lo dices por ti, Lopillo, eres un idiota sin arte ni juicio"
JIGH: Ambos somos admiradores de El Lazarillo de Tormes.
FDP: Es un libro muy español, donde están presentes el hambre y la actitud de guardar las apariencias. Un episodio muy elocuente es cuando el ciego invita a su lazarillo a compartir un racimo de uvas, que deben ser cogidas de una a una. En algún momento acusa al criado de estar tomándolas de dos en dos y este lo niega: "¿por qué lo dice, amo?". Porque yo estoy comiéndolas de tres en tres y tú no dices nada.
JIGH: Parece una escena en Hispanoamérica, donde los individuos y los grupos se trampean unos a otros, en vez de respetar reglas de juego claras y honestas. La misma picaresca presenta Cervantes con Rinconete y Cortadillo. Tus textos históricos son variados y abarcan muchas épocas españolas.
FDP: Siempre he tenido más afición a la historia que a la literatura, particularmente a las costumbres. La "cotilla" o los chismes muestran formas de ser, modos de vida. Empecé por las costumbres y terminé escribiendo textos literarios. Por otra parte, si no se conoce la literatura de una época, por ejemplo a Calderón de la Barca o a Tirso de Molina, no puede entenderse la historia del siglo XVII, porque estos autores eran, en gran medida, el pensamiento y la prensa de su época.
© LA GACETA
JIGH: En la década del 50 estudié literatura española, en Tucumán, en el Colegio del Sagrado Corazón, con el libro de tu hermano Guillermo. Medio siglo después te conocí a vos, que oscilaste entre las letras y la historia.
FDP: Guillermo era muy serio, muy académico, muy apegado a su disciplina. Yo fui más bohemio y viajero. El se llevó toda la sangre catalana de la familia, y yo la andaluza. Para comprobarlo bastaba comparar nuestras respectivas cuentas bancarias.
JIGH: Pero también enseñaste literatura española en Estados Unidos.
FDP: Claro, porque la historia de España allí no interesaba. Fui profesor en las universidades de California, Stanford, Arizona y Texas. En esta última había quedado un buen recuerdo de las conferencias de Borges.
JIGH: ¿Lo conociste?
FDP: Allí no. Me lo presentaron luego en Punta del Este. Quien me introdujo le dijo que yo era el autor de El Español y los Siete Pecados Capitales y Borges preguntó con su ironía: "¿Sólo siete?". Le respondí que España era un país pobre, que no podíamos tener más. Los libros de Borges me fascinaron. Hay una lucha, una tensión entre el escritor y el lector, y Borges siempre me ganó, me pudo. Presentaba un hecho extravagante como cierto, te convencía, y poco después te decía que era falso. En Punta del Este estaba con María Kodama, pero con ella me pasó como con Gala, la famosa esposa de Salvador Dalí: en el circo interesan los equilibristas o los payasos, pero no los empresarios.
JIGH: ¿En Estados Unidos conociste a tu primera esposa, la norteamericana?
FDP: No, la conocí en Milán. Yo enseñaba literatura en la Universidad y ella aprendía a cantar Opera. De Milán nos fuimos a Nueva York, donde ella entró en el Metropolitan Opera House, donde estuvo hasta que se retiró. Con ella tuve mis dos hijas, las estadounidenses.
JIGH: Fuiste siempre un viajero impenitente.
FDP: Di cinco veces la vuelta al mundo en barco, enviando notas periodísticas. De esos viajes salieron también varios de mis libros. A mi segunda y actual mujer, la uruguaya Haydeé Carro, la conocí en un viaje en barco. Luego, en un coche sport MG (tuve cinco de ellos) recorrimos todos los países de la Europa dominada por la URSS. De allí surgió mi libro Viaje por la Europa Roja.
JIGH: Fuiste republicano y sos liberal, pero te opones a la visión de los historiadores españoles actuales que pretenden que hubo un bando bueno, el republicano, y otro malo, el franquista.
FDP: Es lo que sostienen varios historiadores, entre ellos Tuñón de Lara, con quien he polemizado. En mi libro Los Grandes Procesos de la Guerra Civil Española he intentado mostrar que se hicieron barbaridades jurídicas y políticas en ambos bandos.
JIGH: El capítulo en que narras, con la documentación del caso, el proceso y la condena a José Antonio Primo de Rivera, es conmovedor. ¿Tucumán significa algo para un escritor español como vos?
FDP: El lugar a donde se fue el marido de Doña Rosita La Soltera, de García Lorca. Luego te conocí a ti y leímos con Haydeé tu biografía de Alberdi, un personaje interesante, curiosísimo. Un hombre poco decidido, casi sin hueso, que nunca se resolvía a volver a Tucumán. ¡Pero qué talento! ¡Qué riqueza intelectual! También leímos tu libro sobre Simón Bolívar y Por qué crecen los países. Estamos muy felices de poder viajar a Tucumán.
JIGH: Además de Borges, ¿qué escritores argentinos conoces?
FDP: España dio la espalda a la América Española, pese a que es lo mejor que hizo. En Punta del Este conocí y leí a los amigos escritores con quienes compartimos la tertulia: Rodolfo Rabanal, Gustavo Bossert y Alejandro Paz. Los valoro humana y literariamente, al igual que al uruguayo Rubén Loza Aguerrebere y a mi paisano Santiago Malabia.
JIGH: En Buenos Aires te escuché una conferencia muy interesante sobre El Quijote.
FDP: Porque es una obra magistral. Curiosamente, en su época Lope de Vega era brillante, simpático, aristócrata, mientras que Cervantes era humilde, vivía a salto de mata, estuvo cautivo cuatro años y se consideraba un perdedor. En la Biblioteca Nacional encontré un manuscrito de Lope de Vega donde se autoelogiaba y sugería pertenecer al Parnaso, con una refutación abajo con la letra de Cervantes: "Si lo dices por ti, Lopillo, eres un idiota sin arte ni juicio"
JIGH: Ambos somos admiradores de El Lazarillo de Tormes.
FDP: Es un libro muy español, donde están presentes el hambre y la actitud de guardar las apariencias. Un episodio muy elocuente es cuando el ciego invita a su lazarillo a compartir un racimo de uvas, que deben ser cogidas de una a una. En algún momento acusa al criado de estar tomándolas de dos en dos y este lo niega: "¿por qué lo dice, amo?". Porque yo estoy comiéndolas de tres en tres y tú no dices nada.
JIGH: Parece una escena en Hispanoamérica, donde los individuos y los grupos se trampean unos a otros, en vez de respetar reglas de juego claras y honestas. La misma picaresca presenta Cervantes con Rinconete y Cortadillo. Tus textos históricos son variados y abarcan muchas épocas españolas.
FDP: Siempre he tenido más afición a la historia que a la literatura, particularmente a las costumbres. La "cotilla" o los chismes muestran formas de ser, modos de vida. Empecé por las costumbres y terminé escribiendo textos literarios. Por otra parte, si no se conoce la literatura de una época, por ejemplo a Calderón de la Barca o a Tirso de Molina, no puede entenderse la historia del siglo XVII, porque estos autores eran, en gran medida, el pensamiento y la prensa de su época.
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