14 Mayo 2008 Seguir en 
Los padres de los alumnos del instituto "Martín Miguel de Güemes", en Villa 9 de Julio, realizaron ayer un abrazo simbólico al edificio para pedir que se posponga el desalojo de los estudiantes, que deberían mudarse a fin de mes.
Según explicó Fabiola Astorga, presidenta de la cooperativa que maneja la institución, el problema se originó en 2006, cuando uno de los dueños de la construcción les inició un juicio de desalojo, al parecer con la idea de emprender otra iniciativa en el lugar.
"Desde entonces continúa el proceso, que venimos apelando. Según la última orden de la Justicia, debemos mudarnos a fin de mes. Por eso, alquilamos otro edificio a ocho cuadras del actual y compramos un terreno a la vuelta, donde construiremos uno propio", indicó, y enfatizó que los alumnos no quedarán en la calle.
Astorga explicó que los padres saben de esa solución pero que, de todas maneras, pretenden que los chicos terminen el año donde lo empezaron. "Se trata, más que nada, de un sentido de pertenencia a la zona, donde estamos hace 16 años. Otros calculan que, al mudarnos, ya no podrán venir caminando y deberán gastar más transporte, aunque esos son los menos", manifestó.
Los padres, apoyados por sus hijos y los vecinos, están dispuestos a realizar distintas manifestaciones para lograr su propósito.
El instituto congrega a 700 alumnos, distribuidos en tres turnos: mañana, tarde y noche. LA GACETA.com ©
Según explicó Fabiola Astorga, presidenta de la cooperativa que maneja la institución, el problema se originó en 2006, cuando uno de los dueños de la construcción les inició un juicio de desalojo, al parecer con la idea de emprender otra iniciativa en el lugar.
"Desde entonces continúa el proceso, que venimos apelando. Según la última orden de la Justicia, debemos mudarnos a fin de mes. Por eso, alquilamos otro edificio a ocho cuadras del actual y compramos un terreno a la vuelta, donde construiremos uno propio", indicó, y enfatizó que los alumnos no quedarán en la calle.
Astorga explicó que los padres saben de esa solución pero que, de todas maneras, pretenden que los chicos terminen el año donde lo empezaron. "Se trata, más que nada, de un sentido de pertenencia a la zona, donde estamos hace 16 años. Otros calculan que, al mudarnos, ya no podrán venir caminando y deberán gastar más transporte, aunque esos son los menos", manifestó.
Los padres, apoyados por sus hijos y los vecinos, están dispuestos a realizar distintas manifestaciones para lograr su propósito.
El instituto congrega a 700 alumnos, distribuidos en tres turnos: mañana, tarde y noche. LA GACETA.com ©







