28 Abril 2008 Seguir en 
Parece extraño que alguien pase los días probando postres y helados. Pero, para envidia de los golosos, ese es precisamente el dulce trabajo que realiza Eugenia Sadir.
Eugenia creció en una empresa familiar de producción artesanal de helados. Y supo aprovechar el tiempo y se convirtió en especialista en evaluación de los postres.
Aunque cualquiera podría pensar que su tarea es sencilla y muy apetitosa, eso está lejos de la realidad. Eugenia pasa horas leyendo y buscando información sobre nuevos gustos y tendencias en el ámbito de los helados y los postres. Luego, cuando ya están listas las ideas en un plato o en una cuchara, su paladar tiene la palabra. Describe el aroma y el sabor, y evalúa: “decido si le falta azúcar o le sobra, si se necesita más crema o cualquier otro ingrediente”, explica.
“Buscamos nuevos sabores todo el tiempo. Partimos de dos bases: lo que el cliente pide y las tendencias mundiales. A partir de allí, tratamos de hacer un acercamiento”, detalla Sadir, que trabaja junto a un ingeniero en alimentación.
Después de elegir las materias primas que se usan para los postres, elaboran muestras en una máquina pequeña. Luego viene la prueba y se va puliendo el producto final. “Solemos hacer un muestreo entre los clientes, que son quienes dan el último ok”, apunta Sadir, que ahora también se especializa en postres de invierno.
Eugenia reconoce que no siempre lo que dicta su paladar es ley primera. “Hubo algunos helados que no tuvieron aceptación y decidimos no lanzarlos al mercado, por ejemplo: el de tomate, el de arroz con leche, el de canela y el de zapallitos en almíbar. Supongo que a la gente le dio impresión. Los tucumanos no aceptan mucho los agridulces”, detalla.
Eugenia creció en una empresa familiar de producción artesanal de helados. Y supo aprovechar el tiempo y se convirtió en especialista en evaluación de los postres.
Aunque cualquiera podría pensar que su tarea es sencilla y muy apetitosa, eso está lejos de la realidad. Eugenia pasa horas leyendo y buscando información sobre nuevos gustos y tendencias en el ámbito de los helados y los postres. Luego, cuando ya están listas las ideas en un plato o en una cuchara, su paladar tiene la palabra. Describe el aroma y el sabor, y evalúa: “decido si le falta azúcar o le sobra, si se necesita más crema o cualquier otro ingrediente”, explica.
“Buscamos nuevos sabores todo el tiempo. Partimos de dos bases: lo que el cliente pide y las tendencias mundiales. A partir de allí, tratamos de hacer un acercamiento”, detalla Sadir, que trabaja junto a un ingeniero en alimentación.
Después de elegir las materias primas que se usan para los postres, elaboran muestras en una máquina pequeña. Luego viene la prueba y se va puliendo el producto final. “Solemos hacer un muestreo entre los clientes, que son quienes dan el último ok”, apunta Sadir, que ahora también se especializa en postres de invierno.
Eugenia reconoce que no siempre lo que dicta su paladar es ley primera. “Hubo algunos helados que no tuvieron aceptación y decidimos no lanzarlos al mercado, por ejemplo: el de tomate, el de arroz con leche, el de canela y el de zapallitos en almíbar. Supongo que a la gente le dio impresión. Los tucumanos no aceptan mucho los agridulces”, detalla.








