"El gobierno no reconoce a los caciques como autoridades"

Manuel Pérez, de la comunidad aborigen de Los Nogalitos, señaló que los llaman "indios truchos" como una forma de desprecio. El Estado los aísla.

27 Abril 2008
Una figura esbelta se aproxima por la peatonal. Su largo pelo cae sobre una blusa fucsia, de sugerente escote, que ha elegido especialmente para la ocasión. Margarita Mamaní ratifica que el sol que calienta la capital es más ardiente que el que alumbra su Mollar natal y agradece haberse decidido por pollera y sandalias de tacos altos. A simple vista, nadie diría que esa mujer disfruta más de su imagen cuando su vestuario imita a uno más precario, el de sus ancestros: los indios que habitaban estas latitudes 500 años atrás.
Mamaní es una de las referentes femeninas de la Comunidad Diaguita de El Mollar, que congrega, al menos, a 780 familias aborígenes. Como secretaria general de Administración, la mujer dice sentirse orgullosa de reconocerse india y descendiente de pueblos originarios. Condición que, cuenta, no todos valoran.
Enrevistados por LA GACETA, Mamaní y Manuel Pérez, cacique de la Comunidad "Los Nogalitos", en Lules, aseguraron que las comunidades aborígenes son discriminadas en diversos ámbitos.
"Al principio, nos llamaban indios en forma despectiva y eso provocó que muchos sintieran vergüenza de manifestar nuestra cultura, dejaran de usar las ropas tradicionales o descuidaran los ritos que nos enseñaron nuestros abuelos", comentó Pérez.
Para el cacique, la evangelización que encaró la Iglesia desde los tiempos coloniales tuvo su costado negativo ya que, según consideró, borró las creencias espirituales que conservaban los pueblos originarios
"Actualmente, si un niño se enferma y proponemos curarlo de palabra y colgarle una cintita roja a la muñeca, se nos contesta que esa idea es una pavada. Eso nos hace sentir discriminados, porque es lo que nos enseñaron nuestros ancestros y en lo que creemos sinceramente", indicó.
"Lo mismo ocurre con el silbido -agregó Mamaní- Si a la noche escuchamos uno, creemos que lo está ejecutando un gran espíritu de la comunidad que manifiesta así su compañía. En cambio, para los blancos eso es un invento, o un sonido imaginado y hay hasta quienes nos dijeron que se trata del diablo. Y, si nos vieran con nuestras ropas, pensarían que somos ridículos".

En las escuelas
Pérez añadió que el desprecio se manifiesta también en el ámbito educativo. "Hace poco, denunciamos a una directora que enseñaba en una escuela de la comunidad, pero que no pertenecía a ella. Al parecer, la docente estaba resentida por un trámite que no le salió, y se desquitaba con los pequeños. Hacía diferencias entre los que se reconocían aborígenes y los que no, beneficiando a estos últimos", recordó.
Por último, los representantes consideraron que el Estado también los aísla.
"Desde 2002, pedimos audiencia con el gobernador para hablar sobre los terrenos que nos corresponden por ser preexistentes al Estado argentino, pero que algunos terratenientes pretenden usurparnos alegando que somos indios truchos, otra forma de desprecio. Sin embargo, hasta ahora fuimos ignorados y no obtuvimos respuestas", lamentó el hombre, que agregó que desde el Gobierno tampoco se reconoce a los caciques como las autoridades que pueden ejercer como voceros de la comunidad.

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