27 Marzo 2008 Seguir en 
Uno de los nuevos encantos de Lyon, la ciudad de las marionetas, de los hermanos Lumière y de Saint Exupèry, es recorrer en bicicleta sus calles. El mismo placer que tienen desde hace mucho los habitantes de Amsterdam, donde los ciclistas recorren las calles empedradas, junto a los canales, esquivando tranvías, ómnibus y autos.Lyon es de circulación ordenada y rigurosa. Los ciclistas extienden la mano para girar y respetan las normas; Amsterdam tiene un tránsito caótico y febril como si fuera una informal urbe latinoamericana: es habitual que detrás de un tranvía pase un enjambre de ciclistas apurados. Pero hay escasos autos en el microcentro, donde estacionar vale un ojo de la cara.
En las dos ciudades hay un fervor por el pedaleo. Las bicisendas están marcadas en calles y veredas y la gente ya se acostumbró a estos trazados urbanos, al igual que en Berlín, Londres y Sevilla, entre otras ciudades en las que el transporte público funciona muy bien y donde es raro encontrar baches en las calles.
En Lyon, el Estado ha creado 368 estaciones de “velòs” (bicicletas) para alquilar. El usuario deja una seña (con tarjeta de crédito o de débito) por el uso de la bici, paga muy poco por el alquiler, desbloquea el vehículo, lo retira de la estación y lo puede dejar en otra. La ciudad distribuye mapas de las bicisendas y de las estaciones. Y sostiene desde hace cuatro años su apuesta, reponiendo los daños de los vándalos (que rompen los “velòs”) y encargándose a diario de acomodar los rodados en las estaciones, ya que es común que los que han tomado la bicicleta en la parte alta de la ciudad la dejen en el sector bajo.
Los holandeses usan bicicleta desde hace muchos años y explotan ese hábito como una variante del turismo. Dicen que la bici combate la contaminación -porque desaloja al auto- y ayuda a una vida sana, por el ejercicio. Y porque hace que la ciudad tenga una verdadera escala humana.
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