Ante un "cacerolazo" verbal

Contra las retenciones. Un análisis de Hugo E. Grimaldi, columnista de la agencia DYN.

26 Marzo 2008
BUENOS AIRES.- Los gobiernos no pueden ser condicionados, no al menos si no se busca desgastarlos. Esta es la idea de tono conspirativo que se abona en Olivos alrededor de la presidenta de la Nación, la misma que ha cerrado toda instancia de diálogo si el agro no levanta el paro y los cortes de ruta.
Bajo esa óptica, Cristina Fernández de Kirchner dobló la apuesta e hizo un discurso poco amigable hacia los "piquetes de la abundancia", ratificando la instauración de las retenciones como elemento de distribución de ingresos y negándose de plano a la "extorsión".
Inmediatamente, el mensaje presidencial desató un cacerolazo verbal extremo entre quienes se reunieron a la vera de las rutas para escuchar el mensaje, casi todos chacareros de labor cotidiana, bien alejados del paradigma de opulencia que busca describir el Gobierno. La masiva heterogeneidad entre quienes han salido a manifestarse también impactó en las rigidez de las decisiones de los dirigentes agrarios quienes, asustados por ese nivel de movilización, habían vuelto a decir que no levantarían la medida de fuerza mientras subsista el actual nivel de retenciones. Esta postura de las cuatro entidades ruralistas ha resultado tan cerrada como la del Gobierno y tampoco deja margen para el diálogo, aún considerando que se trata de una reacción contra una movida de carácter económico, con aristas ideológicas y fiscales que, según afirman, les mete la mano en el bolsillo de modo "confiscatorio", pero que además involucra de lleno la relación Nación-provincias.
Desde lo práctico, la afirmación de los ruralistas no le ha dejado ninguna salida elegante a Cristina y a sus funcionarios y éste ha sido su pecado, por lo que ahora deberán cargar con la penitencia de que un sector de la sociedad, convenientemente azuzado por la difusión gubernamental, los responsabilice del desabastecimiento que ya se nota en las góndolas y de la suba de algunos precios que ayudan a empujar para mal el problema inflacionario, situación que ya venía en falsa escuadra, pero que ahora encuentra en el campo un chivo expiatorio fantástico. No obstante, debería ser el Gobierno quien, por poder y por capacidad de arbitraje, destrabe la situación ya que está en condiciones de apelar a alguna excusa elegante que le permita ir para atrás, sin que se note demasiado, para que otros sectores no adviertan debilidad en su accionar y le tomen el tiempo. Pese a la ofensiva contra el sector, las autoridades tienen un lunar a esconder, ya que no pueden desentenderse demasiado a la hora de querer frenar las manifestaciones en las rutas, porque están recogiendo las tempestades que sembraron durante mucho tiempo en materia de protestas callejeras y de equilibrio de derechos.
Nunca la Gendarmería actuó con tanta diligencia en el caso de los asambleístas de Gualeguaychú, como lo acaba de hacer con aquellos chacareros que cortaban una ruta cercana al puente internacional.

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