01 Marzo 2008 Seguir en 
El rito constitucional volverá a cumplirse hoy con la concurrencia del reelecto gobernador José Alperovich a la Legislatura para la apertura del ciclo de sesiones ordinarias. Ahora coincidirá con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, a raíz de la sincronía que se dispuso con la Constitución Nacional de 1994. La letra que rige esa obligación es idéntica a la que contenía la Constitución de 1907. Alperovich debe dar cuenta del estado de la administración, exponiendo la situación de la provincia y las prioridades para el progreso social. La lectura del discurso sirve de divisoria de aguas entre los oficialistas y los opositores. Si el jefe del Ejecutivo dispone de mayoría en la Cámara -como es el caso de Alperovich-, lo que diga será aplaudido a rabiar y exaltado hasta el paroxismo. Sus contendientes -si van a la sesión - lo criticarán. Este cuadro de situación no es novedoso, porque ya se vivió en décadas pasadas, con gobiernos y legislaturas de distinta coloración ideológica. La aprobación o rechazo del informe no produce consecuencias políticas para el gobernador de turno. La Constitución no las prevé por la propia naturaleza del régimen republicano diseñado por los convencionales en 1853.







