24 Enero 2008 Seguir en 
Así que te querés ir de viaje pero no tenés idea de qué comprar, qué llevar o cuánto gastar. Lo único que sabés es que querés desembolsar lo menos posible, tener lo mejor y no pasar un mal momento una vez iniciado el trayecto. Bajá un cambio. Antes de comprar una brújula dorada, una cantimplora o un sombrero Indiana Jones, acá van unos tips sobre cómo armar un equipo básico para trasladarte seguro, cómodo y sin problemas.
OK. Lo primero que necesitás para poder llamarte oficialmente “mochilero” es la mochila. Lo ideal es que sea de armazón interna. ¿Qué significa esto? Antes de hablar de la anatomía de la mochila tenemos que considerar un hecho básico de la anatomía humana: las piernas soportan mejor el peso que cualquier otra parte del cuerpo. Para conducir el peso a las piernas, una buena mochila tiene una armazón interna hecha de placas de aluminio, que ahorran un 30% del peso. Los tamaños y los precios son variados; van desde $150 hasta $300 dependiendo también de la marca y de la calidad. Para una mujer, el tamaño ideal es entre 50 y 60 litros; y para un hombre, entre 60 y 80 litros (90 si sos muy groso). “Hay que cuidar que las costuras sean fuertes: de eso depende la duración de la mochila”, detalló Matías Cañón, encargado de Aventura Express.
La bolsa de dormir es otro elemento esencial, aunque se debe elegir muy bien antes de comprarla. Dependiendo del lugar a donde vayas y la época del año en que viajes, podés encontrar bolsas de dos estaciones (primavera-verano y otoño-invierno) o de tres, que sirven para cualquier ocasión. Las de cuatro estaciones no te convienen, porque están diseñadas para soportar temperaturas casi polares y, a menos que vayas a visitar a Papá Noel, no tiene mucho sentido hacer un gasto tan grande. Una buena puede llegar a costar $300. “Es necesario llevar también un aislante térmico, que es de espuma a celda cerrada y se pone debajo de la bolsa de dormir para no amanecer duro”, recomienda Matías.
Haciendo carpita
La carpa sólo es necesaria si vas a un lugar muy aislado, con pocas probabilidades de encontrar un albergue. No son recomendadas si vas de ciudad en ciudad, aunque pueden facilitarte mucho la vida cuando faltan los chelines. El modelo más práctico es la típica carpa tipo iglú, que cuesta entre $150 y $300.
Los demás elementos indispensables son un botiquín (atenti si padecés alguna enfermedad en particular), la vajilla (¡por favor, nada de porcelana o vidrio!), cortaplumas (¿por qué se llama corta-plumas?), ropa y calzado (sólo lo justo y necesario), algo de luz (no velas: se te quema la carpa) y elementos de limpieza e higiene (no olvidar el papel higiénico; oro blanco en algunas circunstancias). Por último, si sos muy precavido y valés por dos, sería ideal llevar un calentador. Quien viaje dispuesto a comer puro sanguchito tendrá dos problemas: el primero es que se alimentará mal y el segundo es que el fiambre está carísimo. Con un calentador podremos tener comida más o menos elaboradas y, además, ahorrar plata para la noche. También podés llevar una soga. Su uso es múltiple: sirve para colgar la ropa, para atar paquetes que cuelguen de la mochila o para estrangular al compañero de viaje cuando no te lo bancás más. Protector solar, repelente contra insectos, mapa, cámara de fotos, termo, mate y una buena guitarra son otros de los ingredientes que podés agregar a tu mochila.
Si vas a Cosquín, acordate de reservar con tiempo un lugar en campings y albergues. Podés encontrar información útil como números de alojamientos, puntos de venta, un mapa de Punilla e indicaciones de cómo llegar en la página www.cosquinrock.com. Eso sí, una vez que partís, desconectate. Nos vemos a la vuelta.
OK. Lo primero que necesitás para poder llamarte oficialmente “mochilero” es la mochila. Lo ideal es que sea de armazón interna. ¿Qué significa esto? Antes de hablar de la anatomía de la mochila tenemos que considerar un hecho básico de la anatomía humana: las piernas soportan mejor el peso que cualquier otra parte del cuerpo. Para conducir el peso a las piernas, una buena mochila tiene una armazón interna hecha de placas de aluminio, que ahorran un 30% del peso. Los tamaños y los precios son variados; van desde $150 hasta $300 dependiendo también de la marca y de la calidad. Para una mujer, el tamaño ideal es entre 50 y 60 litros; y para un hombre, entre 60 y 80 litros (90 si sos muy groso). “Hay que cuidar que las costuras sean fuertes: de eso depende la duración de la mochila”, detalló Matías Cañón, encargado de Aventura Express.
La bolsa de dormir es otro elemento esencial, aunque se debe elegir muy bien antes de comprarla. Dependiendo del lugar a donde vayas y la época del año en que viajes, podés encontrar bolsas de dos estaciones (primavera-verano y otoño-invierno) o de tres, que sirven para cualquier ocasión. Las de cuatro estaciones no te convienen, porque están diseñadas para soportar temperaturas casi polares y, a menos que vayas a visitar a Papá Noel, no tiene mucho sentido hacer un gasto tan grande. Una buena puede llegar a costar $300. “Es necesario llevar también un aislante térmico, que es de espuma a celda cerrada y se pone debajo de la bolsa de dormir para no amanecer duro”, recomienda Matías.
Haciendo carpita
La carpa sólo es necesaria si vas a un lugar muy aislado, con pocas probabilidades de encontrar un albergue. No son recomendadas si vas de ciudad en ciudad, aunque pueden facilitarte mucho la vida cuando faltan los chelines. El modelo más práctico es la típica carpa tipo iglú, que cuesta entre $150 y $300.
Los demás elementos indispensables son un botiquín (atenti si padecés alguna enfermedad en particular), la vajilla (¡por favor, nada de porcelana o vidrio!), cortaplumas (¿por qué se llama corta-plumas?), ropa y calzado (sólo lo justo y necesario), algo de luz (no velas: se te quema la carpa) y elementos de limpieza e higiene (no olvidar el papel higiénico; oro blanco en algunas circunstancias). Por último, si sos muy precavido y valés por dos, sería ideal llevar un calentador. Quien viaje dispuesto a comer puro sanguchito tendrá dos problemas: el primero es que se alimentará mal y el segundo es que el fiambre está carísimo. Con un calentador podremos tener comida más o menos elaboradas y, además, ahorrar plata para la noche. También podés llevar una soga. Su uso es múltiple: sirve para colgar la ropa, para atar paquetes que cuelguen de la mochila o para estrangular al compañero de viaje cuando no te lo bancás más. Protector solar, repelente contra insectos, mapa, cámara de fotos, termo, mate y una buena guitarra son otros de los ingredientes que podés agregar a tu mochila.
Si vas a Cosquín, acordate de reservar con tiempo un lugar en campings y albergues. Podés encontrar información útil como números de alojamientos, puntos de venta, un mapa de Punilla e indicaciones de cómo llegar en la página www.cosquinrock.com. Eso sí, una vez que partís, desconectate. Nos vemos a la vuelta.
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