23 Diciembre 2007 Seguir en 
“Dios nos habló por medio de su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas y por quien hizo el mundo” (Heb. 1,2).
“La vida en sociedad se basa en un diálogo permanente y excluye toda forma de violencia física o moral”. El concepto fue recordado por monseñor Luis Villalba en su mensaje de Navidad dirigido a los fieles tucumanos. El texto completo es el siguiente:
“Navidad: Dios, en Cristo, habla al hombre.
Estamos en Navidad: celebramos el nacimiento de Jesucristo.
Navidad es Dios que viene en persona a hablar al hombre. Sí, Dios en Cristo habla a la humanidad.
¿Por qué le habla? Le habla porque ama al hombre. Dios le habla, movido por su corazón de Padre, para salvarlo y hacerlo partícipe de su vida.
La historia de la salvación es un diálogo que nace de Dios y realiza con el hombre una admirable conversación.
El diálogo de la salvación nace de la iniciativa divina de comunicarse con nosotros. Ahora nos corresponde a nosotros tener la iniciativa de extender a todos los hombres el mismo diálogo, sin esperar ser llamados. El diálogo ha de ser la vía normal de entendimiento y de enriquecimiento entre los hombres, en las familias y en la sociedad.
El camino es siempre buscar el diálogo constructivo.
Si no tendemos al diálogo no construiremos la comunidad. Esto supone instituir o revisar las estructuras y canales de diálogo y participación de la comunidad.
Las condiciones
El diálogo no consiste en hablar de cualquier modo. Se puede hablar sin dialogar.
El diálogo supone ciertas actitudes, ciertas disposiciones. Un diálogo verdadero nace del deseo de concordia, aspira a la convivencia, a la paz.
El diálogo busca unir a los interlocutores, más allá de las diferencias. El diálogo nos abre al otro.
El diálogo busca la verdad. El diálogo presupone una disposición a la veracidad, a la sinceridad.
En el diálogo se busca un encuentro. Por eso se comienza por lo que une, por lo que se tiene en común.
En el diálogo no se busca imponer, sino proponer el propio juicio.
A veces asistimos a debates en donde no se dialoga, se busca no dejar hablar al otro, se grita para acallar al interlocutor. A veces sucede en los recintos que deberían ser lugares de diálogo y que se convierten en lugares de sordos.
No es con el agravio ni con el insulto como se imponen las ideas. Tampoco tiene razón el que grita más fuerte. En el dialogo es preciso dejar hablar, saber escuchar.
Una expresión culta
El diálogo es la expresión culta y civilizada de una sociedad pluralista. La vida en sociedad se basa en un diálogo permanente y excluye toda forma de violencia física o moral. Muchas veces se tiene una actitud excluyente que hace imposible el dialogo cordial.
Cuando se quiere potenciar las propias soluciones concretas, sin admitir que los demás pueden tener también sus razones y podrían aportar criterios importantes para un mayor bienestar social, no se contribuye al bien de la sociedad.
Si no se admite el disenso, no es posible el diálogo.
El diálogo entre los distintos grupos sociales, en el que cada uno quiere mantener su identidad y proyectar en la sociedad sus propuestas, pertenece a la esencia de la democracia.
Dialogando se van completando las posturas y se va reconociendo la parte de verdad que tienen las otras personas y los otros grupos.
Nadie debe presumir de poseer toda la verdad. Especialmente en los problemas básicos de la sociedad, es indispensable la cooperación de todos.
Es indispensable que entre todos los ciudadanos y sectores de la sociedad tucumana se entable un diálogo fecundo que nos lleve a acuerdos fundamentales en orden a buscar sinceramente el bien común.
La Iglesia, dentro de su propia misión, respetando plenamente las instituciones de la Provincia y buscando sólo el progreso integral de nuestro pueblo, está dispuesta a alentar iniciativas de diálogo entre los diversos sectores de la sociedad.
Les deseo una ¡Feliz Navidad!”
“La vida en sociedad se basa en un diálogo permanente y excluye toda forma de violencia física o moral”. El concepto fue recordado por monseñor Luis Villalba en su mensaje de Navidad dirigido a los fieles tucumanos. El texto completo es el siguiente:
“Navidad: Dios, en Cristo, habla al hombre.
Estamos en Navidad: celebramos el nacimiento de Jesucristo.
Navidad es Dios que viene en persona a hablar al hombre. Sí, Dios en Cristo habla a la humanidad.
¿Por qué le habla? Le habla porque ama al hombre. Dios le habla, movido por su corazón de Padre, para salvarlo y hacerlo partícipe de su vida.
La historia de la salvación es un diálogo que nace de Dios y realiza con el hombre una admirable conversación.
El diálogo de la salvación nace de la iniciativa divina de comunicarse con nosotros. Ahora nos corresponde a nosotros tener la iniciativa de extender a todos los hombres el mismo diálogo, sin esperar ser llamados. El diálogo ha de ser la vía normal de entendimiento y de enriquecimiento entre los hombres, en las familias y en la sociedad.
El camino es siempre buscar el diálogo constructivo.
Si no tendemos al diálogo no construiremos la comunidad. Esto supone instituir o revisar las estructuras y canales de diálogo y participación de la comunidad.
Las condiciones
El diálogo no consiste en hablar de cualquier modo. Se puede hablar sin dialogar.
El diálogo supone ciertas actitudes, ciertas disposiciones. Un diálogo verdadero nace del deseo de concordia, aspira a la convivencia, a la paz.
El diálogo busca unir a los interlocutores, más allá de las diferencias. El diálogo nos abre al otro.
El diálogo busca la verdad. El diálogo presupone una disposición a la veracidad, a la sinceridad.
En el diálogo se busca un encuentro. Por eso se comienza por lo que une, por lo que se tiene en común.
En el diálogo no se busca imponer, sino proponer el propio juicio.
A veces asistimos a debates en donde no se dialoga, se busca no dejar hablar al otro, se grita para acallar al interlocutor. A veces sucede en los recintos que deberían ser lugares de diálogo y que se convierten en lugares de sordos.
No es con el agravio ni con el insulto como se imponen las ideas. Tampoco tiene razón el que grita más fuerte. En el dialogo es preciso dejar hablar, saber escuchar.
Una expresión culta
El diálogo es la expresión culta y civilizada de una sociedad pluralista. La vida en sociedad se basa en un diálogo permanente y excluye toda forma de violencia física o moral. Muchas veces se tiene una actitud excluyente que hace imposible el dialogo cordial.
Cuando se quiere potenciar las propias soluciones concretas, sin admitir que los demás pueden tener también sus razones y podrían aportar criterios importantes para un mayor bienestar social, no se contribuye al bien de la sociedad.
Si no se admite el disenso, no es posible el diálogo.
El diálogo entre los distintos grupos sociales, en el que cada uno quiere mantener su identidad y proyectar en la sociedad sus propuestas, pertenece a la esencia de la democracia.
Dialogando se van completando las posturas y se va reconociendo la parte de verdad que tienen las otras personas y los otros grupos.
Nadie debe presumir de poseer toda la verdad. Especialmente en los problemas básicos de la sociedad, es indispensable la cooperación de todos.
Es indispensable que entre todos los ciudadanos y sectores de la sociedad tucumana se entable un diálogo fecundo que nos lleve a acuerdos fundamentales en orden a buscar sinceramente el bien común.
La Iglesia, dentro de su propia misión, respetando plenamente las instituciones de la Provincia y buscando sólo el progreso integral de nuestro pueblo, está dispuesta a alentar iniciativas de diálogo entre los diversos sectores de la sociedad.
Les deseo una ¡Feliz Navidad!”










