17 Diciembre 2007 Seguir en 
Guirnaldas de todos los colores atravesando la calle, de una punta a otra de la cuadra, bandós festivos sobre los postes de luz, tablones vestidos con pulcros manteles, sobre los que se iluminaban candelabros artesanales y los platos dulces y salados tentaban a los vecinos. Así se veía anoche la cuadra de Las Heras al 1.400, donde los vecinos festejaron la coronación de 15 años de esfuerzos para lograr que se pavimente la calle.
“Los sucesivos intendentes que pasaron desde 1992 nos decían que no podían hacer nada porque nuestra calle figuraba en los planos de la ciudad como pavimentada. Sin embargo, vivíamos en medio de la tierra, y pagábamos la contribución por barrido y limpieza cuando no había ninguna de las dos cosas”, contó Inés Bray. Ella ya se mudó del lugar -donde está la casa paterna- pero siguió luchando para lograr el objetivo que se había propuesta su padre, fallecido hace cuatro meses.
Si bien algunas de las calles adyacentes estaban incluidas dentro de los recientes planes de pavimentación, la cuadra de Las Heras al 1.400 no estaba contemplada, dijeron los vecinos.
Hace poco más de un mes, la Municipalidad se comprometió a cederles las máquinas, algo de material y la mano de obra. El resto del material fue costeado por los vecinos, que también se ocupaban de colaborar con los obreros que hicieron el pavimento. “Les dábamos hielo, bebidas frescas, pusimos a disposición de ellos los baños de nuestras casas -aunque tenían un baño químico- y cualquier otra cosa que necesitaran”, dijo Bray.
El pavimento permitirá un mejor acceso a la escuela 301, ubicada en Las Heras y Matheu; evitar los habituales anegamientos que sobrevenían con cada tormenta y, sobre todo, ahora será más rápido trasladarse hasta el centro. “Este es un triunfo plural. Se llevó a cabo el sueño de todos. Nuestra calle hoy (por ayer) se viste de gala y usa por primera vez pantalón largo”, afirmó, orgulloso, José Del Prado, que reside en esa cuadra desde hace más de 50 años. Los vecinos entraban y salían de las casas, llevando sillas, vajilla, servilletas y otros elementos para la fiesta inaugural. “Cuando comenzaron los trabajos, no podíamos dormir de la emoción”, contó entusiasmada María Lanza de Suppa. La decoración estuvo a cargo de Adriana Balverdi y de Elsa Pérez. “Queríamos mostrar un clima festivo. Es necesario estimular los buenos lazos entre los vecinos”, explicó Balverdi. Al anochecer, todos se apuraron a cambiarse de ropa para estar a tono con el festejo y a acercar la comida, la bebida y los postres que compartieron dichosos.
“Los sucesivos intendentes que pasaron desde 1992 nos decían que no podían hacer nada porque nuestra calle figuraba en los planos de la ciudad como pavimentada. Sin embargo, vivíamos en medio de la tierra, y pagábamos la contribución por barrido y limpieza cuando no había ninguna de las dos cosas”, contó Inés Bray. Ella ya se mudó del lugar -donde está la casa paterna- pero siguió luchando para lograr el objetivo que se había propuesta su padre, fallecido hace cuatro meses.
Si bien algunas de las calles adyacentes estaban incluidas dentro de los recientes planes de pavimentación, la cuadra de Las Heras al 1.400 no estaba contemplada, dijeron los vecinos.
Hace poco más de un mes, la Municipalidad se comprometió a cederles las máquinas, algo de material y la mano de obra. El resto del material fue costeado por los vecinos, que también se ocupaban de colaborar con los obreros que hicieron el pavimento. “Les dábamos hielo, bebidas frescas, pusimos a disposición de ellos los baños de nuestras casas -aunque tenían un baño químico- y cualquier otra cosa que necesitaran”, dijo Bray.
El pavimento permitirá un mejor acceso a la escuela 301, ubicada en Las Heras y Matheu; evitar los habituales anegamientos que sobrevenían con cada tormenta y, sobre todo, ahora será más rápido trasladarse hasta el centro. “Este es un triunfo plural. Se llevó a cabo el sueño de todos. Nuestra calle hoy (por ayer) se viste de gala y usa por primera vez pantalón largo”, afirmó, orgulloso, José Del Prado, que reside en esa cuadra desde hace más de 50 años. Los vecinos entraban y salían de las casas, llevando sillas, vajilla, servilletas y otros elementos para la fiesta inaugural. “Cuando comenzaron los trabajos, no podíamos dormir de la emoción”, contó entusiasmada María Lanza de Suppa. La decoración estuvo a cargo de Adriana Balverdi y de Elsa Pérez. “Queríamos mostrar un clima festivo. Es necesario estimular los buenos lazos entre los vecinos”, explicó Balverdi. Al anochecer, todos se apuraron a cambiarse de ropa para estar a tono con el festejo y a acercar la comida, la bebida y los postres que compartieron dichosos.
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