El dramaturgo francés Alfred Jarry se anticipó a las vanguardias del siglo XX

Hoy se cumplen 100 años de la muerte del creador del célebre personaje Padre Ubú. El escritor convirtió lo grotesco en un recurso literario, e influyó en el surrealismo y en la escuela de Artaud. Los grandes efectos de la risa cruel.

“UBU REY”. La actriz Jesika Migliori, de La Sodería, protagonizó el unipersonal en 2005 en Tucumán.
“UBU REY”. La actriz Jesika Migliori, de La Sodería, protagonizó el unipersonal en 2005 en Tucumán.
01 Noviembre 2007
BUENOS AIRES.- Cuando se celebre hoy el día de Todos los Santos, habrán transcurrido 100 años desde la muerte de Alfred Jarry, el dramaturgo y escritor francés que hizo de la risa cruel su arsenal poético y político, una imagen que reprodujeron tanto las vanguardias estéticas como las guerras del siglo XX.
Jarry murió joven, a los 34 años, en 1907, casi 10 años después de haber creado al personaje por el cual se lo recuerda y adora en gran parte del mundo: el Padre Ubú, esa bestia política de enorme panza tatuada cuyos caprichos se traducían en revoluciones que se negaban entre sí.Hay un salto cualitativo en su uso del ese humor llamado "absurdo" que lo distancia de autores que lo utilizaron para parodiar, entre otras cosas, al poder: Lewis Carroll tenía a su reina melómana en Alicia y el País de las Maravillas y Jonathan Swift al temperamental tamaño del ego burgués en su Gulliver.
Pero además de hacer de lo grotesco un recurso literario, Jarry demostró que era un fenómeno político fundamental, un discurso que cualquier autoridad puede implementar tanto para excusarse como para explicarse y parecer convencido.
Su Ubú es un ídolo accesible por donde se lo mire: obeso y decadente ex rey que sólo persigue el goce y siempre se pone en ridículo por cobarde, aunque nadie logre batirlo, un barra brava que a falta de un deporte al cual abonarse apunta a la política y reemplaza el grito de gol por el de "mierdra" (así, mal dicho).
A pesar de su abominable imagen y toda su estupidez, ese rey sabe que seduce -tal vez es lo único que sabe-, lo que lo hace realmente peligroso; sabe que al parecer convencido en su necedad le da al hombre que somete la oportunidad de creer en él; sabe que todo proyecto político basado en el absurdo es terminal.
Junto a su anticipación de las vanguardias artísticas, algunos autores afirmaron que el creador de la patafísica, la ciencia de las soluciones imaginarias, era un precursor de las teorías de Martin Heidegger. En lo concreto, desde Hanna Arendt hasta Claude Lefort, en sus análisis del totalitarismo, verán una enorme incidencia del poder político del absurdo, como ese discurso irracional que nunca se supuso como lógico y sin embargo fue creído o "actuado" como real. Lo que más se conoce del autor es su influencia en la literatura vanguardista de comienzos de siglo pasado, especialmente en el surrealismo, ya que André Breton se encargó de institucionalizarlo como uno de sus antecesores en su "Antología del Humor Negro". Antonin Artaud, surrealista arrepentido y expulsado, al fundar en 1927 el fallido Teatro Alfred Jarry, le rindió un homenaje algo más cercano a ese aspecto vital que él intentaba crear: una risa cruel que llevaba a los hombres a pensar la vida como un movimiento perpetuo del cuerpo, teatro vacío pero puro y autodestructivo.
Por otro lado, admiradores en todo el mundo rinden tributo on line a Jarry y su patafísica, ciencia de las soluciones imaginarias, mediante extravagantes creaciones sin otro objeto que estudiar los serios motivos por los que la risa hace reír, aunque sin atacar al verdadero enemigo que originó esa disciplina: el positivismo. Sucursales del Colegio Patafísico en Granada y París, un Novísimo Instituto de Altos Estudios Patafísicos de "Ubuenos Aires" en Argentina, un Instituto de Patafísica en Alemania... las instituciones dedicadas a la investigación sobre el absurdo se reproducen en internet. (Télam- DPA)

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