En cada grado hay un chico al que toman de "punto"

Muchas veces el docente no se da cuenta de la victimización de algún alumno. Apenas el 2% de los casos llegan al Gabinete Psicológico de la Provincia. Un estudio de la Facultad de Psicología.

DISCRIMINADO. Muchos chicos, en especial preadolescentes, son blanco de burlas por su aspecto físico.
DISCRIMINADO. Muchos chicos, en especial preadolescentes, son blanco de burlas por su aspecto físico.
04 Octubre 2007
En una escuela de la periferia de la capital tucumana, un niño de 9 años reconoce que los chicos se burlan de una compañera que llega tarde a clase porque asiste a un comedor infantil. El dato es parte de un estudio de la Facultad de Psicología de la UNT, que revela que el 99 % de los niños tiene algún compañero en su grado que es blanco de humillaciones.
"Danonino vencido", "Jirafa humana", "Flaca escopeta" ... son algunos de los apodos que utilizan los chicos para ridiculizar al compañero. El 59% de los sobrenombres hace referencia al aspecto físico. El 13% de los apodos (que se observan en chicos de 11 y 12 años) están referidos a su sexualidad: "marica", el más común. El 4% están referidos a nombres de políticos ("Menéndez legisladora") y el 9% son de orden racial ("le dicen Baltasar porque es negro"). El 54% de los que sufren bromas pesadas son los varones.
Marta Salas, autora del proyecto, señala que los porcentajes y las tendencias no han variado. Para ella educar en la tolerancia sigue siendo una materia pendiente de la familia y de la escuela. "Los chicos pasan mucho tiempo solos por la ausencia de sus padres. La violencia aprendida de la casa produce una naturalización del maltrato y así se convierte en una construcción social", reconoce la titular de la cátedra de Evolutiva I de la Facultad de Psicología de la UNT y directora del proyecto de investigación "Comportamientos violentos de los niños en escuelas urbanas y rurales de Tucumán".
Salas expresa la necesidad de generar lo que llama "una pedagogía de la paz". En la escuela Campo de las Carreras, donde se tomaron las muestras para el trabajo publicado en 2002, y que luego se fueron chequeando cada año, la Facultad dicta talleres de prevención.

"Pancho, el traga"
Llega silencioso al aula, se sienta y abre su carpeta. Los demás cuchichean a sus espaldas y pronto se escucha una voz que dice: "tragate un Pancho". Francisco no se da por aludido. Pero comenzada la clase, un ruido extraño interrumpe a la profesora y todos gritan "¡Pancho! mirándolo con sorpresa. Por fin los ojos de Francisco centellean impotencia. Y las risas de los chicos se mezclan con el reto de la profesora.
"Hay tres clases de alumnos y ellos mismos se encargan de etiquetarse tan pronto llegan al establecimiento escolar: están los que se sientan adelante, los que se sientan en el medio y los que se sientan atrás. Si alguien va a suicidarse será uno de adelante; si alguien va a matar a todo el mundo con una pistola, será uno del medio y si alguien tendrá la culpa de todo, será uno de los de atrás", grafica Hernán Casciari, escritor y periodista argentino, en su artículo "A mí me decían El Gordo Boludo", publicado en el blog "Orsai.es".
"El profesor no debería sentirse satisfecho si los de adelante escuchan atentamente la clase. Debería saber que eso no se llama ?escuchar?: eso es timidez, introversión o pánico. Lo que debe intentar un maestro es entretener a los del fondo", reflexiona.
El Gabinete Psicopedagógico Interdisciplinario trabaja en 31 equipos en toda la provincia. Atendió 7.561 consultas en un año, pero sólo el 2% es por acoso escolar.

"Fui el gordito petiso"
"En nuestro curso hay un compañero que es gordito y petiso. Todos lo molestamos siempre con lo mismo. Pero él no reacciona, porque es buenito", contó Leandro (17), alumno de una escuela técnica. Sus colegas coincidieron en que el adolescente acosado, por ser bueno y callado, propicia que los demás se abusen. "A veces protesta y hasta puede llegar a insultar, pero no hace nada más. Hay dos o tres que son los que más lo acosan. Se les va la mano. Lo tienen de punto", afirmaron. Reconocieron que los apodos descalificadores están entre las causas más frecuentes de los enojos y las peleas.
"Si a mí me hicieran eso, yo pondría un límite -sostuvo Luis (18). Hablaría con la persona que me molesta. En caso de que me siguiera acosando, lo invitaría a arreglar las cosas fuera de la escuela. Ahí entra la violencia, porque yo no me dejaría hacer eso".
Negro, Boliviano, Peruano, Cabeza de Chancho, Blanquito, son los apodos que más se utilizan en el curso, según dijeron Franco y Raúl, otros integrantes del grupo. Uno de ellos reconoció que le suelen decir Gordo, pero no le molesta. "Son palabras, nada más", dijo con un gesto de que el apelativo no le importa.