"Estamos en un mundo donde la violencia es el recurso que más se usa en las relaciones humanas. Cuando hay una denuncia, vamos a las escuelas y hacemos talleres para los padres y los docentes. Hemos tenido buenos resultados en muchos casos. En otros, no. El principal escollo son los adultos. Un niño que es violento, discriminador, lo aprende de nosotros, los adultos", afirmó la directora de la delegación, Graciela Cárdenas. Los talleristas trabajan con los chicos poniéndolos en situación. Una de las actividades consiste en elegir un compañero y presentarlo. "Ponemos a todos en círculo y les prendemos un rótulo a cada chico en la espalda, con la palabra que nombra el estereotipo: ?gordo?, ?boliviano?, ?villero?, ?negro?, etcétera. Los demás chicos no saben qué dice el letrero; sólo lo sabe el compañero que lo tiene que presentar desde el lugar del prejuicio, pero sin decir la palabra escrita", explica Cárdenas. "Por ejemplo, si la palabra es villero, el que presenta suele decir algo así como: este vive en un lugar pobre, es sucio, ladrón", señala.
"En ese momento uno se da cuenta de cómo lo está presentando al compañero y entiende cuál es el prejuicio. Comprende que, en realidad, la mayoría de los que viven en un barrio humilde no responden a esas características, sino que es una creencia falsa", explica.
La gestión de los talleres busca favorecer las relaciones, reconstruir vínculos y que el chico entienda que su "paisaje afectivo" está integrado por sus compañeros y sus maestros, además de sus padres. "Sus compañeros y docentes también son su familia, porque pasan más tiempo con ellos que en su casa. Nuestra idea es transmitir herramientas para que esos chicos puedan relacionarse con el que es diferente, sin usar la violencia", destaca Cárdenas.
Los talleristas del Inadi explican a los adultos qué es la discriminación, cuáles son los derechos de las personas, y proporcionan herramientas a los docentes para que sepan cómo difundir derechos y estrategias para la paz. Desde la Provincia, la Comisión de Prevención de la Violencia Escolar trata de renovar el pacto educativo entre la familia y la escuela, a través de la conformación de asociaciones de padres. "Muchas veces los docentes miramos a los alumnos que provocan conflicto pero desatendemos al tímido. Pero no hay que crear psicosis; no todos los casos requieren un experto. El adulto (el docente tutor) debe estar atento para avizorar el conflicto y evitar que un chico sea víctima de bullying (acoso, intimidación, entre pares)", explica la coordinadora, Josefina Hidalgo. "Pero no hay que crear psicosis. La comisión -que es multidisciplinaria y multisectorial- comenzó a trabajar en 40 escuelas con población socialmente vulnerable en la prevención, capacitación de directivos y docentes y asistencia de la violencia escolar.
Los acosadores buscan un chivo expiatorio
Los acosadores son, en su gran mayoría, niños con problemas en su vida personal, que buscan un chivo expiatorio para descargar sus frustraciones. Muchas veces, son adolescentes que no tienen límites, sobreprotegidos por sus padres (otras veces, no), que no respetan a nadie.
El chico acosador lleva, por lo general, mucho tiempo mostrando síntomas de alarma -que nadie sabe interpretar- como pérdida del interés por sus actividades, aburrimiento persistente, falta de energía, necesidad de comunicarse a través de la violencia, pasión por juegos y películas violentas. El 25% de los agresores que se han acostumbrado a intimidar para lograr sus objetivos puede tener problemas con la justicia en el futuro, detalla Marta Salas, en el capítulo "Violencia escolar" del proyecto de investigación "La violencia física: su incidencia en la familia y en la escuela en San Miguel de Tucumán" (Facultad de Psicología de la UNT, cátedra de Psicología Evolutiva I, 2002, Ciunt).
Pero no hay un solo victimario; el grupo que mira la agresión sirve para propagar y alentar el acoso escolar. Durante el proceso del bullying agresor, víctima y grupo forman parte de un mismo circuito de la violencia. Precisamente, la incapacidad para defenderse por parte de la víctima se debe a que el grupo toma partido por el más fuerte.
El acoso no desaparece solo. Es necesario que los padres y los docentes o profesionales tomen intervención. No hay que esperar a que la víctima cree sus propias garras para defenderse, porque no lo hará nunca sin ayuda. Lo más probable es que la situación empeore y se termine con el cambio del colegio del niño.









