Todo esfuerzo tiene su premio

La pérdida del valor del esfuerzo es uno de los problemas que desvela a los expertos en educación.

05 Agosto 2007
En lugar de leer todo el libro, les alcanza con un par de capítulos. Si tienen que rendir, estudian un resumen a último momento. Cuando "zafan" y aprueban la materia, se jactan de haberlo hecho "de taquito". Han logrado el objetivo de alcanzar una meta con el mínimo esfuerzo. Son los hijos de la cultura del facilismo.
Junto con la falta de disciplina en la escuela, la pérdida del valor del esfuerzo es uno de los problemas que desvela a los expertos en educación. Se habla de la necesidad de aumentar el número de exámenes y las exigencias de estudio. Otros sostienen que mucho depende de la dedicación y el empeño de los profesores, de su capacidad para motivar a los alumnos, y de que ellos mismos demuestren que están entusiasmados con su materia.
Según reconoció una profesora de literatura que trabaja con niños y adolescentes, hay temas que resultan tediosos a los chicos. En su caso, ella logra motivarlos mediante juegos de competencia en el aula.
"Para conseguir que los chicos de 10 y 11 años se interesen en un tema tan ríspido como la ortografía, organizo competencias en grupo o individuales. Ellos conocen de antemano el texto que les voy a dictar, y el que quiere sacar 10 practica en su casa. Algunos ponen tanto empeño que llegan a aprenderlo de memoria", Josefina Olleta de Díaz Romero, docente del Gymnasium.
La profesora considera que un alumno se esfuerza no solamente para ganar la competencia sino también porque sabe que el docente le expresará reconocimiento por su esfuerzo. Cuando el alumno ve que el esfuerzo que hizo el día anterior es reconocido por el docente, se siente estimulado.
"Todo pasa por el docente -dijo-. Hasta la forma en que se para frente a la clase determina la relación que tendrá con sus alumnos. En mi caso, los chicos saben que el momento del aula es el momento del trabajo. Y es importante también que el profesor les demuestre que les reconoce el esfuerzo. A los chicos del Gymnasium, el ingreso les cuesta mucho esfuerzo. A eso no lo podemos desperdiciar luego".

El mundo adolescente
En el caso de los adolescentes, que tienen intereses múltiples y suelen estar más dispersos, resulta un desafío motivarlos a la lectura si no se eligen textos que les resulten atractivos. "Todo está en lo que elegimos. Si les gusta lo fantástico, voy a buscar ese tipo de textos dentro de los buenos autores. Y hacemos taller literario para que cultiven la escritura, que es una herramienta indispensable -contó Díaz Romero-. En el taller les pido que se olviden de la normativa y se dediquen a crear. Después se revisa la ortografía. De esa manera les resulta más atractivo. Al adolescente se lo motiva con otros elementos e interses de su propio mundo y de esa manera se logran cosas importantes".
La profesora sostiene que al adolescente le gusta mucho la argumentación. Por eso les plantea debates acerca del horario de cierre de los boliches, sobre la semana del colegio o la autodisciplina, para hacerlos expresar sus ideas.