29 Abril 2007 Seguir en 
Prometieron fiesta, y cumplieron. Kapanga y Karma Sudaca mantuvieron en el aire a 2.500 personas que no pararon de saltar, bailar y cantar durante las casi cuatro horas que esas dos bandas estuvieron sobre el escenario. Fueron dos shows que terminaron siendo uno, cuando Tony Molteni se sumó al cierre del grupo de Quilmes para cantar “El mono relojero”, esa canción que ya es emblema del repudio al tope horario.
La fiesta había empezado mucho más temprano, con las bandas locales Fénix 47 (ganó un concurso radial para estar ahí), Ave César y Reino Infame, que contaron con un muy buen sonido y luces de primer nivel para sus recitales, en una buena y necesaria demostración de respeto a los músicos locales, que no siempre se da.
Luego subieron los cordobeses de Juan Terrenal, con un sólido rock de corte californiano, y el mérito de no coquetear con el cuarteto a pesar de ser mediterráneos. Además de sus propios temas, en los que los juegos de la viola se lucen por sí solos, igual que la potencia de todo el grupo, y hasta se despacharon con una impecable versión de “Boys don’t cry”, de The Cure.
Karma arrancó con todo, en la despedida de su disco “Furia Interior”, y a días de entrar a grabar su próximo CD. Por eso la mayor parte de su recital giró entorno a ese trabajo, aunque en versiones diferentes, con arreglos tan sorprendentes como algunos de los invitados que hubo. Uno de ellos fue Charlyto Morales, en “Sin Olvido”, un estreno dedicado a los desaparecidos en democracia, como Julio López y Marita Verón. Cachi Pajón le metió teclados a la acústica interpretación de “El hombre de la basura”, y luego “En el aire”. Daniel Fares, de Harakiri, tocó la guitarra en “Escrachados por el hedor”, Carlos y Valeria le pusieron vientos, con saxo y trombón, a “Se armó la gorda”, y Norberto y Alfredo aportaron quena y charango en “Corazón de carnaval”.
De rodillas sobre el vallado, de cara al público, Tony cantó “Transparente”, y terminó con la remera destrozada. No importaba, porque faltaba “Furia Calchaquí”, tema en el que indefectiblemente se lanza sobre el gentío.
Kapanga no se privó de nada. Arrancó con “Desesperado”, y la fiesta, con enormes pogos incluidos, se extendió hasta el final, y hasta en los temas más lentos el público se las ingenió para menearse. Con el Mono al frente, no podía faltar tampoco el humor en su forma más pura, lindante con el absurdo y siempre encantador. Y también el recuerdo de las primeras visitas a Tucumán, ante muy poco público, y el agradecimiento a todos porque, al fin, Kapanga tocó en un lugar grande en esta provincia.
El cierre estaba anunciado y era esperado. Después de los bises, con un popurrí de cumbias, cuartetos y reggaes, y del canto generalizado en contra del gobernador José Alperovich por el tope horario, llegó “El mono relojero”, para que todos gritaran “andate a dormir vos...”
La fiesta había empezado mucho más temprano, con las bandas locales Fénix 47 (ganó un concurso radial para estar ahí), Ave César y Reino Infame, que contaron con un muy buen sonido y luces de primer nivel para sus recitales, en una buena y necesaria demostración de respeto a los músicos locales, que no siempre se da.
Luego subieron los cordobeses de Juan Terrenal, con un sólido rock de corte californiano, y el mérito de no coquetear con el cuarteto a pesar de ser mediterráneos. Además de sus propios temas, en los que los juegos de la viola se lucen por sí solos, igual que la potencia de todo el grupo, y hasta se despacharon con una impecable versión de “Boys don’t cry”, de The Cure.
Karma arrancó con todo, en la despedida de su disco “Furia Interior”, y a días de entrar a grabar su próximo CD. Por eso la mayor parte de su recital giró entorno a ese trabajo, aunque en versiones diferentes, con arreglos tan sorprendentes como algunos de los invitados que hubo. Uno de ellos fue Charlyto Morales, en “Sin Olvido”, un estreno dedicado a los desaparecidos en democracia, como Julio López y Marita Verón. Cachi Pajón le metió teclados a la acústica interpretación de “El hombre de la basura”, y luego “En el aire”. Daniel Fares, de Harakiri, tocó la guitarra en “Escrachados por el hedor”, Carlos y Valeria le pusieron vientos, con saxo y trombón, a “Se armó la gorda”, y Norberto y Alfredo aportaron quena y charango en “Corazón de carnaval”.
De rodillas sobre el vallado, de cara al público, Tony cantó “Transparente”, y terminó con la remera destrozada. No importaba, porque faltaba “Furia Calchaquí”, tema en el que indefectiblemente se lanza sobre el gentío.
Kapanga no se privó de nada. Arrancó con “Desesperado”, y la fiesta, con enormes pogos incluidos, se extendió hasta el final, y hasta en los temas más lentos el público se las ingenió para menearse. Con el Mono al frente, no podía faltar tampoco el humor en su forma más pura, lindante con el absurdo y siempre encantador. Y también el recuerdo de las primeras visitas a Tucumán, ante muy poco público, y el agradecimiento a todos porque, al fin, Kapanga tocó en un lugar grande en esta provincia.
El cierre estaba anunciado y era esperado. Después de los bises, con un popurrí de cumbias, cuartetos y reggaes, y del canto generalizado en contra del gobernador José Alperovich por el tope horario, llegó “El mono relojero”, para que todos gritaran “andate a dormir vos...”







