25 Abril 2007 Seguir en 
En las personas que padecen la enfermedad de Parkinson se ve afectado un grupo específico de células nerviosas ubicadas en la región del cerebro llamada mesencéfalo, y que fabrican una sustancia química denominada dopamina. Cuando esas células dejan de funcionar y mueren, la producción de dopamina y la función que ejerce esta sustancia química como transmisor de información dentro del sistema nervioso queda trunca, y desarticula un circuito cerebral que domina la actividad motora.
Actualmente la medicación más utilizada para tratarlo es la levodopa. Será el criterio médico el que juegue para saber si la persona, de acuerdo con el grado de enfermedad, inicia la terapia con levodopa o no, y con qué otros fármacos. Según estimaciones internacionales, una de cada 100 personas mayores de 60 años puede padecer la enfermedad.La enfermedad de Parkinson es neurodegenerativa, progresiva y crónica; se caracteriza por un temblor en reposo, rigidez, lentitud y pérdida del equilibrio. En los casos más avanzados impide avanzar caminando -los pacientes tiene la sensación de quedarse "pegados" al piso- y deteriora la autonomía, lo que trae aparejado aislamiento social y las reacciones emocionales asociadas.
En este contexto, muchos pacientes recurren a terapias complementarias o alternativas al tratamiento médico. Las primeras comprenden aquellas acciones de salud que se realizan de manera conjunta con la medicina científica.
Para un trabajo sobre Terapias Alternativas y Complementarias realizado en el Hospital de Clínicas de Buenos Aires fueron entrevistadas 300 personas afectadas por mal de Parkinson. El promedio de edad era de 65,8 años. Sólo el 4% tenía menos de 50 años de edad y el 21 % se ubicaba entre los 50 y 60. La gran mayoría residía en Buenos Aires -en Capital Federal o en sus alrededores- y un 15%, en el interior del país. El porcentaje de pacientes que reconoció haber usado terapias alternativas o complementarias alguna vez en su vida fue de 63.7%. Las más frecuentes fueron la acupuntura, la homeopatía, el yoga, los masajes y la ingesta de vitamina C. Más del 9% dijo haber consultado a un curandero o a un "sanador". Y el 40% de los que recurrieron a estas terapias declararon haberlo hecho para aliviar los síntomas parkinsonianos.
Según el profesor titular de Neurología del Hospital de Clínicas y director del Programa de Parkinson y Movimientos Anormales del centro asistencial, Federico Michelli, los pacientes en general usan terapias alternativas cuando no encuentran respuesta en la medicina científica, y sostuvo que lo riesgoso es la falta de información. "Cuanto menos sepa el paciente de los riesgos, más chance tienen de caer en estas prácticas", señaló.
El reconocimiento oficial y las regulaciones respecto de la utilización de estas terapias varían considerablemente según los países. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las medicinas complementarias y alternativas pueden haber demostrado cierta eficacia en algunas áreas de la medicina, pero falta investigación, evaluación y ensayos clínicos para que demuestren seguridad, eficacia y confiabilidad.
En opinión de la coordinadora del área de Calidad de Vida del Programa de Parkinson y Movimientos Anormales del Hospital de Clínicas, Cristina Pecci, el hecho de que un paciente recurra al uso de terapias alternativas significa que lo fundamental del tratamiento no está siendo considerado. "Se intenta colocarlas en lugar de la medicina científica tradicional, donde el tratamiento es diseñado de acuerdo con estado de cada paciente". De acuerdo con los sostenido por la especialista, es común que las personas que padecen enfermedades crónicas recurran al uso de medicinas alternativas. "La gente busca el bienestar, pero hay cierto límite entre el autocuidado y el autotratamiento. Siempre hay que consultar con el médico especialista, para que sea este quien aconseje qué es lo mejor y decida si la propuesta que el paciente trae es conveniente o no", sostuvo Pecci.Muchas de las medicinas alternativas están basadas en plantas, incluso con el mismo principio activo de la medicación, pero menos concentrado. "Ya hay muchas drogas surgidas de la investigación de años, de observar cuáles principios activos y qué medicinas sirven para la enfermedad", señaló Pecci.
De acuerdo con el trabajo del Clínicas, en el 62% de los casos fue un amigo, un vecino o un familiar quien recomendó el uso de terapias alternativas y complementarias, y en dos de cada diez casos fueron indicadas por un profesional del sistema de salud convencional. En un 33,7% de los casos los pacientes dijeron que usaban esa terapia alternativa porque "los hace sentirse bien".
Existen diversas formas de Parkinson; por lo tanto, las personas que tienen la enfermedad no tienen que proyectarse en otros que a lo mejor están más avanzados y con una manifestación de la enfermedad diferente. Cada caso es particular; por esto son tan importantes el diagnóstico y la supervisión médica. Los síntomas pueden variar; hay casos de Parkinson en los que no se manifiesta el temblor, por ejemplo", informó Pecci.
Actualmente la medicación más utilizada para tratarlo es la levodopa. Será el criterio médico el que juegue para saber si la persona, de acuerdo con el grado de enfermedad, inicia la terapia con levodopa o no, y con qué otros fármacos. Según estimaciones internacionales, una de cada 100 personas mayores de 60 años puede padecer la enfermedad.La enfermedad de Parkinson es neurodegenerativa, progresiva y crónica; se caracteriza por un temblor en reposo, rigidez, lentitud y pérdida del equilibrio. En los casos más avanzados impide avanzar caminando -los pacientes tiene la sensación de quedarse "pegados" al piso- y deteriora la autonomía, lo que trae aparejado aislamiento social y las reacciones emocionales asociadas.
En este contexto, muchos pacientes recurren a terapias complementarias o alternativas al tratamiento médico. Las primeras comprenden aquellas acciones de salud que se realizan de manera conjunta con la medicina científica.
Para un trabajo sobre Terapias Alternativas y Complementarias realizado en el Hospital de Clínicas de Buenos Aires fueron entrevistadas 300 personas afectadas por mal de Parkinson. El promedio de edad era de 65,8 años. Sólo el 4% tenía menos de 50 años de edad y el 21 % se ubicaba entre los 50 y 60. La gran mayoría residía en Buenos Aires -en Capital Federal o en sus alrededores- y un 15%, en el interior del país. El porcentaje de pacientes que reconoció haber usado terapias alternativas o complementarias alguna vez en su vida fue de 63.7%. Las más frecuentes fueron la acupuntura, la homeopatía, el yoga, los masajes y la ingesta de vitamina C. Más del 9% dijo haber consultado a un curandero o a un "sanador". Y el 40% de los que recurrieron a estas terapias declararon haberlo hecho para aliviar los síntomas parkinsonianos.
Según el profesor titular de Neurología del Hospital de Clínicas y director del Programa de Parkinson y Movimientos Anormales del centro asistencial, Federico Michelli, los pacientes en general usan terapias alternativas cuando no encuentran respuesta en la medicina científica, y sostuvo que lo riesgoso es la falta de información. "Cuanto menos sepa el paciente de los riesgos, más chance tienen de caer en estas prácticas", señaló.
El reconocimiento oficial y las regulaciones respecto de la utilización de estas terapias varían considerablemente según los países. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las medicinas complementarias y alternativas pueden haber demostrado cierta eficacia en algunas áreas de la medicina, pero falta investigación, evaluación y ensayos clínicos para que demuestren seguridad, eficacia y confiabilidad.
En opinión de la coordinadora del área de Calidad de Vida del Programa de Parkinson y Movimientos Anormales del Hospital de Clínicas, Cristina Pecci, el hecho de que un paciente recurra al uso de terapias alternativas significa que lo fundamental del tratamiento no está siendo considerado. "Se intenta colocarlas en lugar de la medicina científica tradicional, donde el tratamiento es diseñado de acuerdo con estado de cada paciente". De acuerdo con los sostenido por la especialista, es común que las personas que padecen enfermedades crónicas recurran al uso de medicinas alternativas. "La gente busca el bienestar, pero hay cierto límite entre el autocuidado y el autotratamiento. Siempre hay que consultar con el médico especialista, para que sea este quien aconseje qué es lo mejor y decida si la propuesta que el paciente trae es conveniente o no", sostuvo Pecci.Muchas de las medicinas alternativas están basadas en plantas, incluso con el mismo principio activo de la medicación, pero menos concentrado. "Ya hay muchas drogas surgidas de la investigación de años, de observar cuáles principios activos y qué medicinas sirven para la enfermedad", señaló Pecci.
De acuerdo con el trabajo del Clínicas, en el 62% de los casos fue un amigo, un vecino o un familiar quien recomendó el uso de terapias alternativas y complementarias, y en dos de cada diez casos fueron indicadas por un profesional del sistema de salud convencional. En un 33,7% de los casos los pacientes dijeron que usaban esa terapia alternativa porque "los hace sentirse bien".
Existen diversas formas de Parkinson; por lo tanto, las personas que tienen la enfermedad no tienen que proyectarse en otros que a lo mejor están más avanzados y con una manifestación de la enfermedad diferente. Cada caso es particular; por esto son tan importantes el diagnóstico y la supervisión médica. Los síntomas pueden variar; hay casos de Parkinson en los que no se manifiesta el temblor, por ejemplo", informó Pecci.
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