Los tucumanos creen que sus hijos, en lo económico, estarán mejor que ellos
Según el sondeo realizado para LA GACETA, la población está recuperando la esperanza en un futuro mejor. Los más optimistas son quienes tuvieron una percepción favorable de la economía durante el último año y aquellos que no completaron sus estudios primarios.
05 Febrero 2007 Seguir en 
El terremoto económico y social que vivió el país en diciembre de 2001 hacía parecer que los argentinos habían perdido la esperanza en un futuro mejor. Cinco años después de la debacle, la confianza en que los hijos estarán económicamente mejor que los padres parece estar en recuperación. Al menos, eso es lo que se puede leer de la encuesta realizada para LA GACETA por la consultora Sociología y Mercado, que conducen Roxana Laks y Julio Chit.
Para el sondeo, se consultó a 600 personas, de entre 18 y 70 años, de San Miguel de Tucumán y de 12 municipios del interior de la provincia. Ante la pregunta “¿Piensa que, en un futuro, sus hijos estarán económicamente mejor que usted?”, más de la mitad (el 52,8%) fue optimista. El resto se repartió en forma pareja entre los que no saben qué les deparará el futuro a sus descendientes (el 22,3%) y los que no creen que sus hijos vayan a estar mejor que ellos (el 24,8%).
Nivel educativo
Las respuestas tienen algunas particularidades a la hora de relacionarlas con el nivel educativo de los encuestados. Aquellas personas con menor nivel educativo son las que aseveran, en su mayoría, que sus hijos estarán mejor, señalan los autores del sondeo. “Un 64% de los que no pudieron completar la educación primaria y un 60% de los que pudieron concluirla son optimistas respecto del futuro de sus hijos”, se consigna en las conclusiones.
En el extremo opuesto, de los que no culminaron los estudios universitarios (la mitad de ellos son estudiantes), el 48% piensa que sus hijos estarán mejor, el 18% asegura que estarán peor y el 33% no sabe aún. El 54% de los graduados universitarios advierte que los hijos estarán mejor que ellos económicamente; no obstante el 28% dice que estarán peor y el 17% tiene dudas.
Los consultores también observaron que la respuesta tiene relación con la percepción de la economía del encuestado en el último año. Por ejemplo, de aquellos que piensan que sus hijos estarán económicamente mejor, al 55% le fue mejor económicamente en el último año.
Matices
La esperanza (o la convicción) de que la siguiente generación vivirá mejor que la anterior tiene sus matices, según reflejaron varios de los consultados por LA GACETA. “Y sí, espero que puedan estar mejor, que les resulte más fácil que a nuestra generación. Pero lo que más me importa es que puedan hacer lo que les gusta y vivir de eso. Eso es lo que me dejó la debacle de 2001: la sensación de que hay cosas más importantes que la plata”, reflexionó María del Carmen Capellini, secretaria en un consultorio médico y madre de tres chicos en edad escolar.
“No sé si mis hijos van a estar mejor. En este país no se puede hacer muchos planes hacia el futuro. Hubo épocas en que uno creía que todo iba para adelante, y después... ya vimos lo que pasó. Como padres nos esforzamos por brindarles una educación, por inculcarles la cultura del trabajo... les damos las herramientas que consideramos van a serles útiles. Qué van a hacer ellos con esas herramientas después, no se sabe”, dijo Hugo Blanco, empleado de un taller metalúrgico, padre de una nena de 12 años y de un niño de 7.
A su vez, Ana María F., una maestra jubilada de 73 años, reflexionó: “veo a mis hijas que se matan trabajando (ellas y sus maridos) para darles a los chicos ‘lo mejor’. Entonces los chicos van a un colegio caro, estudian dos idiomas, computación, van a tenis y no sé qué más. Con tanta preparación, seguro que mis nietos van a estar económicamente mejor que sus padres; y sin dudas mucho mejor que mi marido y yo. Pero a veces me parece que necesitan más a sus padres. Más valores y más cariño, y no tanto conocimiento o tanto profesor”.
Para el sondeo, se consultó a 600 personas, de entre 18 y 70 años, de San Miguel de Tucumán y de 12 municipios del interior de la provincia. Ante la pregunta “¿Piensa que, en un futuro, sus hijos estarán económicamente mejor que usted?”, más de la mitad (el 52,8%) fue optimista. El resto se repartió en forma pareja entre los que no saben qué les deparará el futuro a sus descendientes (el 22,3%) y los que no creen que sus hijos vayan a estar mejor que ellos (el 24,8%).
Nivel educativo
Las respuestas tienen algunas particularidades a la hora de relacionarlas con el nivel educativo de los encuestados. Aquellas personas con menor nivel educativo son las que aseveran, en su mayoría, que sus hijos estarán mejor, señalan los autores del sondeo. “Un 64% de los que no pudieron completar la educación primaria y un 60% de los que pudieron concluirla son optimistas respecto del futuro de sus hijos”, se consigna en las conclusiones.
En el extremo opuesto, de los que no culminaron los estudios universitarios (la mitad de ellos son estudiantes), el 48% piensa que sus hijos estarán mejor, el 18% asegura que estarán peor y el 33% no sabe aún. El 54% de los graduados universitarios advierte que los hijos estarán mejor que ellos económicamente; no obstante el 28% dice que estarán peor y el 17% tiene dudas.
Los consultores también observaron que la respuesta tiene relación con la percepción de la economía del encuestado en el último año. Por ejemplo, de aquellos que piensan que sus hijos estarán económicamente mejor, al 55% le fue mejor económicamente en el último año.
Matices
La esperanza (o la convicción) de que la siguiente generación vivirá mejor que la anterior tiene sus matices, según reflejaron varios de los consultados por LA GACETA. “Y sí, espero que puedan estar mejor, que les resulte más fácil que a nuestra generación. Pero lo que más me importa es que puedan hacer lo que les gusta y vivir de eso. Eso es lo que me dejó la debacle de 2001: la sensación de que hay cosas más importantes que la plata”, reflexionó María del Carmen Capellini, secretaria en un consultorio médico y madre de tres chicos en edad escolar.
“No sé si mis hijos van a estar mejor. En este país no se puede hacer muchos planes hacia el futuro. Hubo épocas en que uno creía que todo iba para adelante, y después... ya vimos lo que pasó. Como padres nos esforzamos por brindarles una educación, por inculcarles la cultura del trabajo... les damos las herramientas que consideramos van a serles útiles. Qué van a hacer ellos con esas herramientas después, no se sabe”, dijo Hugo Blanco, empleado de un taller metalúrgico, padre de una nena de 12 años y de un niño de 7.
A su vez, Ana María F., una maestra jubilada de 73 años, reflexionó: “veo a mis hijas que se matan trabajando (ellas y sus maridos) para darles a los chicos ‘lo mejor’. Entonces los chicos van a un colegio caro, estudian dos idiomas, computación, van a tenis y no sé qué más. Con tanta preparación, seguro que mis nietos van a estar económicamente mejor que sus padres; y sin dudas mucho mejor que mi marido y yo. Pero a veces me parece que necesitan más a sus padres. Más valores y más cariño, y no tanto conocimiento o tanto profesor”.
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