Hay que sumar elementos de confort a la ciudad

El arquitecto Raúl Di Lullo, docente de la UNT, cree que hay características urbanas que pueden generar molestias.

28 Enero 2007
Una ciudad puede ser poco amable con sus habitantes. Incluso, puede contribuir a exacerbar la agresividad. El desorden en el tránsito; el ruido incesante; las veredas angostas; el arbolado insuficiente; la inseguridad y la carencia de lugares para refugiarse de la lluvia o del sol son algunas de las cosas que hacen de una ciudad un sitio que vuelve irritables a los que circulan por ella a diario.
“El origen del malestar tiene que ver con cuestiones de orden sociocultural, no directamente con la ciudad. Pero, aunque no sea la principal causa de la violencia urbana, hay características en una ciudad que generan molestias y eso puede aumentar los niveles de agresividad”, explica Raúl Di Lullo, docente de la cátedra de Urbanismo de la Facultad de Arquitectura de la UNT.
Según el urbanista, incorporar elementos de confort en la ciudad puede ayudar a reducir esos niveles de agresividad. El ordenamiento del tránsito es una prioridad en este sentido, afirmó; y resaltó que la falta de un sistema integrado de transporte público contribuye al desorden en el tránsito. “Para que sea eficiente, hay que repensar los recorridos de los colectivos (no necesariamente aumentar la cantidad de unidades); la frecuencia con la que circulan; la posibilidad de hacer combinaciones en los viajes. Serviría para descongestionar el centro de autos particulares”, señaló Di Lullo.

Las normas
“El tránsito es caótico por varios motivos, pero el principal es la falta de cumplimiento de las normas. Son conductas que están internalizadas en la gente, no por falta de conocimiento  (¿quién no sabe que un semáforo en rojo indica que hay que detenerse?) sino de conciencia, de apego a la noción de bien común, tanto de parte de los conductores como de los peatones”, agregó.
En su opinión, existe una especie de “rebeldía no creativa” que contribuye a elevar los niveles de irritabilidad en los ciudadanos. “Si cada uno hace lo que quiere por convicción o por prepotencia, entonces se genera un ambiente agresivo”, señaló e insistió en que el ordenamiento del espacio no soluciona las cuestiones de fondo, pero sí colabora para que los ciudadanos vivan un poco mejor.