28 Enero 2007 Seguir en 
“Es una conducta aprendida. No nacemos violentos; nos volvemos violentos cuando reemplazamos la palabra por el golpe -asegura Lucía Briones, jefa del Departamento de Violencia Familiar de la Municipalidad-. Todos tenemos una cuota de agresividad que nos permite enfrentar distintos aspectos de la vida. Pero cuando no podemos poner en palabras lo que nos molesta, surge la reacción violenta”.
Este es un fenómeno eminentemente urbano, que no afecta sólo a Tucumán. “Todas las ciudades están muy violentas, la gente tiene un bajísimo umbral de tolerancia. Esa agresividad se ve reflejada en el tránsito del centro, y no sólo en la gente que maneja un auto sino también en los peatones”, opinó y afirmó que, una vez que aparece, esta conducta se “naturaliza” como una manera fácil de resolver los conflictos. “El niño la aprende en su casa. Es allí donde vive por primera vez la violencia. No hace falta que sea una víctima directa; le hace daño ser testigo de la violencia”, explicó.
Un chico que es víctima o testigo de la violencia doméstica tiene altas posibilidades de repetir esas conductas en otros ámbitos. Es común que empiece a tener conductas agresivas en la escuela, dice Briones, o que no acepte reglas ni normas. Ya más grande, esta actitud se puede trasladar a otros escenarios, como un boliche o la calle. “Son adolescentes con una gran intolerancia para aceptar lo que no está de acuerdo con ellos”, afirma.
De allí a cometer un delito hay un paso, según Briones. “La persona que se conduce agresivamente es más propensa a violar la ley. Está en su personalidad creer que pueden que llevarse el mundo por delante”, dice.
Una manera de enfrentar esta situación es revisar qué valores se inculcan a los chicos en sus casas. “Hasta hace unos años la educación era demasiado rígida, pero parece que no podemos encontrar un punto medio, y ahora lo que vemos es una tremenda falta de transmisión de valores y de respeto a las ideas del otro”, dice.
Las mujeres suelen ser víctimas de la violencia. “Tenemos dos casos paradigmáticos de mujeres víctimas de violencia por parte de vecinos. En ambos, se trata de personas vulnerables: una señora mayor a la que el vecino le usurpó parte de su terreno y una mujer joven con dos hijos, a la que un vecino atormenta con música a un volumen insoportable, insultos y pedreas a la casa. Esta última reaccionó e hizo la denuncia cuando su hijo de 12 años le dijo que prefería morirse antes que seguir viviendo en esas condiciones”, relató.
Briones cree que para empezar a resolver la situación de violencia en la sociedad hacen falta respuestas desde el punto de vista legal, pero también económico y social. “Todos vivirían más relajados si contaran con buen sueldo, con acceso a la salud y con una buena organización ciudadana”, señaló.
Este es un fenómeno eminentemente urbano, que no afecta sólo a Tucumán. “Todas las ciudades están muy violentas, la gente tiene un bajísimo umbral de tolerancia. Esa agresividad se ve reflejada en el tránsito del centro, y no sólo en la gente que maneja un auto sino también en los peatones”, opinó y afirmó que, una vez que aparece, esta conducta se “naturaliza” como una manera fácil de resolver los conflictos. “El niño la aprende en su casa. Es allí donde vive por primera vez la violencia. No hace falta que sea una víctima directa; le hace daño ser testigo de la violencia”, explicó.
Un chico que es víctima o testigo de la violencia doméstica tiene altas posibilidades de repetir esas conductas en otros ámbitos. Es común que empiece a tener conductas agresivas en la escuela, dice Briones, o que no acepte reglas ni normas. Ya más grande, esta actitud se puede trasladar a otros escenarios, como un boliche o la calle. “Son adolescentes con una gran intolerancia para aceptar lo que no está de acuerdo con ellos”, afirma.
De allí a cometer un delito hay un paso, según Briones. “La persona que se conduce agresivamente es más propensa a violar la ley. Está en su personalidad creer que pueden que llevarse el mundo por delante”, dice.
Una manera de enfrentar esta situación es revisar qué valores se inculcan a los chicos en sus casas. “Hasta hace unos años la educación era demasiado rígida, pero parece que no podemos encontrar un punto medio, y ahora lo que vemos es una tremenda falta de transmisión de valores y de respeto a las ideas del otro”, dice.
Las mujeres suelen ser víctimas de la violencia. “Tenemos dos casos paradigmáticos de mujeres víctimas de violencia por parte de vecinos. En ambos, se trata de personas vulnerables: una señora mayor a la que el vecino le usurpó parte de su terreno y una mujer joven con dos hijos, a la que un vecino atormenta con música a un volumen insoportable, insultos y pedreas a la casa. Esta última reaccionó e hizo la denuncia cuando su hijo de 12 años le dijo que prefería morirse antes que seguir viviendo en esas condiciones”, relató.
Briones cree que para empezar a resolver la situación de violencia en la sociedad hacen falta respuestas desde el punto de vista legal, pero también económico y social. “Todos vivirían más relajados si contaran con buen sueldo, con acceso a la salud y con una buena organización ciudadana”, señaló.








