22 Enero 2007 Seguir en 
Existen tres aspectos en los que las mujeres son las principales víctimas, tanto en la calle como en sus propias casas.
Por un lado, un gran número de mujeres ha sufrido violencia en las calles como resultado de arrebatos y de otras modalidades de delitos contra la propiedad. Ser víctima de estos delitos se traduce para la mujer en temor, acompañado con frecuencia por daños físicos y psicológicos severos. Altera además sencillas costumbres cotidianas, tales como realizar las compras en el barrio, esperar en la parada del ómnibus o acompañar a los niños a la escuela.
Más grave aún es la alarmante frecuencia de atentados de índole sexual. Para tener una dimensión de la gravedad del problema, hay que tener en cuenta que en Canadá, un país con mejores recursos y programas más avanzados que los nuestros, las encuestas nacionales en años recientes indican que sólo el 8% de los asaltos con motivación sexual se reporta a la Policía, y que el uso de alcohol por parte del agresor ha estado ligado a más de la mitad de los casos de violación. Además, las victimas son com mayor frecuencia mujeres menores de 25 años.
El tercer grupo lo forman las mujeres golpeadas. Los estudios especializados recomiendan que la violencia doméstica sobre las mujeres sea tratada como una gran preocupación de salud pública y de la Justicia Penal en nuestro país.
El gran número de violaciones, asaltos físicos y acosos cometidos contra mujeres año tras año, y la temprana edad en la cual la violencia comienza a ejercerse contra un gran número de ellas evidencia que esta forma de violencia es endémica.
Por todo esto, debería meditarse profundamente si las estrategias actuales para prevenirla son eficaces.
Por un lado, un gran número de mujeres ha sufrido violencia en las calles como resultado de arrebatos y de otras modalidades de delitos contra la propiedad. Ser víctima de estos delitos se traduce para la mujer en temor, acompañado con frecuencia por daños físicos y psicológicos severos. Altera además sencillas costumbres cotidianas, tales como realizar las compras en el barrio, esperar en la parada del ómnibus o acompañar a los niños a la escuela.
Más grave aún es la alarmante frecuencia de atentados de índole sexual. Para tener una dimensión de la gravedad del problema, hay que tener en cuenta que en Canadá, un país con mejores recursos y programas más avanzados que los nuestros, las encuestas nacionales en años recientes indican que sólo el 8% de los asaltos con motivación sexual se reporta a la Policía, y que el uso de alcohol por parte del agresor ha estado ligado a más de la mitad de los casos de violación. Además, las victimas son com mayor frecuencia mujeres menores de 25 años.
El tercer grupo lo forman las mujeres golpeadas. Los estudios especializados recomiendan que la violencia doméstica sobre las mujeres sea tratada como una gran preocupación de salud pública y de la Justicia Penal en nuestro país.
El gran número de violaciones, asaltos físicos y acosos cometidos contra mujeres año tras año, y la temprana edad en la cual la violencia comienza a ejercerse contra un gran número de ellas evidencia que esta forma de violencia es endémica.
Por todo esto, debería meditarse profundamente si las estrategias actuales para prevenirla son eficaces.









