Soñar con un televisor pantalla plana
Un sondeo realizado sobre el balance 2006 de un grupo de tucumanos muestra un índice de satisfacción individual atado a los logros económicos. Objetivos "en cuotas". Por Nora Lía Jabif - Redacción LA GACETA.
02 Enero 2007 Seguir en 
La frustración es el abismo que existe entre aquello a lo que se aspira- exacerbado por el hiperconsumismo- y la posibilidad de concretarlo. Palabras más, palabras menos, así explica la socióloga Rosa Julia Bellizzi qué es lo que hay detrás de los balances de fin de año, que en su criterio son el hábito secularizado de lo que en todas las religiones conocemos como “examen de conciencia”.La opinión de Bellizzi viene a cuento de los resultados de una encuesta de LA GACETA en la que se indagó cómo les fue a los tucumanos en el año que acaba de terminar, y en la que se observa que “ser” es “tener”. El sondeo que ejecutó la consultora Sociología y Mercados para nuestro diario muestra, como ya viene sucediendo desde hace años, que los humores de los tucumanos bailan al ritmo del dinero. Casi la mitad de los encuestados afirmó que en el año 2006 su economía mejoró respecto del año anterior. Asociada a esa afirmación, más de la mitad de los entrevistados dijo haber cumplido “casi totalmente” con los proyectos que se había fijado para el año viejo, de lo cual se infiere que hay una relación entre logro económico y proyectos cumplidos. En su interpretación de las respuestas logradas, los expertos de la consultora señalan, como datos alentadores, que- contrariamente a lo que suele pensarse de “la juventud”- un gran porcentaje de los jóvenes entrevistados respondió que sí tienen proyectos. “Sólo un 8,8 % respondió que no se había propuesto ningún objetivo”, destacan los responsables de la muestra. ¿Por qué importa ese dato? Porque detrás de la acción de “fijarse objetivos” está siempre la capacidad de proyectar, o de imaginar un futuro posible.
Hasta aquí, los datos alentadores de la muestra. Pero hay otros. Por ejemplo, que entre aquellos que han pasado la barrera de los 60 años, más de la cuarta parte de los encuestados afirma que no hicieron proyectos. No les ilusiona el futuro. Como bien señala la psiquiatra María Eugenia Almaraz, ese resultado muestra que esta sociedad no trata bien a sus mayores. Con sentido común, la misma profesional apunta que hay una categoría que no aparece en esa fotografía sesgada de la realidad que son las encuestas, y que es la de los excluidos. Precisamente, entre los excluidos están -entre otros- el segmento de la llamada “tercera edad” y muchos niños y jóvenes que apenas pasan de la línea de pobreza, y cuyo mayor proyecto, en esta “primavera consumista” que se respira en el aire, podrá ser la compra de electrodomésticos, o de la esperada moto en cuotas.
En la segunda entrega del mismo sondeo, que aparece en la edición de hoy de LA GACETA, surge que el mayor pedido de los tucumanos para el 2007 es “más trabajo” (70 % ), seguido, en este orden, por “más educación” (47,4%), “más seguridad” (34,7%) y -lejos en los porcentajes -“más cultura” (14,5%). Sobre este último porcentaje, hay que decir que no sólo es magro, sino que es una aspiración compartida entre los que tienen más de 40 años. En otras palabras, que no es un tema que les preocupe a las nuevas generaciones. De todos modos, en un ejercicio esforzado de optimismo, se podrá decir que la búsqueda de más educación podría contener al valor “cultura”.
De acuerdo a un estudio comparativo con todo el mapa argentino que realizó el Instituto para el Desarrollo de las Economías Regionales, Tucumán aparece entre las provincias que tienen sus salarios reales más deteriorados, junto con Santiago del Estero. En la misma sintonía, una consultora privada -Delphos- ha ubicado a la Provincia en el puesto número 17 de entre las 24 de la Argentina, por la “falta de diversificación de su economía y escasa infraestructura”, entre otras variables que indican falta de desarrollo.
De ahí, quizás, la explicación a tanta insistencia de la gente en la economía y a la búsqueda de más trabajo, por sobre otros reclamos igualmente esenciales para una mejor calidad de vida de las personas, de la sociedad y de las instituciones.
Al Estado le toca trabajar -desde la Educación, desde la Cultura, desde el fomento a la inversión privada- para que esos objetivos “cortoplacistas” e individuales adquieran dimensión social y productiva. De otro modo, se corre el riesgo de que la mayor ilusión de muchos tucumanos siga siendo la compra del último televisor pantalla plana. Eso pasa cuando no hay resto para soñar por más.







