31 Diciembre 2006 Seguir en 
Ya parece haberse convertido en una tradición en la Argentina de la última década: la marcha de la economía es la medida de los humores de los ciudadanos. Por lo menos, eso es lo que se infiere de un estudio de opinión que desarrolló en Tucumán la consultora Sociología y Mercado para LA GACETA, para conocer si los tucumanos lograron los objetivos que se habían fijado para el año 2006. En el muestreo, casi la mitad de los consultados responde que su economía mejoró respecto del año anterior, y un porcentaje parecido afirma haber cumplido “en parte” con lo que se había trazado para el ciclo que cierra hoy.
“Desde una mirada económica de 2006, se puede observar una fuerte incidencia de la economía en la percepción del logro de los objetivos personales”, asocian los expertos Roxana Laks y Julio Chit, responsables de “Sociología y Mercado”.
La consultora hizo el estudio entre el 15 y el 19 de diciembre, sobre un universo de 600 casos, con el método de encuesta telefónica a personas de entre 18 y 70 años, en la ciudad de Tucumán y en otros doce municipios de la provincia.
“Es importante destacar que el 77,5% de los tucumanos encuestados ha cumplido sus objetivos propuestos para 2006, de manera total o parcial”, observaron Laks y Chit. En su interpretación de las respuestas, los expertos destacan el bajo porcentaje de encuestados “sin objetivos propuestos”, que alcanza al 8,8%. Sobre ese dato, opinan que la situación económica de estabilidad del año que termina “favoreció en cierta forma la posibilidad de planificar y de establecer metas”. “Por lo general -añaden en ese punto-, las personas, cuando poseen un entorno estable, se permiten mirar al futuro más allá de lo inmediato y de lo contingente.
“La mayor estabilidad da paso a la posibilidad de prever. El hecho de planificar metas para un año requiere, de alguna manera, de un marco de estabilidad y seguridad en donde poder moverse”.
Entre las conclusiones de la consultora, se destaca también que quienes más se fijan objetivos parecen ser los jóvenes.
“Es importante destacar que el segmento de entre 26 y 40 años (los que están en la franja de la Población Económicamente Activa) son los que más se ponen objetivos.
En este grupo, el 23% los cumplió totalmente, el 60% en parte, y el 13,9% no logró cumplirlos. De los que respondieron “no haberse puesto objetivos”, un 43% corresponde a mayores de 60 años”, remarcan. Así como a los consultores los sorprendió encontrar que los más jóvenes se fijan metas, se enfatiza en la falta de expectativas que han encontrado en las personas mayores de 60 años. En el primer rango de edad (de los 18 a los 25 años), sólo el 9,9% de los encuestados no se puso objetivos para el año 2006; entre los 26 y los 40 años, sólo un 2,4% no se trazó su plan anual. Entre los consultados que han pasado los 60 años, más de la cuarta parte de los encuestados (el 27,7%) respondió que no se puso objetivos para el 2006.
“Nos sorprende el dato de los más jóvenes, pero no debería ser así. Los más chicos se fijan objetivos, tales como estudiar o conseguir el primer empleo”, interpretó Julio Chit.
Cuestión de género
Otra particularidad que surge del sondeo de Sociología y Mercado es que los hombres se fijan más objetivos a largo plazo que las mujeres. En la perspectiva de Roxana Laxs, ese resultado tiene una explicación ‘“desde el género”.
“Creo que tiene que ver con las responsabilidades laborales. En el caso de la mujer, su objetivo es más cotidiano que a largo plazo; está más atada a las tareas diarias, a la atención al hogar y a la familia”, apuntó.
Sin embargo, la experta advierte: “hay un sector de la sociedad, al que eufemísticamente llamamos excluidos, que no participa de esa posibilidad de proyectar, de pensarse en un futuro, aunque este sea más o menos inmediato.
“Hay una palabra tremenda, que es excluyente; es la palabra ‘pobres’. La pobreza genera pérdida de identidad. Y una de las formas más fuertes de la exclusión es haber perdido la identidad”, afirmó la especialista, desde Buenos Aires, ante una consulta telefónica de LA GACETA.
“Hacer un balance no sólo tiene que ver con fijarse objetivos: puede tener que ver con un carácter de reflexión para modificar ciertas conductas; o un estado de depresión o- inclusive- con estados de exclusión. Porque si ese balance no viene enganchado con la posibilidad de cambiar, si estoy permanentemente con la ñata contra el vidrio, mirando lo que no puedo alcanzar, la sensación de frustración es muy fuerte”, reflexionó la socióloga.
Grabarse metas
“Tiene sentido fijarse objetivos toda vez que uno tiene un proyecto o tiene un plan: lo que es importante es saber que esos planes pueden ser formales o informales. En el caso de un proyecto formal, es indispensable no sólo fijar los objetivos, sino que estos queden grabados de alguna manera”, observa la experta. Sin embargo, advierte: “los objetivos de vida no están grabados necesariamente en una tablilla, porque tienen que ser motivo de una reflexión constante, porque el ser humano es una entidad cambiante, con movilidad. Tendría poco sentido estar pensando en las etiquetas, en estar anotándolo todo; salvo en los casos en los cuales, por determinados motivos, se han fijado objetivos a corto plazo (adelgazar, dejar de fumar...)”. Ante situaciones de esa índole, recomienda encarar una especie de guía, o de diario privado, donde la persona se va fijando metas, y las va revisando. “En casi todas las creencias existe el examen de conciencia. Cuando no queremos llamarlo examen de conciencia, lo llamamos balance de lo realizado”, dijo.
¿Por qué un balance de fin de año? “Porque es un tiempo en el que se movilizan los afectos. Y hay balances de situaciones de pérdidas objetivas (la muerte de un ser querido, por ejemplo), que son las más difíciles de manejar. Por otro lado, está la frustración de los proyectos no realizados. Pero eso tiene un antídoto, que es la esperanza”, concluyó.
“Desde una mirada económica de 2006, se puede observar una fuerte incidencia de la economía en la percepción del logro de los objetivos personales”, asocian los expertos Roxana Laks y Julio Chit, responsables de “Sociología y Mercado”.
La consultora hizo el estudio entre el 15 y el 19 de diciembre, sobre un universo de 600 casos, con el método de encuesta telefónica a personas de entre 18 y 70 años, en la ciudad de Tucumán y en otros doce municipios de la provincia.
“Es importante destacar que el 77,5% de los tucumanos encuestados ha cumplido sus objetivos propuestos para 2006, de manera total o parcial”, observaron Laks y Chit. En su interpretación de las respuestas, los expertos destacan el bajo porcentaje de encuestados “sin objetivos propuestos”, que alcanza al 8,8%. Sobre ese dato, opinan que la situación económica de estabilidad del año que termina “favoreció en cierta forma la posibilidad de planificar y de establecer metas”. “Por lo general -añaden en ese punto-, las personas, cuando poseen un entorno estable, se permiten mirar al futuro más allá de lo inmediato y de lo contingente.
“La mayor estabilidad da paso a la posibilidad de prever. El hecho de planificar metas para un año requiere, de alguna manera, de un marco de estabilidad y seguridad en donde poder moverse”.
Entre las conclusiones de la consultora, se destaca también que quienes más se fijan objetivos parecen ser los jóvenes.
“Es importante destacar que el segmento de entre 26 y 40 años (los que están en la franja de la Población Económicamente Activa) son los que más se ponen objetivos.
En este grupo, el 23% los cumplió totalmente, el 60% en parte, y el 13,9% no logró cumplirlos. De los que respondieron “no haberse puesto objetivos”, un 43% corresponde a mayores de 60 años”, remarcan. Así como a los consultores los sorprendió encontrar que los más jóvenes se fijan metas, se enfatiza en la falta de expectativas que han encontrado en las personas mayores de 60 años. En el primer rango de edad (de los 18 a los 25 años), sólo el 9,9% de los encuestados no se puso objetivos para el año 2006; entre los 26 y los 40 años, sólo un 2,4% no se trazó su plan anual. Entre los consultados que han pasado los 60 años, más de la cuarta parte de los encuestados (el 27,7%) respondió que no se puso objetivos para el 2006.
“Nos sorprende el dato de los más jóvenes, pero no debería ser así. Los más chicos se fijan objetivos, tales como estudiar o conseguir el primer empleo”, interpretó Julio Chit.
Cuestión de género
Otra particularidad que surge del sondeo de Sociología y Mercado es que los hombres se fijan más objetivos a largo plazo que las mujeres. En la perspectiva de Roxana Laxs, ese resultado tiene una explicación ‘“desde el género”.
“Creo que tiene que ver con las responsabilidades laborales. En el caso de la mujer, su objetivo es más cotidiano que a largo plazo; está más atada a las tareas diarias, a la atención al hogar y a la familia”, apuntó.
El antídoto que vence a la frustración es la esperanza
En esta sociedad que privilegia el “tener” al “ser”, las aspiraciones de la gente, estimuladas por la publicidad y por el mercado, crecen en progresión geométrica; en tanto que el nivel de gratificaciones crece en progresión aritmética. “La distancia que hay entre las aspiraciones y las gratificaciones se llama frustración”, grafica la socióloga y consultora en Comunicación Rosa Julia Bellizzi, cuando se le pregunta por el sentido de trazarse metas, y de los posteriores balances que esas expectativas generan.Sin embargo, la experta advierte: “hay un sector de la sociedad, al que eufemísticamente llamamos excluidos, que no participa de esa posibilidad de proyectar, de pensarse en un futuro, aunque este sea más o menos inmediato.
“Hay una palabra tremenda, que es excluyente; es la palabra ‘pobres’. La pobreza genera pérdida de identidad. Y una de las formas más fuertes de la exclusión es haber perdido la identidad”, afirmó la especialista, desde Buenos Aires, ante una consulta telefónica de LA GACETA.
“Hacer un balance no sólo tiene que ver con fijarse objetivos: puede tener que ver con un carácter de reflexión para modificar ciertas conductas; o un estado de depresión o- inclusive- con estados de exclusión. Porque si ese balance no viene enganchado con la posibilidad de cambiar, si estoy permanentemente con la ñata contra el vidrio, mirando lo que no puedo alcanzar, la sensación de frustración es muy fuerte”, reflexionó la socióloga.
Grabarse metas
“Tiene sentido fijarse objetivos toda vez que uno tiene un proyecto o tiene un plan: lo que es importante es saber que esos planes pueden ser formales o informales. En el caso de un proyecto formal, es indispensable no sólo fijar los objetivos, sino que estos queden grabados de alguna manera”, observa la experta. Sin embargo, advierte: “los objetivos de vida no están grabados necesariamente en una tablilla, porque tienen que ser motivo de una reflexión constante, porque el ser humano es una entidad cambiante, con movilidad. Tendría poco sentido estar pensando en las etiquetas, en estar anotándolo todo; salvo en los casos en los cuales, por determinados motivos, se han fijado objetivos a corto plazo (adelgazar, dejar de fumar...)”. Ante situaciones de esa índole, recomienda encarar una especie de guía, o de diario privado, donde la persona se va fijando metas, y las va revisando. “En casi todas las creencias existe el examen de conciencia. Cuando no queremos llamarlo examen de conciencia, lo llamamos balance de lo realizado”, dijo.
¿Por qué un balance de fin de año? “Porque es un tiempo en el que se movilizan los afectos. Y hay balances de situaciones de pérdidas objetivas (la muerte de un ser querido, por ejemplo), que son las más difíciles de manejar. Por otro lado, está la frustración de los proyectos no realizados. Pero eso tiene un antídoto, que es la esperanza”, concluyó.
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