07 Abril 2006 Seguir en 
“Borges incita a pensar, y pensar es también recordar con el corazón; es conmemorar, llamar algo a nuestra presencia. Este coloquio no es un encuentro de eruditos sino un espacio de disfrute, de goce estético, de diálogo inteligente, abierto a todos los que quieran hablar de Borges y, a propósito de Borges, de todas aquellas cosas que anidan en nuestro espíritu”. Con esta invitación, Cristina Bulacio, directora del Instituto de Estudios Antropológicos y Filosofía de la Religión, inauguró ayer el “Coloquio Borges, a 20 años de su muerte”, en el Centro Cultural Eugenio Virla.
Luego de la interpretación de la pianista Susana Awad, Cristina Bulacio se refirió al valor de la obra de Jorge Luis Borges. “Formado en la tradición europea, pudo aunar en una obra mayor, única, lo mejor de ambos lados del Atlántico, con sello argentino y estilo universal”, señaló. Luego, Elena Rojas Mayer, decana de la Facultad de Filosofía y Letras, hizo hincapié en la “popularidad” de Borges. “La muerte del escritor en Ginebra conmocionó no sólo al público culto, sino a toda la gente”, recordó.
Recuerdo de una visita
El director de Cultura, Mauricio Guzman, destacó la importancia de que la Universidad trabaje en conjunto con la Provincia. Terminó su intervención con la lectura del poema “Los justos”, que fue celebrado por el público (unas 250 personas) con un fuerte aplauso.
Por último, Carlos Fernández, vicerrector de la UNT, recordó la venida de Borges a Tucumán, con motivo de la entrega del título de “Doctor Honoris Causa” a cargo de la Universidad Nacional de Tucumán. Finalizó con una suerte de despedida de su gestión al frente de la UNT, ya que termina su mandato. Pidió disculpas por las omisiones o los errores que pudiera haber cometido durante su gestión, que compartió con Mario Marigliano.
Al terminar el coloquio, muchos de los presentes se detuvieron a mirar la colección de documentos borgeanos del biógrafo y curador Alejandro Vaccaro, que también disertó ayer. El próximo destino de la muestra es la Biblioteca de Alejandría.
“Luego de haber transcurrido dos décadas desde la muerte de Jorge Luis Borges, siguen apareciendo textos de su autoría que, o bien estaban inéditos, descansando en manuscritos, a la espera de su oportunidad de ser reeditados, o bien se habían publicado en diarios o revistas casi secretos”. En su conferencia “Textos secretos y falsas atribuciones”, el biógrafo Alejandro Vaccaro hizo un recorrido por los distintos textos de dudosa autoría y vertió sus hipótesis .
“‘El enigma de la calle Arcos’ es una novela policial aparecida en 1932 en forma de folletín dentro del ya desaparecido diario ‘Crítica’. Luego fue editado por la editorial Am Bass, que anunciaba, en forma pomposa, que se trataba de la primera gran novela argentina de carácter policial. Estaba firmada por Sauli Lostal. El crítico literario argentino Juan Jacobo Bajarlía se ha empeñado en demostrar, sin ningún respaldo certero, que, detrás del seudónimo que firma la novela, se esconde Jorge Luis Borges”, cuenta Vaccaro.
Bajarlía aseguraba que Ulises Petit de Murat, codirector con Borges del suplemento Multicolor de los sábados del diario “Crítica”, le había visto “al correr de la máquina de escribir redactando los capítulos de la novela”. “Sabido es que Borges jamás utilizó la máquina. Los que trabajaron con él jamás lo vieron utilizarla; incluso un sobrino me dijo que Borges tenía problemas hasta para encender la radio”, comentó el biógrafo.
“En algunos casos, las atribuciones erróneas se debieron a confusiones, pero en otras a verdaderos agravios”, consignó.
Luego de la interpretación de la pianista Susana Awad, Cristina Bulacio se refirió al valor de la obra de Jorge Luis Borges. “Formado en la tradición europea, pudo aunar en una obra mayor, única, lo mejor de ambos lados del Atlántico, con sello argentino y estilo universal”, señaló. Luego, Elena Rojas Mayer, decana de la Facultad de Filosofía y Letras, hizo hincapié en la “popularidad” de Borges. “La muerte del escritor en Ginebra conmocionó no sólo al público culto, sino a toda la gente”, recordó.
Recuerdo de una visita
El director de Cultura, Mauricio Guzman, destacó la importancia de que la Universidad trabaje en conjunto con la Provincia. Terminó su intervención con la lectura del poema “Los justos”, que fue celebrado por el público (unas 250 personas) con un fuerte aplauso.
Por último, Carlos Fernández, vicerrector de la UNT, recordó la venida de Borges a Tucumán, con motivo de la entrega del título de “Doctor Honoris Causa” a cargo de la Universidad Nacional de Tucumán. Finalizó con una suerte de despedida de su gestión al frente de la UNT, ya que termina su mandato. Pidió disculpas por las omisiones o los errores que pudiera haber cometido durante su gestión, que compartió con Mario Marigliano.
Al terminar el coloquio, muchos de los presentes se detuvieron a mirar la colección de documentos borgeanos del biógrafo y curador Alejandro Vaccaro, que también disertó ayer. El próximo destino de la muestra es la Biblioteca de Alejandría.
Justifican sus virajes literarios

Cuando Jorge Luis Borges vio el éxito que había obtenido su gran amigo Ricardo Güiraldes, en los años 60, con su obra “Don Segundo Sombra”, le pareció un “éxito desmedido”. En 1955, con motivo de la publicación de la novela de Adolfo Bioy Casares “El sueño de los héroes”, Borges se lo hizo saber. En una reseña que escribió sobre este último libro, el autor de “El Aleph” hizo un elogio muy llamativo del autor y además comparó esta obra con “Don Segundo Sombra”, asegurando que la novela de Bioy era superior a la de Güiraldes.
En su conferencia “Borges y Bioy Casares: el sueño de los rivales”, la escritora Ivonne Bordelois (“El país que nos habla”) rescató este episodio para demostrar el perfil humano, tangible y terrenal de uno de los autores argentinos más admirados del mundo. En un crítico análisis sobre la obra de Borges, con menciones a Güiraldes, a Bioy Casares y a Lugones, Bordelois destaca las rivalidades que había entre los escritores, que no sólo pintan su faz humana, sino que también explican algunos de sus “virajes” literarios.
“No debemos idolatrar a Borges como un personaje monolítico, sino aceptar y entender sus transformaciones, y reconocer sus grietas, sus cambios y sus diferentes opciones”, señaló.
“Este éxito de ‘Don Segundo Sombra¡ oscureció por un tiempo la figura de Borges. Luego fue cambiando sus preferencias literarias, y pasó del neocriollismo, que había cultivado junto a Güiraldes, a una literatura diferente, que ejerció junto a Bioy, con quien escribió varios libros”, indicó.

Cuando Jorge Luis Borges vio el éxito que había obtenido su gran amigo Ricardo Güiraldes, en los años 60, con su obra “Don Segundo Sombra”, le pareció un “éxito desmedido”. En 1955, con motivo de la publicación de la novela de Adolfo Bioy Casares “El sueño de los héroes”, Borges se lo hizo saber. En una reseña que escribió sobre este último libro, el autor de “El Aleph” hizo un elogio muy llamativo del autor y además comparó esta obra con “Don Segundo Sombra”, asegurando que la novela de Bioy era superior a la de Güiraldes.
En su conferencia “Borges y Bioy Casares: el sueño de los rivales”, la escritora Ivonne Bordelois (“El país que nos habla”) rescató este episodio para demostrar el perfil humano, tangible y terrenal de uno de los autores argentinos más admirados del mundo. En un crítico análisis sobre la obra de Borges, con menciones a Güiraldes, a Bioy Casares y a Lugones, Bordelois destaca las rivalidades que había entre los escritores, que no sólo pintan su faz humana, sino que también explican algunos de sus “virajes” literarios.
“No debemos idolatrar a Borges como un personaje monolítico, sino aceptar y entender sus transformaciones, y reconocer sus grietas, sus cambios y sus diferentes opciones”, señaló.
“Este éxito de ‘Don Segundo Sombra¡ oscureció por un tiempo la figura de Borges. Luego fue cambiando sus preferencias literarias, y pasó del neocriollismo, que había cultivado junto a Güiraldes, a una literatura diferente, que ejerció junto a Bioy, con quien escribió varios libros”, indicó.
Analizan los textos secretos


“Luego de haber transcurrido dos décadas desde la muerte de Jorge Luis Borges, siguen apareciendo textos de su autoría que, o bien estaban inéditos, descansando en manuscritos, a la espera de su oportunidad de ser reeditados, o bien se habían publicado en diarios o revistas casi secretos”. En su conferencia “Textos secretos y falsas atribuciones”, el biógrafo Alejandro Vaccaro hizo un recorrido por los distintos textos de dudosa autoría y vertió sus hipótesis .
“‘El enigma de la calle Arcos’ es una novela policial aparecida en 1932 en forma de folletín dentro del ya desaparecido diario ‘Crítica’. Luego fue editado por la editorial Am Bass, que anunciaba, en forma pomposa, que se trataba de la primera gran novela argentina de carácter policial. Estaba firmada por Sauli Lostal. El crítico literario argentino Juan Jacobo Bajarlía se ha empeñado en demostrar, sin ningún respaldo certero, que, detrás del seudónimo que firma la novela, se esconde Jorge Luis Borges”, cuenta Vaccaro.
Bajarlía aseguraba que Ulises Petit de Murat, codirector con Borges del suplemento Multicolor de los sábados del diario “Crítica”, le había visto “al correr de la máquina de escribir redactando los capítulos de la novela”. “Sabido es que Borges jamás utilizó la máquina. Los que trabajaron con él jamás lo vieron utilizarla; incluso un sobrino me dijo que Borges tenía problemas hasta para encender la radio”, comentó el biógrafo.
“En algunos casos, las atribuciones erróneas se debieron a confusiones, pero en otras a verdaderos agravios”, consignó.
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