02 Abril 2006 Seguir en 
El incesante zumbido es de temer. La abejas están violentas; tan irritadas que muchas enhebran con ahínco sus aguijones en los trajes protectores para caer muertas y dejar tras de sí las minúsculas tripas amarronadas. Ante el destape de una nueva colmena, el agudo silbido se intensifica y los presentes apenas respiran.
Una de las expertas presiona el ahumador para apaciguar a miles de abejas que amenazan con picar hasta los huesos. El ambiente se vuelve gris y, mientras crece el temor de quienes desconocen la silenciosa labor del apicultor, otra experta vierte almíbar en la colmena para alimentar a las diminutas fieras.
Los mayores tienen miedo
Los que saben del tema piden calma a los invitados, que, paralizados, se miran aterrados e indefensos pese al mameluco. Según les advierten en un susurro, "hay que estar tranquilos, estos bichos son como los perros: huelen el miedo humano".
Lo curioso es que los temerosos son los mayores, mientras que los expertos son chicos de tercero de Polimodal de la escuela Agrotécnica de Los Sarmiento.
"En convenio con el Inta agregamos esta práctica en la currícula hace seis meses. El objetivo es convertirla en un emprendimiento que también les dé ganancias económicas a los chicos con la venta de la miel y, además, abastecer al comedor escolar", explicó la directora, Edelmira Gómez.
El gran incentivo que tienen los estudiantes es pagarse el viaje de egresados, como lo hicieron los del año pasado gracias al cultivo y a la venta de zapallo primicia.
Este emprendimiento, que ya empezó a gestarse de nuevo, dio ganancias que superaron los $ 6.000. Alcanzó para que viajaran 20 egresados a Carlos Paz y para rifar dos pasajes entre los demás alumnos de la escuela.
Compañerismo
"Era la primera vez que salían de viaje. Fue un logro que los hizo madurar mucho: se lo ganaron con trabajo, esfuerzo y compañerismo.
Además, la ayuda de los padres agricultores fue incondicional", agregó Gómez.
Gracias a un programa nacional, la Agrotécnica recibió 10 mamelucos para hacer apicultura y 10 colmenas que, según estimó el profesor Jorge Montenegro, darán uno 18 kilos de miel cada una.
"Vamos a papear"
La escuela Agrotécnica tiene 29 años y es la única secundaria del pueblo, en el que viven unos 7.000 habitantes. A ella concurren 320 alumnos que hacen doble turno y que egresan con el título de técnico agropecuario. "El 10% de los chicos trabaja en el campo.
Es común escucharlos decir ?vamos a papear?, por el cultivo de la papa. La escuela entiende lo sacrificado que es estudiar y trabajar; por eso considera los períodos de cosechas, aunque la deserción no es muy alta", comentó Benjamín Pastorina, profesor fundador.
"Soy tractorista de mi abuelo desde los 13; cultivamos choclo. Aprendí mucho, pero me gustaría ser oficial de la Policía", contó Mariano Vega, de 17 años.
"Trabajo en la zafra desde los nueve. Vivo desvelado, porque son años de sequías y hay que regar el campo de noche. Me gustaría ser técnico en Higiene y Seguridad", terció Jesús Garay (17).
"Me encanta trabajar con las abejas; ya no me duelen sus picaduras. Además, hasta les armamos las colmenas. Me gustaría dedicarme a esto en el futuro", confesó Emilia Priotti (16).
Una de las expertas presiona el ahumador para apaciguar a miles de abejas que amenazan con picar hasta los huesos. El ambiente se vuelve gris y, mientras crece el temor de quienes desconocen la silenciosa labor del apicultor, otra experta vierte almíbar en la colmena para alimentar a las diminutas fieras.
Los mayores tienen miedo
Los que saben del tema piden calma a los invitados, que, paralizados, se miran aterrados e indefensos pese al mameluco. Según les advierten en un susurro, "hay que estar tranquilos, estos bichos son como los perros: huelen el miedo humano".
Lo curioso es que los temerosos son los mayores, mientras que los expertos son chicos de tercero de Polimodal de la escuela Agrotécnica de Los Sarmiento.
"En convenio con el Inta agregamos esta práctica en la currícula hace seis meses. El objetivo es convertirla en un emprendimiento que también les dé ganancias económicas a los chicos con la venta de la miel y, además, abastecer al comedor escolar", explicó la directora, Edelmira Gómez.
El gran incentivo que tienen los estudiantes es pagarse el viaje de egresados, como lo hicieron los del año pasado gracias al cultivo y a la venta de zapallo primicia.
Este emprendimiento, que ya empezó a gestarse de nuevo, dio ganancias que superaron los $ 6.000. Alcanzó para que viajaran 20 egresados a Carlos Paz y para rifar dos pasajes entre los demás alumnos de la escuela.
Compañerismo
"Era la primera vez que salían de viaje. Fue un logro que los hizo madurar mucho: se lo ganaron con trabajo, esfuerzo y compañerismo.
Además, la ayuda de los padres agricultores fue incondicional", agregó Gómez.
Gracias a un programa nacional, la Agrotécnica recibió 10 mamelucos para hacer apicultura y 10 colmenas que, según estimó el profesor Jorge Montenegro, darán uno 18 kilos de miel cada una.
"Vamos a papear"
La escuela Agrotécnica tiene 29 años y es la única secundaria del pueblo, en el que viven unos 7.000 habitantes. A ella concurren 320 alumnos que hacen doble turno y que egresan con el título de técnico agropecuario. "El 10% de los chicos trabaja en el campo.
Es común escucharlos decir ?vamos a papear?, por el cultivo de la papa. La escuela entiende lo sacrificado que es estudiar y trabajar; por eso considera los períodos de cosechas, aunque la deserción no es muy alta", comentó Benjamín Pastorina, profesor fundador.
"Soy tractorista de mi abuelo desde los 13; cultivamos choclo. Aprendí mucho, pero me gustaría ser oficial de la Policía", contó Mariano Vega, de 17 años.
"Trabajo en la zafra desde los nueve. Vivo desvelado, porque son años de sequías y hay que regar el campo de noche. Me gustaría ser técnico en Higiene y Seguridad", terció Jesús Garay (17).
"Me encanta trabajar con las abejas; ya no me duelen sus picaduras. Además, hasta les armamos las colmenas. Me gustaría dedicarme a esto en el futuro", confesó Emilia Priotti (16).









