09 Enero 2006 Seguir en 
Los adolescentes cambian la rutina de la ciudad por la diversión y la libertad que se presenta cuando veranean entre amigos. San Pedro de Colalao es una de las villas veraniegas preferidas por los jóvenes; ellos afirmaron que en ese lugar tienen todo lo que necesitan: río, sol, boliche y nadie que los controle.
A las 15.30, Paula Lescano trata de hacer que sus compañeras de carpa se levanten luego de una noche llena de emociones. La bebida, la comida barata, los amigos ocasionales y la cumbia son una constante entre todos los grupos de chicos que visitan la villa. "Aquí hacemos todo al revés: nos acostamos a las 9 y nos levantamos a las 15. Todo el día es fiesta, y a la noche viene el descontrol. Después de salir del boliche, seguimos la movida en alguna carpa, con los chicos que conocimos esa noche", afirmaron entre risas y miradas cómplices, Luciana Vega, de 17 años, y Lorena Echeverría, de 16.
Luego de comer algo barato, que no pase los $4, todos se reúnen en la plaza. Las chicas, como salidas de una revista de moda, se pasean por la calle principal con anteojos oscuros, coloridas bikinis y polleritas que resaltan el bronceado, mientras que los varones, en caballo, improvisan alguna maniobra. "La plaza es el punto de encuentro. De aquí vamos directo al río", contó Paola Gutiérrez.
Por la tarde, Milagros Ruiz, Eugenia Páez, Gabriela y Guadalupe Goete bailan en ronda en la vereda de un bar, tomando alguna fresca bebida e invitando a los chicos de las mesas cercanas a acompañarlas. "Esto es lo previo. Primero tenés que enfiestarte un poco para la noche", relataron. "Las chicas están más descontroladas que nunca; así que nos toca a nosotros hacernos los difíciles", afirmaron Santiago Lucena y Cristian Aragón.
Vestidos y perfumados para ir bailar, Emanuel Gaitán (18) y sus amigos deciden que esta noche no será como la anterior, porque antes de entrar al boliche tomarán algo en un lugar distinto: el cementerio. "Está todo oscuro, y escuchás toda clase de ruidos. Pero por lo que tomaste, en vez de darte miedo, te da risa. Es una aventura, algo que en la ciudad no haríamos nunca", comentó.
Unas 2.000 personas bailaron en las cinco pistas de GL
Todos quieren entrar, hasta los más chicos; pero sólo los mayores de 16 pueden hacerlo. GL, el tradicional boliche de San Pedro de Colalao, inauguró este fin de semana la temporada. Cerca de 2.000 personas disfrutaron de las cinco pistas renovadas del local.
A la medianoche, se abrieron las puertas, mientras una larga fila esperaba todavía sacar las entradas. Recién a las 2, los chicos empezaron a ingresar. "Siempre entramos tarde porque primero esperamos que se llene", dijo Carla Ruiz, de 16 años.
Vestidas con polleras cortas, ojotas y mucho brillo, las chicas deslumbraban a los jóvenes, mucho menos producidos que ellas. "La onda es venir lindas, pero lo suficientemente cómodas para bailar hasta la mañana", afirmó Claudia Valdez, de 17 años, mientras bailaba en ronda con sus compañeras. Las adolescentes se quejaron porque a las 4 dejaron de vender bebidas alcohólicas, por orden del Instituto Provincial de Lucha contra el Alcoholismo (IPLA).
Pablo Lazarte, dueño del local bailable, comentó que el boliche incorporó este año pistas de reggae y de música de los 80 y 90. Además, se sumaron barras en las que estudiantes de gastronomía preparan tragos exóticos. El lugar ya contaba con una pista de cumbias y con una vip. "Queremos dirigirnos a los jóvenes mayores de 21; por eso incorporamos pistas nuevas para esas edades. Para los más chicos está la matiné de 16 a 20", contó.
A las 15.30, Paula Lescano trata de hacer que sus compañeras de carpa se levanten luego de una noche llena de emociones. La bebida, la comida barata, los amigos ocasionales y la cumbia son una constante entre todos los grupos de chicos que visitan la villa. "Aquí hacemos todo al revés: nos acostamos a las 9 y nos levantamos a las 15. Todo el día es fiesta, y a la noche viene el descontrol. Después de salir del boliche, seguimos la movida en alguna carpa, con los chicos que conocimos esa noche", afirmaron entre risas y miradas cómplices, Luciana Vega, de 17 años, y Lorena Echeverría, de 16.
Luego de comer algo barato, que no pase los $4, todos se reúnen en la plaza. Las chicas, como salidas de una revista de moda, se pasean por la calle principal con anteojos oscuros, coloridas bikinis y polleritas que resaltan el bronceado, mientras que los varones, en caballo, improvisan alguna maniobra. "La plaza es el punto de encuentro. De aquí vamos directo al río", contó Paola Gutiérrez.
Por la tarde, Milagros Ruiz, Eugenia Páez, Gabriela y Guadalupe Goete bailan en ronda en la vereda de un bar, tomando alguna fresca bebida e invitando a los chicos de las mesas cercanas a acompañarlas. "Esto es lo previo. Primero tenés que enfiestarte un poco para la noche", relataron. "Las chicas están más descontroladas que nunca; así que nos toca a nosotros hacernos los difíciles", afirmaron Santiago Lucena y Cristian Aragón.
Vestidos y perfumados para ir bailar, Emanuel Gaitán (18) y sus amigos deciden que esta noche no será como la anterior, porque antes de entrar al boliche tomarán algo en un lugar distinto: el cementerio. "Está todo oscuro, y escuchás toda clase de ruidos. Pero por lo que tomaste, en vez de darte miedo, te da risa. Es una aventura, algo que en la ciudad no haríamos nunca", comentó.
Unas 2.000 personas bailaron en las cinco pistas de GL
Todos quieren entrar, hasta los más chicos; pero sólo los mayores de 16 pueden hacerlo. GL, el tradicional boliche de San Pedro de Colalao, inauguró este fin de semana la temporada. Cerca de 2.000 personas disfrutaron de las cinco pistas renovadas del local.
A la medianoche, se abrieron las puertas, mientras una larga fila esperaba todavía sacar las entradas. Recién a las 2, los chicos empezaron a ingresar. "Siempre entramos tarde porque primero esperamos que se llene", dijo Carla Ruiz, de 16 años.
Vestidas con polleras cortas, ojotas y mucho brillo, las chicas deslumbraban a los jóvenes, mucho menos producidos que ellas. "La onda es venir lindas, pero lo suficientemente cómodas para bailar hasta la mañana", afirmó Claudia Valdez, de 17 años, mientras bailaba en ronda con sus compañeras. Las adolescentes se quejaron porque a las 4 dejaron de vender bebidas alcohólicas, por orden del Instituto Provincial de Lucha contra el Alcoholismo (IPLA).
Pablo Lazarte, dueño del local bailable, comentó que el boliche incorporó este año pistas de reggae y de música de los 80 y 90. Además, se sumaron barras en las que estudiantes de gastronomía preparan tragos exóticos. El lugar ya contaba con una pista de cumbias y con una vip. "Queremos dirigirnos a los jóvenes mayores de 21; por eso incorporamos pistas nuevas para esas edades. Para los más chicos está la matiné de 16 a 20", contó.









