Cuatro décadas a puro cine

Análisis. Por Juan Carlos Di Lullo

30 Noviembre 2005
Desde que se lo vio por primera vez en la pantalla ("¿Qué pasa, Pussycat?", 1965) se asoció su figura desgarbada con el humor absurdo, pero con el tiempo y, a través de cuatro decenas de películas muy diferentes entre sí, Woody Allen demostró que es uno de los grandes creadores de la historia del cine. En las primeras películas que dirigió, explotó la vena cómica y se ganó una legión de admiradores, cuyo número se incrementó a partir de títulos fundamentales en su filmografía. "Antes sólo había hecho chistes enganchados. Con Annie Hall, ("Dos extraños amantes") empecé a hacer películas", ha dicho él mismo, para marcar un punto de inflexión en su carrera. Porque resulta casi imposible elegir títulos que puedan marcar hitos en su carrera como realizador. Con todo, "Manhattan", "Hannah y sus hermanas", "Días de radio", y sobre todo, "Deconstruyendo a Harry", no pueden dejar de nombrarse dentro de su obra. Allen goza de mayor reconocimiento fuera de su país que entre sus connacionales. En la Argentina tiene una considerable legión de admiradores, que siempre esperan que el próximo estreno les revele la nueva joya del maestro. Y generalmente, Woody cumple con sus fanáticos.



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