07 Octubre 2005 Seguir en 
Por día se envían 66 millones de palabras cifradas en un argot que amenaza con extenderse y afincarse como instrumento de comunicación en todo el mundo.
Buenos Aires.- El fenómeno de los mensajes de texto, SMS por su sigla en inglés, pega fuerte entre los adolescentes y los jóvenes, cambia hábitos y genera polémicas.
Se calcula que utilizan ese servicio un 81 % de los usuarios de celulares, la mayoría menores de 25 años.
Muchos lo hacen usando una jerga basada en abreviaturas que trae dolores de cabeza a los defensores del idioma, que la acusan de ser arbitraria, de empobrecer la expresión y de amenazar el desarrollo de la capacidad crítica de los adolescentes.
Mientras la polémica crece, la cantidad de "mensajitos" enviados por día en el país creció de 18 a 66 millones en apenas cuatro meses. Y el cuestionado argot ya saltó de los teléfonos móviles a los avisos publicitarios, a los libros y hasta a las pruebas escritas que se presentan en los colegios.
Natalia tiene 15 años, un celular que lleva a todas partes y la costumbre de mandar, diariamente, entre 15 y 20 mensajes de texto para comunicarse con sus amigos. Pero no es todo.
Tiene también el hábito de usar en esos mensajes una jerga especial: cuando quiere pedir que le manden un mensaje, Natalia escribe "M1M", teclea "TQM" si su intención es decirle a alguien que lo quiere mucho y pone "cmnkt" si lo que quiere es que se comuniquen con ella. Del mismo modo escribe "toi nl cole" para informar que todavía no salió de la escuela e "ymam" si lo que quiere es que la llamen por teléfono.
Para expresar su tristeza teclea "bua!" y si quiere mandarle saludos a alguien lo hace combinando letras y números así: "salu2".
La misma variante admite opciones más complicadas, como este adocenado juramento de amor eterno: "x100pre jtos".
Fenómeno creciente
Lejos de sufrir de algún trastorno severo que le impide escribir con corrección, Natalia es protagonista de un fenómeno creciente: el auge de los mensajes de texto, convertidos en pasión entre miles de adolescentes, jóvenes y no tan jóvenes.
Una pasión de crecimiento explosivo que viene con polémica: porque la jerga utilizada en los "mensajitos" -que se caracteriza por un afán evidente de ahorrar caracteres, suprimiendo acentos, signos de puntuación y determinadas letras y reduciendo muchas palabras a un manojo impronunciable de consonantes- recibe duras críticas de los defensores de la lengua, que advierten sobre el riesgo de que su uso redunde en un empobrecimiento de la capacidad de expresión de los más chicos y hasta sugieren que puede amenazar el desarrollo de su pensamiento crítico.Claro que no todos piensan igual: otros creen que los códigos del celular representan apenas otro registro de la lengua escrita y que este argot pasará a la historia sin dejar huellas, como otros miles de lenguajes adolescentes y juveniles.
En aumento
Más allá de la polémica, los mensajes de texto representan un fenómeno de crecimiento vertiginoso, con numerosas aristas sociales y económicas, que cambia hábitos y mueve millones.
Los datos manejados por la consultora Price & Cook indican que en la Argentina se envía un promedio de 66 millones de mensajes de texto por día desde 17 millones de líneas de celular y que el segmento que más usa el servicio (Short Message Service, popularizado por su sigla SMS) es el de los menores de 25 años.
El efecto de la tendencia se nota sobre todo en las escuelas, donde el timbre del recreo desata la fiebre de los mensajes.
"Basta que suene el timbre para que los chicos salgan a leer y escribir mensajes. Eso los que tienen celular. Los que no, piden uno prestado", dice María de los Angeles Rekofsky, profesora de Lengua. Los chicos consultados, en tanto, aseguran que los mensajes se utilizan sobre todo para charlar con amigos, que normalmente son muy breves y concisos y que el uso del servicio se potencia los fines de semana, cuando hay que arreglar para salir. Los especialistas creen que la intención de ahorrar dinero (cada mensaje cuesta entre 10 y 12 centavos, pero tiene un límite de entre 150 y 160 caracteres) espacio en la pantalla de los telefonitos y tiempo, llevó a los usuarios adolescentes a crear la jerga de la polémica.
En todos lados
Una jerga que se convirtió en moda y que ya trascendió la pantalla de los celulares para colarse en la publicidad, en los libros -en Francia apareció recientemente el primero escrito íntegramente en lenguaje SMS- y hasta en las pruebas escritas y los trabajos que presentan los adolescentes en las escuelas, lo que genera más de un dolor de cabeza a los profesores.Frente a esa jaqueca inesperada hay quienes se rasgan las vestiduras y otros que decidieron tomar el toro por las astas: en algunas escuelas porteñas, por caso, ya existe el proyecto de enseñar gramática y ortografía a partir de la correción de mensajes de texto en clase.
Afán por abreviar
Si algo caracteriza al idioma de los celulares es el afán por abreviar. Todo aquello que se considera innecesario se desecha, según indican quienes estudiaron el particular argot, deudor del que se utiliza en los canales de chat de internet.
Pero le encuentran otras características: la intención de darle la espalda a la norma académica, estableciendo leyes propias, aunque arbitrarias y no universales.
Y ese rasgo tan propio de las jergas adolescentes y juveniles de hacerse inentendible para los legos.
Algunas de las reglas básicas que identifican quienes estudiaron el novedoso lenguaje son las que siguen: supresión de la letra "H" y de las mayúsculas en todos los casos, de la "E" -sobre todo cuando sigue a una consonante- de los acentos y de la mayoría de los signos de puntuación.Se conservan los signos de pregunta o admiración, pero se colocan sólo detrás de la frase. En virtud de estos lineamientos, por ejemplo, la coloquial frase "¿Qué hacés?" se transforma en "k acs?".
La letra "X" reemplaza a la "CH" (se escribe Xat en lugar de Chat) y la "Y" a la "LL" (llave se tranforma en yav). Se aprovecha todo el sonido de las consonantes (casa se transforma en ksa) y las frases más comunes se abrevian con sus iniciales (NPH es no puedo hablar).(NA)
Buenos Aires.- El fenómeno de los mensajes de texto, SMS por su sigla en inglés, pega fuerte entre los adolescentes y los jóvenes, cambia hábitos y genera polémicas.
Se calcula que utilizan ese servicio un 81 % de los usuarios de celulares, la mayoría menores de 25 años.
Muchos lo hacen usando una jerga basada en abreviaturas que trae dolores de cabeza a los defensores del idioma, que la acusan de ser arbitraria, de empobrecer la expresión y de amenazar el desarrollo de la capacidad crítica de los adolescentes.
Mientras la polémica crece, la cantidad de "mensajitos" enviados por día en el país creció de 18 a 66 millones en apenas cuatro meses. Y el cuestionado argot ya saltó de los teléfonos móviles a los avisos publicitarios, a los libros y hasta a las pruebas escritas que se presentan en los colegios.
Natalia tiene 15 años, un celular que lleva a todas partes y la costumbre de mandar, diariamente, entre 15 y 20 mensajes de texto para comunicarse con sus amigos. Pero no es todo.
Tiene también el hábito de usar en esos mensajes una jerga especial: cuando quiere pedir que le manden un mensaje, Natalia escribe "M1M", teclea "TQM" si su intención es decirle a alguien que lo quiere mucho y pone "cmnkt" si lo que quiere es que se comuniquen con ella. Del mismo modo escribe "toi nl cole" para informar que todavía no salió de la escuela e "ymam" si lo que quiere es que la llamen por teléfono.
Para expresar su tristeza teclea "bua!" y si quiere mandarle saludos a alguien lo hace combinando letras y números así: "salu2".
La misma variante admite opciones más complicadas, como este adocenado juramento de amor eterno: "x100pre jtos".
Fenómeno creciente
Lejos de sufrir de algún trastorno severo que le impide escribir con corrección, Natalia es protagonista de un fenómeno creciente: el auge de los mensajes de texto, convertidos en pasión entre miles de adolescentes, jóvenes y no tan jóvenes.
Una pasión de crecimiento explosivo que viene con polémica: porque la jerga utilizada en los "mensajitos" -que se caracteriza por un afán evidente de ahorrar caracteres, suprimiendo acentos, signos de puntuación y determinadas letras y reduciendo muchas palabras a un manojo impronunciable de consonantes- recibe duras críticas de los defensores de la lengua, que advierten sobre el riesgo de que su uso redunde en un empobrecimiento de la capacidad de expresión de los más chicos y hasta sugieren que puede amenazar el desarrollo de su pensamiento crítico.Claro que no todos piensan igual: otros creen que los códigos del celular representan apenas otro registro de la lengua escrita y que este argot pasará a la historia sin dejar huellas, como otros miles de lenguajes adolescentes y juveniles.
En aumento
Más allá de la polémica, los mensajes de texto representan un fenómeno de crecimiento vertiginoso, con numerosas aristas sociales y económicas, que cambia hábitos y mueve millones.
Los datos manejados por la consultora Price & Cook indican que en la Argentina se envía un promedio de 66 millones de mensajes de texto por día desde 17 millones de líneas de celular y que el segmento que más usa el servicio (Short Message Service, popularizado por su sigla SMS) es el de los menores de 25 años.
El efecto de la tendencia se nota sobre todo en las escuelas, donde el timbre del recreo desata la fiebre de los mensajes.
"Basta que suene el timbre para que los chicos salgan a leer y escribir mensajes. Eso los que tienen celular. Los que no, piden uno prestado", dice María de los Angeles Rekofsky, profesora de Lengua. Los chicos consultados, en tanto, aseguran que los mensajes se utilizan sobre todo para charlar con amigos, que normalmente son muy breves y concisos y que el uso del servicio se potencia los fines de semana, cuando hay que arreglar para salir. Los especialistas creen que la intención de ahorrar dinero (cada mensaje cuesta entre 10 y 12 centavos, pero tiene un límite de entre 150 y 160 caracteres) espacio en la pantalla de los telefonitos y tiempo, llevó a los usuarios adolescentes a crear la jerga de la polémica.
En todos lados
Una jerga que se convirtió en moda y que ya trascendió la pantalla de los celulares para colarse en la publicidad, en los libros -en Francia apareció recientemente el primero escrito íntegramente en lenguaje SMS- y hasta en las pruebas escritas y los trabajos que presentan los adolescentes en las escuelas, lo que genera más de un dolor de cabeza a los profesores.Frente a esa jaqueca inesperada hay quienes se rasgan las vestiduras y otros que decidieron tomar el toro por las astas: en algunas escuelas porteñas, por caso, ya existe el proyecto de enseñar gramática y ortografía a partir de la correción de mensajes de texto en clase.
Afán por abreviar
Si algo caracteriza al idioma de los celulares es el afán por abreviar. Todo aquello que se considera innecesario se desecha, según indican quienes estudiaron el particular argot, deudor del que se utiliza en los canales de chat de internet.
Pero le encuentran otras características: la intención de darle la espalda a la norma académica, estableciendo leyes propias, aunque arbitrarias y no universales.
Y ese rasgo tan propio de las jergas adolescentes y juveniles de hacerse inentendible para los legos.
Algunas de las reglas básicas que identifican quienes estudiaron el novedoso lenguaje son las que siguen: supresión de la letra "H" y de las mayúsculas en todos los casos, de la "E" -sobre todo cuando sigue a una consonante- de los acentos y de la mayoría de los signos de puntuación.Se conservan los signos de pregunta o admiración, pero se colocan sólo detrás de la frase. En virtud de estos lineamientos, por ejemplo, la coloquial frase "¿Qué hacés?" se transforma en "k acs?".
La letra "X" reemplaza a la "CH" (se escribe Xat en lugar de Chat) y la "Y" a la "LL" (llave se tranforma en yav). Se aprovecha todo el sonido de las consonantes (casa se transforma en ksa) y las frases más comunes se abrevian con sus iniciales (NPH es no puedo hablar).(NA)
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