La agitación de octubre

Por Carlos Abrehu. La elección de Amaya por los concejales presagia una nueva judicialización de la decisión política.

02 Octubre 2005
Alberto Calliera sintetizó de modo impecable lo que sospecha el imaginario popular: se fue el Setiembre Musical y ahora llega el Octubre bolsonero. El humorista dio en la tecla. La sensibilidad política se recalentó al extremo de que la más inocente repartija de módulos alimentarios se tiñó de sabor electoral. El hecho de que en la Casa de Gobierno, a la luz del día, se entreguen órdenes para ese tipo de ayuda no disipa en absoluto la atmósfera turbia que rodea al asunto. La reconvención eclesial contra la metodología bolsonera no es arbitraria sino que halla anclaje en la realidad. Para los políticos opositores suspicaces, las mismas listas de beneficiarios de asistencia social, elaboradas por dirigentes de barrio, sirven de padrones de potenciales votantes del oficialismo. Al no ser delito electoral, la prebenda del bolsón es una eficaz herramienta que permite paliar el hambre y controlar políticamente a una franja significativa de la sociedad. Sólo existe la reprobación moral, que no tuerce una elección, pero traza la línea divisoria entre los comportamientos admisibles y los inaceptables.
Octubre marcó también el retiro definitivo de Antonio Bussi de la actividad política. Pero, por otra parte, confirmó que en Fuerza Republicana se perfila una conducción bicéfala. El senador Ricardo Bussi preside el partido; sin embargo, su hermano José Luis apareció como el cartero que llevó la renuncia de Bussi al cargo de intendente electo al Concejo Deliberante.Y por este hecho consolidó su posición interna y externa de portavoz calificado del creador del partido. La determinación del ex gobernador precipitó una cadena de definiciones en el mundo político, con epicentro en el Concejo Deliberante, donde la idílica cohabitación de oficialistas y de opositores entró en colapso. Eduardo de Zavalía (Recrear) se jactó más de una vez de ser el único opositor no complaciente de Amaya.

A la Justicia, otra vez
La solución que halló el alperovichismo para mantener en el sillón de la intendencia a Domingo Amaya se basó en el uso acelerado de los resortes del poder. El Gobierno prefirió que el elector fuera el Concejo Deliberante y no la ciudadanía. Con nueve votos propios y el de Hugo Danesi, expulsado de Ciudadanos Independientes, hizo posible la continuidad del hombre de confianza del gobernador. Entre los peronistas sensibles al proyecto continuista se hallaba José Miranda, hermano del ex gobernador. Para algunos, esto es una prueba de que no se rompió la sociedad Miranda-Alperovich, pese a los chisporroteos verbales. Otros alegan, en tanto, que el concejal se desconectó de su hermano. Fuera de toda especulación está que José Miranda fue un eslabón clave para el PJ, como lo fue también Danesi. Sin estos dos políticos, el oficialismo no habría conseguido el número de diez indispensables para confirmar a Amaya hasta 2007. Curioso destino el de los hermanos Danesi: el concejal es propenso a escuchar las demandas del gobernador, mientras que el legislador Rodolfo -hoy candidato a diputado nacional- brilla por su verba antigubernamental. Cara y cruz de la praxis política.
Las controvertidas posiciones de Sergio Miranda y de Hugo Danesi no agotan las perspectivas de análisis de la situación. El diputado nacional Gerónimo Vargas Aignasse impugnó judicialmente la designación de Amaya por los concejales y reclamó elecciones.
No es la primera vez que hace eso, por lo cual su actitud dista de ser oportunista. La piedra angular de ese y de otros planteos similares no es otra que el artículo 112 de la Constitución de 1990, que prescribe la elección del intendente por los vecinos. Además, precisa que sólo podrá ser reelecto pasando un período, lo que torna inaplicable el artículo 38 de la ley 5.529.
El cuestionamiento al artículo 38 bis de la 5.529 se basa en que discrimina a los vecinos de la capital respecto de los que habitan en municipalidades del interior. Estos pueden elegir por voto directo al intendente cuando el cargo quedó vacante antes de que se cumplieran dos años de gobierno, conforme a la letra de la Carta Magna de 1990. Pero para igual hipótesis en la capital deriva la designación del jefe municipal en los concejales, regla que se ajustaría a la extinta Constitución de 1907.
La desigualdad de trato es el motor del jaque a la designación de los ediles, que sustituyeron la voluntad popular. En el fuero contencioso administrativo se radicó la presentación de Vargas Aignasse. Durante esta semana ingresarán escritos de factura similar en el mismo ámbito. El letrado Rodolfo Burgos litigará otra vez en representación de dirigentes de Tres Banderas. La inestabilidad signará el andar de la administración de Amaya de ahora en adelante.
Hasta que no se desestimen las quejas por la Corte Suprema de Justicia -último intérprete de la Ley Fundamental- la incertidumbre seguirá a Amaya como la sombra al cuerpo. De esa manera, la judicialización de la política se plasmará en otra fuente de conflicto. Las tensiones entre los proyectos de poder y el derecho se repetirán otra vez, cuando aún se ignora si se superó totalmente la controversia por la ley electoral de convencionales constituyentes.
¿Conviene que Alperovich llame a comicios de intendente en la capital? Este interrogante no deja de ser examinado en mesas de debate político. Quienes descreen de la conveniencia de que eso acontezca, opinan que a la disidencia peronista le sería difícil competir con el aparato estatal si hipotéticamente se unificaran las elecciones de intendente con las de convencionales reformadores. La versión de que Alperovich estaría dispuesto a sepultar a sus opositores en cuanta elección haya, descargando una batería de recursos sin fondo, inquietó a franjas de la dirigencia enfrentada con la Casa de Gobierno.
Ante esa circunstancia, madura el proyecto de convergencia de sectores peronistas con otras expresiones políticas, como la coalición liderada por Pueblo Unido (Gumersindo Parajón-Alejandro Sangenis). El afianzamiento de esa empresa dependería estrechamente del resultado de la elección del domingo 23 y de cómo evolucionen las relaciones entre Alperovich y el vicegobernador Fernando Juri, un eficaz gestor de las leyes pedidas por la Casa de Gobierno. Ambos, además, comparten el plan reeleccionista que da vida a la reforma parcial de la Carta del 90.
En el bussismo se aguarda el lunes 24 como el punto de partida de otro ciclo político. José Luis Bussi, con la Línea Fundacional, predica que FR volverá a ser una alternativa al peronismo, cosa que, según él, se desdibujó en estos dos últimos años. Desde ese sector se explica que la vida parlamentaria enfrió la pasión opositora de FR.
El oficialismo, con Ricardo Bussi, defenderá el terreno ganado. Las urnas develarán hasta qué punto se desgastó esta última dirección partidaria. Octubre será un mes clave.

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