31 Marzo 2005 Seguir en 
CIUDAD DEL VATICANO.- El Papa ha iniciado la siguiente etapa de su "Vía Crucis" personal. Los médicos que atienden a Juan Pablo II le colocaron una sonda desde la nariz al estómago para que pueda alimentarse, horas después de que el Pontífice se asomó a su ventana y fracasó en un nuevo intento por hablar en público.
"Para mejorar su ingesta calórica y favorecer la recuperación de sus fuerzas comenzó la nutrición mediante la colocación de una sonda nasogástrica", informó el vocero vaticano, Joaquín Navarro Valls.
En el comunicado oficial, el primero en tres semanas, se aclaró que el Papa pasa muchas horas sentado en un sillón, celebra misa en su capilla privada, tiene encuentros de trabajo con sus asistentes, y sigue las actividades propias de la Santa Sede y de la vida de la Iglesia.
En su declaración, Navarro Valls subraya que la asistencia médica del Papa está asegurada por el equipo del Estado del Vaticano, dirigido por su médico personal, Renato Buzzonetti. La precisión denota un cierto malestar con los médicos del hospital romano Gemelli, acusados de haber dejado circular versiones de una nueva hospitalización de Juan Pablo II.
Agenda cerrada
El Pontífice, de casi 85 años, continúa su lenta y progresiva convalescencia y todas las audiencias siguen suspendidas. El Papa estuvo internado 28 días en los últimos dos meses y sufre mal de Parkinson desde hace 15 años. Fue sometido a una traqueotomía el 24 de febrero y todavía tiene una cánula insertada en la tráquea para respirar.
Desde su traqueotomía, Juan Pablo II tenía serias dificultades para deglutir y se alimentaba con una dieta semilíquida y con suero. Además, durante su dramática aparición del domingo, el Papa se mostró bastante más flaco.
Horas antes del anuncio de la colocación de la sonda, el Pontífice volvió a ver frustrados sus intentos de hablar en público a los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro. La multitud vitoreó y aplaudió cuando Juan Pablo II apareció en su ventana y bendijo a los fieles haciendo varias veces la señal de la cruz. Luego de permanecer unos minutos en la ventana, un asistente le preguntó si se sentía capaz de hablar y le acercó un micrófono, el Papa se esforzó por pronunciar alguna palabra pero desistió en su empeño, mientras la gente le daba aliento con gritos.
Se trata de la segunda vez en cuatro días que intenta hablar en público sin suerte. El domingo de Pascuas no pudo pronunciar las palabras de la bendición "Urbi et Orbi" ante miles de fieles reunidos en San Pedro.
Especialistas explicaron que la sonda nasogástrica es sólo un paliativo transitorio que en el caso del Papa muy probablemente preceda a la introducción de un tubo en el estómago.
"La sonda se puede dejar sólo algunos días porque puede comenzar a provocar reflujo y otras molestias. Por eso se usa para situaciones transitorias", dijo el jefe del departamento de Gastroenterología del Hospital de Clínicas de Buenos Aires, Pedro Ferraina. (Télam-SNI-DPA)
"Para mejorar su ingesta calórica y favorecer la recuperación de sus fuerzas comenzó la nutrición mediante la colocación de una sonda nasogástrica", informó el vocero vaticano, Joaquín Navarro Valls.
En el comunicado oficial, el primero en tres semanas, se aclaró que el Papa pasa muchas horas sentado en un sillón, celebra misa en su capilla privada, tiene encuentros de trabajo con sus asistentes, y sigue las actividades propias de la Santa Sede y de la vida de la Iglesia.
En su declaración, Navarro Valls subraya que la asistencia médica del Papa está asegurada por el equipo del Estado del Vaticano, dirigido por su médico personal, Renato Buzzonetti. La precisión denota un cierto malestar con los médicos del hospital romano Gemelli, acusados de haber dejado circular versiones de una nueva hospitalización de Juan Pablo II.
Agenda cerrada
El Pontífice, de casi 85 años, continúa su lenta y progresiva convalescencia y todas las audiencias siguen suspendidas. El Papa estuvo internado 28 días en los últimos dos meses y sufre mal de Parkinson desde hace 15 años. Fue sometido a una traqueotomía el 24 de febrero y todavía tiene una cánula insertada en la tráquea para respirar.
Desde su traqueotomía, Juan Pablo II tenía serias dificultades para deglutir y se alimentaba con una dieta semilíquida y con suero. Además, durante su dramática aparición del domingo, el Papa se mostró bastante más flaco.
Horas antes del anuncio de la colocación de la sonda, el Pontífice volvió a ver frustrados sus intentos de hablar en público a los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro. La multitud vitoreó y aplaudió cuando Juan Pablo II apareció en su ventana y bendijo a los fieles haciendo varias veces la señal de la cruz. Luego de permanecer unos minutos en la ventana, un asistente le preguntó si se sentía capaz de hablar y le acercó un micrófono, el Papa se esforzó por pronunciar alguna palabra pero desistió en su empeño, mientras la gente le daba aliento con gritos.
Se trata de la segunda vez en cuatro días que intenta hablar en público sin suerte. El domingo de Pascuas no pudo pronunciar las palabras de la bendición "Urbi et Orbi" ante miles de fieles reunidos en San Pedro.
Especialistas explicaron que la sonda nasogástrica es sólo un paliativo transitorio que en el caso del Papa muy probablemente preceda a la introducción de un tubo en el estómago.
"La sonda se puede dejar sólo algunos días porque puede comenzar a provocar reflujo y otras molestias. Por eso se usa para situaciones transitorias", dijo el jefe del departamento de Gastroenterología del Hospital de Clínicas de Buenos Aires, Pedro Ferraina. (Télam-SNI-DPA)
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