Usted por qué se ríe. Un cuento de Máximo Olmos

24 Jul 2017
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Máximo Olmos, escritor tucumano.




Usted por qué se ríe

 

 Perdió el avión… y empezó a reír inocentemente. 

Ella dormía y me decía: “sí se dice a mi par…”, y reía con los ojos achinados. Al despertar me miraba como animal feliz desde su cucha. “Bueno, cualquier persona distraída pierde un vuelo…”. No paraba de reír. Y uno desconfía de las personas que no se ríen, ni se emborrachan: ella le gusta la cerveza y los colores invisibles. Ese color que no te acordás pero que estaba en la pieza tan bien combinado que tipo nah. Ella no usa estos modismos chéveres, sabe las palabras frescas no pasan por la lengua porteña. Aquí una pista: la sonrisa es juego de cercanías. Ocurre, sí que ocurre, que escuchás el murmullo de una persona como un canto y, justo ahí, estás escuchando en serio. Hasta quizás estés embebido de su ser y no es materia de privilegiados, todos sabemos mirar el fuego. Y si conocen alguien no se deslumbre con las hogueras y sigue mirando la pantallita, despiertelón, como se dice en lengua tucumana. A fin de cuentas, de qué chisporroteo hablamos cuando hablamos de su sonrisa.  

“Su sobrino la demandó: ‘ella dice que sos una tontula por perder el avión’”.

Y se larga a reír como si fuera cuento divertidísimo. Como si dijera, “seamos lo que seamos, para qué tomarnos en serio”. Es la sensación con que uno se queda cuando conocés la obra de un humorista, o el diario. A veces me pasa que en la panza ya tengo la sensación de sus carcajadas. Si la broma es sobre Tucson, el doble se te lo ríe y de nuevo el contagio en la panza. Recuerdo en otras épocas presté atención a un hombre se distinguía en hablar con propiedad pero cuando se calentaba le salía lo bestia, lo tucumano y le quedaba más bello que el español bien demarcadito. Le cuento esto y pareciera que, al detectar la más mínima solemnidad, le va pidiendo aire a la carcajada, se le va marcando la sonrisa en las comisuras. Vea amigo, aquí le dicto el mettie del cuento, que se podría encuadrar como “Entuerto psicológico relatado de frente”, o más bien titular con la pregunta: “Cómo es que ella hace para reírse tanto”. Pecará de pochoclero y romántico sí.

Ella perdió el avión por escuchar canciones que eran para ella.

Con esto nos adentramos sin pudores a los condominios del romanticismo. Si la vieras cómo llega a la obra en construcción y encuentra un cartel que dice: “Arqui Te Amo”. Susto. Mueca de sonrisa en los labios. Foto para las amigas. Y que siga la función: “Ya mismo una prueba caligráfica a todos ustedes”. Y se larga a reír indefinidamente en su interior. Usted ya vio, la vida en sí es medio pochoclera. A los obreros picarones: “Mañana mismo quiero eso borrado”. La semana entera se le pasa con esa anécdota.

Decidida, y con su sonrisa encantadora, consiguió volar pronto a mejor destino.

Entonces empieza una interminable sonrisa que se le dibuja a los costados de su día a día. A veces me pregunto si será sólo sonrisas para mí, o si ríe así siempre. Lo segundo es más probable y terminará gustándome más. Incluso, uno de esos pocos seres que la observan me advirtió: “mirá que ella es graciosa, te va a caer simpática…”. Lo mismo seguimos preguntándonos cómo. La curiosidad se explica, en gran parte, después que uno lee los estudios de Rumipunco y alrededores que indican que las personas más envidiadas son las que se ríen mucho y las que no juegan al solitario o el buscaminas. Después, pensándolo mejor, me preguntaba si ella lo tenía todo bien resuelto. Pero no, me contestó que todos sus cajones estaban desordenados y que incluso le molestaba que los míos estén bien lustrados. Aun así, su cuenta corriente de carcajadas está muy por encima de la mía. A usted quizá lo persiga la pregunta “cuándo se equilibrará la economía”. Me parece muy bien. Aquí sigo sospechando razones de su felicidad. Es como cuando te hacen escuchar una canción y te piden que escuchés eso. Y no escuchás ni mierda. Nadie te tira ni una pista. Bueno, así es con su sonrisa. Hay días sí, en que se le desacomoda algún cajón, y me busca para que la abrace fuerte hasta que llora y ni bien termina de llorar empieza a reírse de nuevo. Como si tomara aire. Otras veces pienso o prejuzgo que se le metió esto del placer por el placer mismo. La fábula hedonista de los noventa, los surfers y la vida cool. Y me equivoco, no es eso. Si no es de veritas no vale, se le va la gracia. 

La esperaban para entrar al circo y llegó a tiempo para recordar su infancia.

Vuelvo a los recuerdos de sus sonrisas por placer, por dar de sentir y de sentirme. Dejar pasar por el manso río de la conciencia, aquí en la noche cruda, su sonrisa sincera. Esa cosa que quizás no esté en el qué, sino que está en el cómo, como la palabra timing, que se la usa en el deporte. El nado sincronizado. Algo fluyente. Como los verbos transitivos pero en el aire de la vida. Podría buscarle símiles poéticos, entrarle con la intuición a la luz del día y decir: “Ella ríe porque su elemento es el aire. Para cantarle a la vida, primero hay que saber reír, después cantar y al fin abrazarlo todo al sentimiento”. A lo que ella agregaría: “Taráááán… que entren violines y trompetas…”, soltando alegrías para todos lados. Ahí está la comparación, algo dicho sobre ella. Podría dejarle flores en la oficina pero me gusta respetar, esperar que florezcan delante nuestro. Cuando arda algún verso que me llame, bueno entonces su musiquita pueda tener. Ahora es cuestión de sacar un dado y soltarlo sobre la alfombra. Darle vueltas a las imágenes como dicen los que estudian la mente. Colgar fotos de ella en todas las paredes para ver con lupa y procedimiento analítico el porqué de su sonrojamiento diario. Leonardo se debe haber reído bastante cuando le dibujaba la sonrisa a la Gioconda. Ella también cuando lo veía pintar. Suelo reírme cuando la recuerdo, y comprenda que no me río al escribir, me da otro placer, que no es corporal a secas. Para eso salgo a correr o me revuelco con sobrinos. Tampoco quiero asegurar sus sonrisas, ella sabrá llevarlas conmigo o sinmigo. Otra veces me respondo que es porque tiene un laburo que le gusta y porque riendo se le pasa la hora del laburo. No es falta de seriedad, ella también tiene espacio para la reflexión, el cálculo y las recapitulaciones. Pero le vuela la cabeza, no se demora en cosas tan importantes. Seguramente ya debe estar en el cerro con la bici o en alguna casa mateando mientras, a estas horas, el gallito le busca la vuelta a sus cantos. Es probable usted se pierda de sus risotadas si no le deja venir en su mundo. A los animales más tiernos de la salvaje yunga, se los deja venir con sutilezas, tan sutiles, como el pastar de una corzuela o el olisquear de un conejito. Dicen que una sola broma dicha con torpeza bastaba para que la trovadora renuncie a su canto. “Ay de especial”, dirían mis amigos. Bueno, por eso está la belleza de un ticket para escuchar el chaqueño, la belleza de una mila y tantas cosas lindas innombrables. Ante la presencia de tamaño hermosor de mila, ella te lo va a sonreír seguramente.

La cerveza de la trasnoche guitarrera le hizo perder la noción de su risa. 

En un momento pensé en hacer una lista de cosas serias para pensarlas mientras ella está cerca y así no me voy a reír. No tengo chance, esto no se explica con machaques lógicos y trampas. Ni son los “jajajajjaja” de los chat que parodia Capusotto. Son pequeños y cientos de divertimentos enhebrados con cintura al diario discurrir. No es pregunta de llevar así nomás palante. Dice Kundera que si una novela no tiene una pregunta sincera que la motorice, se nota. Y se nota si inventamos falsas preguntas para escribir. Y así es que pude llegar a la pregunta, ¿cómo miércoles hace para engranar alegrías con alegrías? Pude llegar porque ya me hice un montón de preguntas a mí y ya me preparo en paz el té con tostadas. Y usté que me ve como la Madre Teresa, no se preocupe, ya me hice cargo de los enfermos. Ahora que sé cómo se sienten mis huesos cuando te reís, ahora sí, quiero más y más. Ahora quiero saber el misterio. Usted sabrá que para que la verdad sea revelada hay que saber esperar y pagar las cuentas. Un día de estos se lo voy a decir a su padre: “Oiga hombre, cómo la hizo así… no me refiero a cómo la hizo… sino cómo le salió tan risueña”. Quiero ver qué me dice, qué quedará flotando en el aire.

Cuando me pierdo de sus sonrisas me viene la sensación de que perdí el vuelo.

Una cosa que me sorprendió mucho cuando la conocí es que cuando se reía parecía una cantito. “Vos cantás seguido, ¿no?”. Y se empezó a cantar-reír sin parar. Cada vez que se reía con el cantito, le decía: “pero te sale natural, jamás desafinás una sonrisa”. Usted ahora piense en su nieto o sobrino cuando se ríe y esta narración no va a parecer tan inocente o tan afuera de la realidad, como se las suele ubicar. ¿Buscamos la vacuna contra el dolor o el porqué de los órdenes celebratorios de la vida de la doña? Quisiera aclarar también, que ella me lleva la delantera en cuestiones literarias: sabe cantarle al pataperreo tanto como reír. A lo mejor la estoy idealizando. La solución para eso es objetivar, bajarse del fantaseo y lustrar los pisos con ceramicol. O conocer los animales con que se junta: no había uno que sea serio, o que no le guste el descalabro de situaciones. No hay con qué darle, es como el misterio de diosito, más lo buscas más lo querés buscar. La timba es igual y el matambre tiernizado que trajo ella hoy también. Después me preguntan en qué ando y les contesto que todo bien, que ando atrás de su sonrisa y se me ríen.                     

Cuando me doy cuenta que prefirió perder aquel viaje, ahí recién se me dibuja la sonrisa.     

 

Máximo Olmos es editor de la revista Trompetas Completas (www.trompetascompletas.com.ar) donde publicó poesías, entrevistas y crónicas. Publicó en 2010 la nouvelle "Natural Devenir". En 2012 "El templo de los errantes" y en 2013 "Ellas", ambos de poesía. En 2015 la biografía "Tanto viaje" (todos producidos en Ediciones Trompetas). Convive con la docencia de la filosofía, la música.

 

*5x5 y otros libros de Ediciones Trompetas se pueden conseguir Edunt (Crisóstomo 883) o llamar al 154 490626.

 

 

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