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Tareas para la casa

10 Abr 2021
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imagen ilustrativa

En el marco de la terapia sexual con frecuencia se prescribe a la persona o a la pareja tareas para hacer en la casa. Sería la “práctica” que acompaña a la “teoría” de lo que se aprende en sesión, ya que uno de los pilares es, justamente, la educación sexual. Tareas que son, además, muy útiles como material para trabajar en la sesión siguiente.

Algunas son específicas para mejorar una dificultad en particular pero otras pueden reportar beneficios en la vida sexual de todas las personas/parejas, tengan o no la intención de consultar a un profesional.

A los chapes

Muchas parejas que llevan tiempo juntas se besan poco y nada, pero todas tienen unas buenas sesiones de besos en su historia. La tarea de tener un encuentro -de unos 15 minutos- solo de besos puede ser algo totalmente inédito y, por lo tanto, estimulante. Es bueno que cada uno diga cómo le gusta besar y ser besado. Algunos sexólogos prescriben que este ejercicio quede cerrado en sí mismo y no se tengan relaciones sexuales a posteriori.

Otra propuesta es posponer las discusiones sobre los temas cotidianos para después de la relación sexual (o para después de compartir alguna actividad placentera). Es decir, evitar que nuestro primer acercamiento al otro sea para sumergirnos en aburridas cuestiones domésticas -las cuales inevitablemente tendremos que abordar- y propiciar de forma activa momentos placenteros, que no siempre vienen solos.

Un baño erótico

La diaria tarea de bañarnos puede, al menos cada tanto, convertirse en algo erótico, al compartirla en pareja. No hace falta que sea un baño de inmersión con espuma, sales de baño y velas (aunque si contamos con una bañadera, no estaría nada mal preparar un escenario así). Pero igualmente placentero puede ser darse una ducha juntos. Es importante que cada uno bañe al otro procurando hacerle sentir el mayor bienestar, mediante actitudes cuidadosas, delicadas y dedicadas, durante el baño y el secado posterior. ¿Qué más lindo que sentirse tan mimado/a?

Y… ¿a quién no le gustan los masajes? Hacerse mutuamente un masaje puede ser una experiencia muy sensual. La idea es que cada uno, a su turno, reciba un masaje erótico de su compañero/a, que dure al menos media hora. Lo recomendable es crear un ambiente cálido y agradable. Usar cremas o aceites para que las manos se deslicen con facilidad. Los genitales deben ser abordados al último, luego de haber explorado y acariciado todas las partes del cuerpo. Un agregado importante es expresar en voz alta lo que siente al dar y recibir el masaje.

La vuelta al “telo”

Todos estamos al tanto de que existen miles de posturas sexuales, pero lo cierto es que solemos acostumbrarnos a un repertorio acotado. Algunas personas, sólo a una forma. Imaginar juntos de qué nueva manera, que nunca hayamos probado, nos gustaría hacer el amor, es un buen recurso para sacarnos un poco de la rutina y ponerle diversión al encuentro. Lo mismo que incluir algún “accesorio” erótico. Puede ser un juguete sexual, lencería sexy o, sin entrar en ningún gasto, algo que tengamos a mano si lo pensamos con creatividad. Comida, por ejemplo: unos hielos, dulce de leche, alguna fruta.

Volver -o ir por primera vez- a un hotel alojamiento es otra innovación que no hay que porqué descartar, al menos de vez en cuando. Como es sabido, sus habitaciones tienen características únicas con las que casi nadie cuenta en su casa, además de la privacidad garantizada, sobre todo para los que tienen hijos.

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Psicóloga, sexóloga clínica y colaboradora de LA GACETA desde hace más de 10 años.