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Satisfacción y expectativas

28 Nov 2020
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Como es sabido –lo afirman los budistas y diversos maestros espirituales-, en la base de todo sufrimiento se encuentra la no-aceptación de lo que es. Un mar de fondo de insatisfacción respecto de cómo son las cosas. Idea que puede referirse a cualquier área de la vida: el trabajo, las amistades, los vínculos familiares, la pareja, la vida sexual… Y aquí las expectativas son clave, y también muy subjetivas. Porque pueden diferir mucho entre las personas (más allá de que existan ciertos mandatos culturales).

Sentirse satisfecho/a sexualmente tiene una relación directa con lo que persona piensa acerca de cómo “debe ser” su vida sexual. Y en esto con frecuencia gravitan las comparaciones: si en los comienzos de un vínculo, una persona siente que el sexo es marcadamente menos excitante que el que disfrutaba con algún otro amante –durante un período de tiempo importante- no es muy buen presagio, ya que por lo general aspiramos a obtener un sexo tan completo y excitante como nos sepamos capaz de experimentar. Dicho esto, sobra aclarar que la más maravillosa conexión sexual no alcanzará para sentirnos satisfechos si otras importantes áreas de compatibilidad no funcionan.

Menos que perfecto

La gente cuyas expectativas sexuales son muy altas sufre una gran insatisfacción sea quien sea que esté a su lado (y haga lo que haga). Y acá se inscribe también el hecho de tener demasiadas exigencias en cuanto a cómo debe ser la experiencia sexual para ser “correcta”. Es el caso de las parejas -o personas- que piensan que el encuentro sólo debe darse cuando se siente una gran corriente de amor y/o de deseo. Por lo que no acceden a acostarse cuando se sienten cansados, infelices, enojados, distantes, etcétera.

En realidad, dado que el encuentro sexual produce cambios hormonales que alientan a las personas a sentir fuertes vínculos emocionales, no es incorrecto decir que el amor surge frecuentemente del sexo y que las posibilidades de tener sexo altamente erótico o romántico se aumentan cuando estamos preparados a tener algo menos que sexo perfecto: sexo para relajar tensiones, cuando estamos tristes, cansados, enojados, aburridos, ansiosos… Al parecer, las parejas que se permiten un amplio rango de expresión sexual tienen menos conflictos y una mejor relación.

Pero ojo: vivenciar la sexualidad como satisfactoria no significa necesariamente sentirla como súper excitante y maravillosa. Sólo basta con experimentarla como no-insatisfactoria. Por esto mismo es que las expectativas sexuales bajas no son necesariamente un problema, siempre que ambos miembros de la pareja las compartan.

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Psicóloga, sexóloga clínica y colaboradora de LA GACETA desde hace más de 10 años.