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El desarrollo de la sexualidad

25 Oct 2020
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El desarrollo de la sexualidad

Vastas y muy rigurosas investigaciones han relacionado factores socioculturales y experiencias vividas con el desarrollo de la sexualidad en mujeres cisgénero heterosexuales. Algunas de los cuales son referidas por el divulgador científico Pere Estupinyà en su libro “La ciencia del sexo”. Por ejemplo, la que asociaba la edad de la primera relación sexual con la frecuencia de orgasmos en la edad adulta. Y establecía que cuanto más joven se experimentaba el sexo con penetración, mayor proporción de orgasmos durante el coito se alcanzaban en la madurez. 

La relación entre edad de iniciación sexual y orgasmos en la edad adulta es susceptible de ser interpretada de varias maneras, sostiene Estupinyà: “se puede pensar que la actividad sexual completa durante la adolescencia o juventud favorece un mejor desarrollo de la sexualidad, pero también que el tener menos orgasmos en etapa adulta refleja un menor deseo en etapas anteriores, e incluso podría haber un factor religioso o educativo condicionando las dos”. ¿Quién sabe?

Aquí no hay grieta

En 2011 un equipo multidisciplinar de investigadores publicó un amplio estudio del que participaron casi tres mil mujeres australianas, registrando con qué frecuencia llegaban al orgasmo durante el sexo con penetración y al masturbarse, lo que los investigadores contrastaron con características de personalidad como impulsividad y extraversión, ser más o menos “neuróticas”… ¡y con las ideas políticas! También con cuestiones referentes al desarrollo sexual como edad del primer coito, libido, número de parejas sexuales en el pasado, predisposición al sexo casual, estar casada o no, y la presencia de actitudes restrictivas hacia el sexo. Consideraron incluso factores como enfermedades padecidas en la infancia o fantasías sexuales con alguien que no fuera su pareja.

¿Los resultados? Sin grietas: las tendencias políticas no ejercían la mínima influencia en la frecuencia de orgasmos, y el tener mayor libido los aumentaba, tanto a través del coito como de la masturbación. Las que tenían más fantasías fuera de su pareja experimentaban significativamente menos orgasmos durante el coito pero muchos más masturbándose, y el tener actitudes restrictivas sobre el sexo no afectaba a los orgasmos en pareja pero sí disminuía los individuales.

¿Más estudio menos goce?

La clase social no afectaba para nada a los orgasmos durante la masturbación. De hecho, las mayores diferencias se encontraron en el nivel educativo: a nivel de estudios más alto, menos orgasmos que la media durante el coito y más masturbándose. La personalidad neurótica o psicótica no desempeñaba ningún papel, y tanto la extraversión como la impulsividad subían ligeramente la frecuencia de orgasmos en el coito.

Las casadas también tenían más orgasmos con su parejas, y muy ligeramente por debajo de la media con masturbación. Sin embargo, el número de parejas sexuales en el pasado no afectaba al sexo con la pareja actual, pero sí estaba asociado a muchos más orgasmos individuales. Como el estudio citado al principio, la demora en tener orgasmos con penetración se relacionaba con menos orgasmos en la edad adulta tanto durante el coito como masturbándose. 

Otros estudios han analizado factores específicos por separado y han asociado menor función orgásmica a diversas enfermedades, algunos trastornos mentales, sentimientos de insatisfacción, alteraciones hormonales y ciertas cuestiones relativas al envejecimiento. Entre las personas “sanas”, aspectos como la inteligencia emocional, una actitud positiva hacia el sexo, variedad de prácticas sexuales y el uso de vibradores y lubricantes pueden representar una mejora significativa de la capacidad orgásmica.

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Psicóloga, sexóloga clínica y colaboradora de LA GACETA desde hace más de 10 años.