28 May 2018
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Críticas

John Gottman, el famoso terapeuta de parejas norteamericano, aseguró ser capaz de predecir un divorcio con una precisión del 91%. Luego de escuchar tan sólo cinco minutos de discusión marital, podía reconocer las señales de alerta que indican que el futuro de una pareja corre peligro. Peligro en el sentido de disolverse o –una opción aún peor- de hundirse en un pozo de insatisfacción. Consideró a “las críticas” una de las señales menos auspiciosas.

Es notable hasta qué punto estamos acostumbrados a la crítica. De hecho, es uno de los métodos que muchos padres, maestros y profesores bienintencionados utilizan para corregir ciertas conductas y estimular el aprendizaje en los que están creciendo bajo su guía. Por eso no es nada raro que este patrón se instale en nosotros desde muy temprano, como herramienta de comunicación para expresar nuestro malestar o disconformidad frente al comportamiento del otro. 

¿Quién no tiene quejas sobre la persona con la que convive? La vida de a dos puede ser maravillosa y deseable en más de un sentido, pero también es verdad que pone a prueba nuestra tolerancia, nuestra flexibilidad, nuestra capacidad de aceptar al otro como es (y no como quisiéramos que fuera).

Gottman refiere la “diferencia abismal” que existe entre una queja y una crítica: la primera sólo se alude a un comportamiento específico, mientras que la segunda es más global, e incluye palabras negativas sobre el carácter o la personalidad del otro. “El auto se quedó sin nafta, ¿por qué no le cargaste como te pedí?”, sería una queja. Decir, en cambio, “¿por qué nunca te acordás de nada?, ¿por qué siempre tengo que repetirte mil veces las cosas?” constituye una crítica.

“Vos siempre”, “vos nunca” son típicas expresiones de quien es adepto a estas actitudes. La crítica echa culpa, salta rápidamente a conclusiones, generaliza, califica a la persona (no a la conducta). Ciertamente, un tipo de comunicación que aleja a las personas. Porque les genera enojo, resentimiento, una violencia interna. Y produce el efecto contrario al deseado: la resistencia a cambiar y hasta el impulso del contraataque. Por eso resulta una contradicción cuando se habla de “críticas constructivas”. ¿Cómo puede construir lo que desune?

Dicen que la razón por la que casi todas las personas nos sentimos fuertemente atraídas por los bebés –en el sentido de que, en su presencia, es difícil resistirse a mirarlos y a sonreírles- es que su mirada tiene un efecto relajante, tranquilizador sobre nosotros… porque es la de alguien que no nos está juzgando. 


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Psicóloga, sexóloga clínica y colaboradora de LA GACETA desde hace más de 10 años.