La condena de Oscar Wilde

07 Ene 2018
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Oscar Wilde

En marzo de 1895 Oscar Wilde presentó una demanda por difamación e injurias contra el Marqués de Queensberry, quien lo había acusado de sodomita. El creador de las reglas del boxeo moderno –las “reglas de Queensberry”- y padre de su amante -Lord Alfred Douglas, alias “Bosie”- no sólo fue absuelto sino que el juicio se volvió en contra del propio Wilde: un mes más tarde sería condenado públicamente a dos años de trabajos forzados, por cometer actos de “grave indecencia y sodomía”.

El autor de “El retrato de Dorian Gray” había conocido a Bosie cuatro años antes en una fiesta. El joven de 22 años se sintió halagado por despertar el interés de aquel personaje brillante y venerado por la misma sociedad que luego habría de repudiarlo. Wilde, por su parte, no pudo resistirse a los encantos del voluble Bosie y se enamoró de inmediato.

Los problemas comenzaron cuando el hijo del Marqués olvidó unas cartas comprometedoras en un abrigo regalado luego a un amigo que estaba en la mala. Wilde tuvo que ceder al chantaje y pagar para recuperar los papeles. Pero fue cuando se vio acosado en todos los ámbitos por el padre de Bosie para que dejara en paz a su hijo, que decidió hacer la jugada que se le volvería en contra, el boomerang: convertirse él en acusador.

Antes de que terminara el proceso, su abogado le aconsejó que retirara la demanda, dado los muchos testimonios que sugerían que los dichos del Marqués eran, en realidad, ciertos. Esto lo exponía, además, a otro peligro: una ley vigente en Gran Bretaña condenaba como criminal a toda persona que hubiera cometido un acto de “flagrante indecencia”, lo cual incluía cualquier práctica sexual entre varones. Wilde retiró los cargos, pero no atinó a hacer caso de la sugerencia de George Bernard Shaw y otros amigos del mundo literario: olvidar el asunto, huir del país y seguir escribiendo. Horas después, un inspector de Scotland Yard solicitaría una orden de arresto: el principio del fin.

La condena de Wilde -que buscaba ser ejemplar- tuvo una gran repercusión y generó un recrudecimiento de la intolerancia sexual y de la persecución a los homosexuales en toda Europa. Estos juicios -transcriptos y luego traducidos a varios idiomas- se consideran paradigmáticos en el surgimiento de la prensa amarilla en relación a los procesos judiciales (medios nacionales e internacionales siguieron el minuto a minuto de lo que ocurría en Old Bailey) y, desde luego, uno de los antecedentes más dramáticos en la historia del movimiento gay.

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Psicóloga, sexóloga clínica y colaboradora de LA GACETA desde hace más de 10 años.