Iván Ríos: El Caballero de la noche. Primera Parte

29 Nov 2018

 

Un personaje de historietas

La casa es espaciosa y de ventanas amplias por donde se filtra la luz apabullante del mediodía. Y si un Dron  ampliase el cuadro veríamos esto: un jardín de  Ginkgos biloba,  bananos, cipreses, cañas de bambú, ceibos, arrayanes, colibríes, mariposas y osamentas de dinosaurio del Instituto Miguel Lillo. La imagen ampliada también se compondría de casas chorizos, un puñadito de boliches con onda y algunas parillas. Más lejos, un edificio colonial que alberga al Hilton y a algunos bares populosos.

 

Algarabía de vecinos en las veredas soleadas.

En el barrio del Abasto que vive en estos días su gentrificación,  Iván Ríos es una madreselva más que se expande libre en su geografía buscando la luz. Ante todo la casa es generosa, como lo son sus habitantes pero esto último lo sabré luego. Son las once de la mañana y toco. Abre una señora que lleva a un niño en la mano. Más tarde me contaran que se llama Malaquías, como el profeta, y tiene 2 años. En el interior el pintor silencioso, sigue su camino de inspiración, pincel en mano, mientras una mujer vela a su lado.  Hay pinturas apoyadas sobre la pared y una vieja radio JVC que suena con música ochentosa – la tengo desde el mundial del 82 – dirá el artista más tarde. Pinta y pinta Ríos, sin inmutarse con mi presencia pero ahora levanta la vista y me saluda con ojos agudos y saltones, ojos- océano, ojos de artista y no es un cliché. Reconocería esa mirada en un universo de miradas: no hay dudas, el arte lo ha tallado desde la punta de los pies hasta la punta del pelo y son muchos centímetros porque es alto. Y eso, lo del tallado digo,  desde la niñez cuando todo empezó. Le pregunto que está pintando, y ante mi obvia pregunta viene la  respuesta evidente: un Citroen 3cv por pedido de un amigo que quería tener una imagen del auto de su juventud.  La querida rana, la vieja rana, de aquellos viejos buenos tiempos, pienso.

Como sea rompí el hielo lo que me habilita a ir al hueso. ¿Cómo empezó todo esto?

Cuando era chico vivía en una de esas casas largas, era una casa humilde y en el fondo había un suelo arcilloso. Cuando llovía  yo agarraba mi palito de escoba y dibujaba y dibujaba.. Me fascinaba la consistencia de la arcilla y el agua y la estela que dejaba al dibujar.

¿Qué dibujabas?

Dibujaba naves que surcaban un cielo hipotético. Cuando pasaba el palito quedaba una estela en la arcilla.

Un universo en un charquito. Tal vez era la ingeniosa forma que el niño encontró para burlar las fronteras de su mundo minúsculo: criado por su papa, empleado de vialidad de la provincia donde trabajaba como inspector de obras, se le hacía ya de tan chico que la vida tenía mucho más para ofrecerle que eso que pasaba en ese “huit clos” de la infancia.

Ahora sale de escena el niño y su niñera. Supongo que se van a pasear por el amigable barrio. Elina, la mujer, su mujer, queda, a mi pedido. Se me representa, La mujer de la vela, esa obra de claros oscuros de Georges De La Tour.

¿Cómo siguió tu historia con el dibujo?

Mi papa es una persona muy singular, tiene una gran avidez cultural y le encanta leer. Siempre buscaba palabras en el diccionario y un día empezó a comprar historietas para mí. El quería que yo aprendiese a leer antes de entrar en la escuela y como en ese momento explotó el género, el me traía de todo. Las de la Editorial Columba eran las mejores: el Tony, Nippur de Lagash que aparecía en D’Artagnan.

Y el niño aprendió a leer pero no solo eso. De repente la casa estrecha adquirió el tamaño del mundo.  Es que todas esas historietas aludían un contexto histórico y había que meterse y entrar en las ventanitas de las viñetas para ir más allá de lo elíptico.

Iba a la escuela a la Normal y cuando salía, ya adolescente, me pasaba horas en Los Primos, a indagar en los libros de historia, que terminaba comprando, sobre esos universos insinuados en los comics: la guerra franco-prusiana, la Primera y Segunda Guerra Mundial, el Reino de los Sumerios.

Supongo que habrá sido en ese entonces en que esos héroes solitarios e invencibles y esos parajes agrestes y esteparios se encarnaron en su vida y desde entonces no hacen más que venir a su rescate. Y él se los retribuye inmortalizándolos en la obra. Me encanta la historia. Asegura  Iván, el solitario, Iván insondable alma.

Y ahora me habla de esos mundos sumerios que le poseyeron el espíritu y en los que él supo abrevar y de repente el milagro se produce: toda la lenta construcción de la adultez se desmorona y Ríos vuelve a ser niño.

Nippur de Lagash, el incorruptible, era un general sumerio nacido en Lagash, la ciudad de Las Blancas Murallas, que se vio obligado a un exilio forzado motivado por el abuso de un tirano, junto a su amigo Ur-El de Elam,   con quien vive innumerables aventuras en el camino. Por ejemplo ayudan a Teseo a matar al Minotauro. Mientras que Gilmagesh es un rey opresivo e injusto de la ciudad sumeria de Uruk quien es enfrentado a Enkidu, un enviado de los dioses, en una lucha tan pareja que los contendientes se vuelven amigos y parten por el mundo en busca de aventuras. Es la epopeya más antigua del mundo, dice.

Mutis por el foro hace Elina y se retira aún cuando insisto que se quede. ¿Sabes cuál es mi lugar en el mundo? Lo pregunta Iván Pablo Ríos, Medalla de Bronze y Plata 2015/2017 del Salón de París. El que tiene el mundo entre sus manos y aún no lo sabe. Santa María en Catamarca. Me voy a ahí al desierto y soy feliz. Pregúntale después a Elina cuando vuelva. Dice como dirá cuando me cuente la historia de las tres latas volteadas. Pregúntale, pregúntale insiste. Como si su mujer fuese la escribana de sus verdades y tuviese que dar fe.

Ahora llegamos a un codo del camino en la historia. No la de los sumerios ni la de las guerras mundiales: La de Iván.

En la escuela Normal tenía muchas veces que quedarme a la tarde a hacer trabajos y eso me restaba tiempo para mí otra pasión: me gustaba correr, el atletismo, jugar al futbol, el boxeo, andar en bicicleta, ir al campo. Lo mejor lo aprendía afuera de la escuela.

Para un alma artista cualquier academia es jaula de oro entonces, abrió los barrotes y voló.  A los 15 años decidí que no iría a la escuela a la tarde. Después llegaba diciembre, estudiaba en dos semanas y aprobaba todo lo que me llevaba.

 Me gustaba desde entonces el desierto de Santa María en Catamarca.  No hay  ningún lugar en el mundo que me guste más al día de hoy.

 

Iván Pablo tiene su legión de personajes de ficción pero yo también tengo la propia. Me gusta el desierto. Las palabras me resuenan. ¡Eureka! Ríos es como el Principito de mi infancia. Aquel que, en el desierto, encontró a un aviador y un cordero, un zorro y una rosa. Y principalmente un pozo.

Transcurría su secundario,  entre lecturas y pedaleadas  y mientras tanto el artista que se gestaba en él no se contentaba de leer y anhelar otros mundos y fue ahí donde decidió robar el fuego sagrado.

Le empecé a sacar los Rotring a mi papa, para dibujar, me la pasaba dibujando todo el día. Fui un autodidacta.

¿Qué dibujabas?

De todo, de todo. Yo no soy normal.

¿A qué te referís?

Los artistas siguen una línea, yo no tengo línea. No soy así.

¿Quien sos entonces?

Soy yo. Dice rotundo, lacónico, inefable.

Necesitamos clasificar. Poner nombres. Es una manera de domar la realidad. Pero yo no soy fácil de clasificar. Insiste.

Pienso entonces en aquel breve relato de Borges, “El lenguaje analítico de John Wilkins”, en donde por interpósita persona hace el inventario de lo inasible: En sus remotas páginas está escrito que los animales se dividen en (a) pertenecientes al Emperador, (b) embalsamados, (c) amaestrados, (d) lechones, (e) sirenas, (f) fabulosos, (g) perros sueltos, (h) incluidos en esta clasificación, (i) que se agitan como locos, (j) innumerables, (k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, (1) etcétera, (m) que acaban de romper el jarrón, (n) que de lejos parecen moscas…..

¿Qué clase de animal es el artista? Esta visto. A Ríos no se lo puede inventariar.

Como buen héroe clásico, aliado con la fragua de la epopeya, en el episodio universitario aparece Ulises.

Ulises era un atleta y era también un poeta, según el ideal clásico de los griegos. Por lo que cuando vuelve a su Ítaca se enfrenta en juegos olímpicos para conquistar el corazón de su dama: Penélope dice como queriendo justificar su elección. Como si un artista no pudiese convivir con esa tensión alma/cuerpo.

Cuando termine la escuela me inscribí en profesorado de gimnasia, paralelamente a la carrera de artes. Me gusta trabajar con jóvenes y pensé que la Educación Física sería un puente para eso  aunque en el fondo sabía que sería artista.

Al año me rompí una pierna así que tuve que dejar el profesorado.

Alea Jacta Est. La suerte está echada.

Año 1989. Facultad de Artes, Tucumán. Iván, al asomarse a las aguas del lago, descubre que no es un patito feo sino un cisne.

A mí me costaba mucho encajar hasta que descubrí el mundo que estaba buscando en lo discursivo y lo auténtico. El que ve el mundo a través de los ojos del arte, no piensa, por ejemplo en política.

Entonces, aquellas tramas ficcionales  que el niño y el adolescente siempre habían devorado con fruición, vinieron a él sin necesidad de optar por el exilio y  la limitada geografía tucumana devino repentinamente en un paisaje sumerio, se abrió en llanuras fértiles de la Mesopotamia, y en estepas y desiertos también y la opulenta orografía del Salí o el Loro trocó en el Éufrates y el Tigris de aquel mundo antiguo de las historietas.

Aparecieron también en el horizonte seres fantásticos.: héroes de epopeya, amazonas, guerreros y gigantes. El charquito de arcilla y agua de su niñez expandido hacia el infinito.

E Iván empezó a vivir su rapsodia bohemia.

Encontré el mundo que estaba buscando y que pensé que no existía. Nos pasábamos noches enteras con mis nuevos amigos pintando o leyendo poesía y podíamos canjear zapatillas por un libro. Eso no es de todos los días. O no sé, alguien conseguía una película en particular de VHS y era una fiesta. Íbamos a una casa a verla y a comer pizza. 

Su hora era la noche.

Me iba a la mañana de mi casa y volvía a la noche y poco a poco me fui yendo. Hasta que me termine de ir.

Vuelve el principito a cobrar vida en esta ficción: Creo que el principito aprovechó la migración de una bandada de pájaros silvestres para su evasión”.

La vida del artista no es para cualquiera. Reflexiona Ríos, alma-pájaro.

Hasta que un día participó de un concurso de dibujo organizado por una agencia de publicidad y ganó un trabajo. Nuevos e impensados horizontes de responsabilidades emergieron: Me casé por esos años así que deje la carrera en segundo año y tuve a los hijos de mi primer matrimonio, Joel, 22 años, en la Academia del Teatro Colón, y Virginia, 15, que cursa el secundario  en la Escuela de Artes, dice es una artista multifacética, dice también y los ojos de gigante se expanden de brillo hasta lo inimaginable.

Llegaron también años de  premios pero también, de apremios. Años de  exposiciones colectivas pero claro aunque seguía produciendo había otras prioridades y búsquedas. Había que cuidar a la familia.

De cuando Iván se volvió Sherezade y Elina Jonás

¿Cómo conociste a Elina? Disparo.

Yo iba los fines de semana a un barrio carenciado donde  jugaba al futbol con los chicos y aunque la actividad formaba parte de un grupo de pertenencia, a mi no me interesaba tanto integrarme al grupo así que no conocía a nadie.

Un día un amigo, al que se le había puesto que conociese a Elina, me invitó a una juntada en el cerro con la excusa que conociese al grupo. La pasamos a buscar en una camioneta y ella traía unas empanadas. Ni me miraba y como yo quería establecer una charla le pedí una empanada. “Son para la reunión” me contestó y siguió sin dirigirme la palabra. Fue  aquí donde el amigo, hado madrino en este caso, tuvo que intervenir. Paramos la camioneta en medio del camino al cerro y mi amigo me instó a que contara una de mis historias. Me gusta relatar historias.

¿Y qué historia contaste?

La historia de Jonás y la ballena.

Lo cierto es que como en aquella historia en donde la esclava Sherezade le contaba cuentos al sultán Shahriar para salvar su vida, Ríos, se volvió Sherezade para enamorala. Y como Jonás, Elina emergió del vientre del relato, con una mirada nueva sobre él.

Ahí me empezó a mirar

¿Cómo siguió la historia?

Cuando volvimos a la noche pasamos por un Parque de Diversiones, y nos pusimos a jugar al metegol y después al tumbalatas.  Quedaban tres latas y entonces le dije a  Elina: Si tumbo las tres latas que quedan te casas conmigo.  A decir verdad, era imposible.

Y ella me dijo que sí. Pregúntale, pregúntale cuando venga me dice y pregúntale sobre mi lugar en el mundo.

Y aparece la princesa del cuento y viene a rescatarlo oportunamente.

Irrumpo: ¿Elina cuál es el lugar en el mundo de Iván?

Santa María en Catamarca.

Contame, ¿es verdad que él te dijo que si el volteaba las tres latas vos tenías que casarte con él y vos aceptaste?

Elina, la abogada, la mama de Malaquías da fe de todo y entonces. Solo entonces. Constan actas.

Si es verdad. Me pareció razonable la propuesta.

¿Y por qué hiciste eso?¿no estabas arriesgando demasiado?

Si uno quiere conquistar el corazón de una princesa tiene que matar al dragón. Me dice y  como hemos establecido un pacto ficcional con Iván, en este mundo de hadas y duendes, de héroes y villanos,  de monstruos mitológicos, y viajes iniciáticos, su decisión también me parece razonable.

 Iván héroe-de-historietas-Iván-el-terrible, Iván héroe-de-epopeyas.

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