Marcelo Ruiz: El hombre sin miedo. Tercera y penúltima parte

14 Sep 2017

DE VIOLINES Y PAREDES DERRIBADAS

Sin embargo este presente que parece un prodigio hoy, es mucho más que una lista de logros y presentaciones.  Son aquellos milagros minúsculos los que estremecen el corazón de Marcelo.

Vuelvo al documental: cuando uno camina por el barrio escucha sonidos de violines saliendo de las casas.

Como si el maestro hubiese sembrado un puñado de do re mi fa sol la si en una tierra yerma y ahora floreciesen mil melodías.

Para mí el logro se mide en anécdotas como estas: antes muchas madres escuchaban solo cumbia, ahora me pregunta una el otro día: ¿Cuándo vamos a tocar Vivaldi?

Siempre trazó una línea. Mi trabajo es 70 por ciento asistencia social y sicológica, 20 por ciento poner la oreja, 10 por ciento música porque en esta empresa siempre ocurren cosas. Esto es una máquina de problemas. Me dice Marcelo con cara de paz y me cuenta. Un día nos roban inodoro y la grifería. Las madres me llaman. ¿Qué vamos a hacer? Nada. Les digo yo. No pierdan la Fe.

Y la Providencia otra vez obró.

Nos llaman a tocar al Hilton y en vez de cobrar pedimos que nos pagasen con sanitarios. Entonces el Gerente de Bercovich me llama y nos hace un precio incluso por la puerta de hierro.

¿Han visto? No hay que preocuparse. Les dije.

A las dos semanas nos roban las sillas.

¿Qué vamos a hacer esta vez?  Claman de nuevo las madres.

Nada. Prefiero un Ave María que la preocupación. Publiquen en Facebook, les dije.

 

Y este hombre que vive sin redes virtuales pero que multiplica  a cada paso sus redes humanas (las reales), vio nuevamente frente a sus ojos como se producía el prodigio  de los panes y peces.

Me prestaron 150 sillas.  Alguien llamaba y decía vaya y busque profesor tengo 5 sillas, profesor tengo 10 sillas, y así.

No pierdan la Fe. Prefiero un Ave María que la preocupación. Me suenan sus frases como letanías en la tarde.

La Fe. La Fe. La Fe. La Fe. La Fe. La Fe. La Fe. La Fe. La Fe. La Fe. La Fe. La Fe. La Fe. La Fe. La Fe.

Una palabra con solo dos letras e inmenso poder de fuego.

Yo comienzo con una oración Padre Nuestro, Un ave María, un Gloria y un Ángel de la Guardia. Y siempre les digo recen por mí, para que tenga fuerzas.

Pero no siempre fue así. Hubo un tiempo en que ese hombre, era sobre todo Apóstol de Alfredo Bru y devoto de San Expedito aunque también le debía más de una vela a San José. Ete hombre, lleno de acordes, se alejó de los altares y los confesionarios hasta que un día la Fe los alcanzó y Marcelo y su familia se instalaron en ella como quien vuelve a un lugar conocido y cálido.

Cuando mi hijo Agustín tenía nueve años e iba a hacer su comunión teníamos que entrar en una iglesia y leer una carta en familia que él había escrito. Camino al shopping nos detenemos en la Iglesia de María del Rosario en Yerba Buena y leemos la carta. Empieza la misa. Estábamos en primera fila y no podíamos movernos.  Desde entonces ministros de la Eucaristía. Dice.

En el Divino Niño crecen en la parte espiritual y mejoran su rendimiento escolar porque tocar el violín es la mejor manera de evitar el Alzheimer. El esfuerzo de la coordinación no dejar crecer el pasto, dice Marcelo que le dice un alumno siquiatra y el baldío no se llena de yuyos.

El violín agudiza la coordinación de la vista y el oído. Es el Formula Uno de los instrumentos. Esto último es de su propia cosecha.

LA MÚSICA PERTENECE A TODO EL MUNDO.

Y hablando de Fe.

Hacer 2 años atrás la Facultad de Ciencias Económicas contrata a la Orquesta para dar un concierto. Siempre trato de dar una enseñanza y aunque no tengo idea que voy a decir le pido al Espíritu Santo que me ilumine. Las autoridades estaban en primera fila.  Empiezo la presentación con la una pregunta: ¿Saben cómo ha nacido esto? ¿Cuál es la palabra más pequeña? Acercando el micrófono, interrogó al decano:

Con la palabra más pequeña de todas, ¿cuál es la palabra más pequeña?

El asentía sin responder. Finalmente desorientado me pregunta incómodo: no sé, ¿cuál es?

Fe. Responde lacónico Marcelo. Mi hijo me dice a la salida entre risas: no te llaman más papá, apostemos. Y este año volvieron a llamarme para los 70 años de la facultad de Ciencias Económicas. Le gane una apuesta a mi hijo. Se sonríe Marcelo y fin de la anécdota.

Ya lo sabemos: para el maestro la fuente de sus felicidades no se mide en números pero en hechos minúsculos. En verdad. Sin embargo, hay algunos números que hablan de destinos en eclosión:

Cuando empecé con esto pensé que si lograba que 1 niño estudiara música me sentiría realizado. Hoy 5 chicos tocando en la orquesta juvenil, 10 en el Conservatorio, 2 becados en Buenos Aires y 5 en el IUNA.

Ruiz al estilo Miguel Ángel, quien veía ángeles cautivos donde otros solo veían bloques de mármol de Carrara, con el cuidado de un escultor amoroso moldea a cada niño como una obra de arte preciosa:

¿Cuál es el secreto? Amor por la música. Me interesa que los chicos amen lo que hacen. El resto viene por añadidura. Ese es el secreto.

En una vieja publicidad de un Banco había un slogan que decía “el nombre es lo más importante que tiene una persona”. Pronunciar un nombre es dar existencia. Marcelo los conoce a todos y a todos los nombra. Y así por el solo hecho de nombrar, muchos chicos y sus padres se sienten “alguien”. Existen por el milagro de la música. ¿Qué es la pobreza? Reflexiona. Es el ninguneo. Es ser nadie. Y todos quieren ser alguien para los demás. Ser mirados.

La pobreza no pasa por el bolsillo: conozco pobres que viven en Countries. Los chicos no se sienten pobres. Y no lo son.

La música pertenece a todo el mundo y esta es la idea que lo anima a Marcelo, flautista de Hamelin, al llevar adelante sus proyectos. La música clásica está cerca de todos aunque no lo sepamos.

En una presentación en Las Talitas, les pregunte: ¿conocen la música clásica? Todos me dijeron que no, pero después me puse a tocar la canción de cuna con la que todos nos dormimos de bebés. Es de Brahms les dije. Y después toqué el cancan, de Offenbach. Y todos la conocían. Existe el prejuicio que es aburrida pero la música clásica no muerde. Quien no ha escuchado un vals de Strauss?

¿Ser líder se nace o se hace? Pregunta, se pregunta,  Marcelo, como si el mismo se hubiese vuelto la esfinge de los enigmas de Bru.

Se hace. Se responde. Siempre les digo a los chicos que no quiero ser como Abraham, que no llegó nunca a la tierra prometida. Quiero ser Josué porque quiero formar líderes que sigan generando proyectos.

Ecos de la Catequesis de la Escuela me resuenan en la mente y como siempre voy a Wikipedia que me dice de Abraham: Dios lo rebautizó en el momento de establecer un convenio con él, que incluía su deseo de convertirlo en el origen de un pueblo del que sería su Dios y al que le daría la tierra de Canaán como posesión perpetua. Mientras que Josué: Fue escogido por Dios para suceder a Moisés como líder de los israelitas durante la conquista de Canaán; Josué conquistó la mayor parte del territorio de la tierra prometida y la distribuyó entre las doce Tribus de Israel.

Hago analogías y silogismos. Le doy vuelta a la cosa y llegó a esta conclusión: Ambos fueron elegidos por Yahvé pero Josué no solo conquistó sino que distribuyó y dio alas.

El leader no da gritos sino que enseña con el ejemplo. Lo tuyo es muy verticalista, me han dicho. Todo pasa por mi consentimiento, me han dicho también, pero lo importante es que ellos confíen y se encolumnen y que luego autogestionen.

 

Muchas veces me ofrecen ser candidato pero ¿a cuanta gente defraudaría?

Patriarca es la manera en que la Biblia se llama a los líderes. Ser líder, o Patriarca es también enseñar a creer. Tengo un optimismo eterno, dice el hombre sin miedo: Hoy estoy casi bien, mañana estaré mejor y el domingo aún mejor.

Y aunque el proyecto de las orquestas lleva mucho tiempo, San Cayetano siempre me ha devuelto un trabajo por otro lado. Tengo alumnos, trabajo en un colegio y en la Orquesta Sinfónica.

Vuelvo una vez más al documental. Sobre una de las paredes del Barrio un grupo de vecinos liderados por Fernando Ríos Kissner pintan la leyenda: La felicidad es un modo de caminar. La frase pertenece al psiquiatra judío Victor Frankl, sobreviviente de   Auschwitz y Dachau., aunque perfectamente le va a Marcelo, de tal manera que estoy segura que si el creador de la Logoterapia y el Maestro se hubiesen conocido, se hubiesen anoticiado, más temprano que tarde, de la profunda confluencia espiritual que los unía.  Por suerte,  los han hermanado en estos ladrillos.

Todos ellos han continuado estudiando aún cuando sea tan difícil luchar contra la cultura de la dadiva. Dice Marcelo de sus chicos. Esto es una promoción para sus vidas.

Documental: El Divino Niño. Gabriela Bosso y Leonardo Sbaraglia

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