Marcelo Ruiz: El hombre sin miedo. Segunda parte

06 Sep 2017

DE UTOPÍAS Y ORQUESTAS

Vuelta al bar. Nunca le pregunté porque me eligió como discípulo, dice a esa hora de la noche, en Sir Harris, que se me hace melancólica.

Y hablando de preguntas capciosas.

“¿Cuantos amigos se necesitan Marcelo?” Me pregunto un día el maestro Bru.

-No sé ¿1.000.000? no, seis ¿Seis porque seis? La respuesta sonó a profecía auto-cumplida.

-Seis, me dijo,  porque seis son los que se necesitan para llevar el cajón. Me acordé mucho de la respuesta de ese enigma el día en que yo llevaba una de las manijas del cajón. Busco en Google, y encuentro una nota en Espectáculos de La Gaceta del 18 de abril del 2008 titulada “El último adiós al violinista Alfredo Bruy abajo esta crónica: El miércoles falleció, a los 80 años, el destacado músico tucumano que integró la Orquesta Sinfónica etc etc etc. Para lo que para muchos lectores habrá sido una muerte anodina que consumieron entre sorbos de café y tostadas, para Marcelo fue, lo supongo, la entrada a la orfandad simbólica. Claro que lo que no imaginaba que un día él se volvería el espejo en el que se miraba. Se volvería el mismísimo Alfredo Bru.

 ¿Te acordas del Rafa? Me interpela el entrevistado, volviéndose él, el inquisidor. Sí, me acuerdo. En la telenovela con Alberto de Mendoza y Alicia Bruzzo de los 80, el actor, emblema de la virilidad, interpretaba a un kiosquero porteño tanguero y recio. El se parecía al Rafa, asegura y le creo porque chequeo su foto en casa.

Lo curioso es que este portento de hombre, aparte de fumar Pall Mall y prestar el oído para las primeras cuitas amorosas del discípulo, le enseño a hacer “cosas de mujeres”.

Un día voy a su casa a buscar una partitura y el estaba planchando sus pantalones ombú y por eso yo plancho y también coso. Me cuenta el hombre de dos metros sin que se le caigan los anillos.

¿Cómo siguieron esos años?

Me hice muy amigo de sus hijos, en especial de Agustín. Compartimos nuestra adolescencia, jugábamos al snooker e íbamos los fines de semanas a su casa de San Javier. Mi adolescencia fue junto a ellos. Hoy soy amigos de todos, son como hermanos.

¿Qué fue de los hijos de Alfredo Bru?

Los ocho son grandes músicos: Alfredo es jubilado del Coro, Ricardo es el primer cello de la Orquesta Sinfónica de Viena mientras que Blas lo es del Teatro Colón y Fernando otro tanto de la Sinfónica de Sao Paolo. Delia Toca en la Camerata Bariloche, Agustín en la Banda Municipal de CABA , Adriana en la Sinfónica de la Universidad Nacional de Tucumán y Agustín en la Sinfónica Nacional.

De repente el hombre que creció regado de sentencias y enigmas se vuelve el mismo sentencioso:

Yo no he tenido el talento de sus hijos, asegura pero las palabras no tienen el filo de una espada que cae sobre una cabeza sino más bien la liviandad de un par de alas.

Dice por interpósita persona el gran Borges: Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es.

Tal vez esta temprana epifanía, la de saberse desprovisto de talento con T mayúscula, es lo que liberó a Marcelo, de la lucha por destinos improbables, y lo que lo puso en su camino: ser el guía y sendero de otros, plantar música en los corazones de gentes sedientas de belleza.

 ¿Qué hacías esos años?

Era estudiante de Ciencias Económicas y también era maestro de Música del Proyecto Emer en San Pedro de Colalao. Formaba parte de la Orquesta Juvenil de la Municipalidad. Luego entré en la Orquesta Sinfónica de la UNT.

En esos tiempos  había cambiado de instrumento y ahora tocaba la viola así que le encargue a Fernando Silva,  Director de la Escuela de Lutería, una. Yo iba a ver su construcción y él me dio una enseñanza, me dijo dos cosas: Vos vas a ser músico y otra cosa que aún recuerdo “En la vida hay que andar con un pie en el cordón y el otro en la calle que es como decir con un pie en la realidad y otro en la utopía. No bajes los dos pies a la calle. Es bueno tener sueños. Ni subas los dos pies al cordón porque hay que ser realistas”.

La profecía con el tiempo se encarnó en realidad: dejé Ciencias Económicas y me volví músico y hoy vivo entre la utopía y la realidad.

¿Cuáles son tus utopías?

Me gustaría cuando me jubile dedicarme a multiplicar a orquestas. Me gustaría tener 7 orquestas.

7. 70 veces 7, es un número bíblico. El número simbólico del infinito. Otra vez hay que hacer  arqueología en su imaginario para encontrar al maestro Bru.

El me decía si vos estas en el aire desde el aire no hay puntos ni rayas y que los puntos y rayas lo fabricamos nosotros. La música no tiene ni puntos ni rayas. A los chicos hay que enseñarles la utopía.

Las utopías son formas de no-lugares y el Divino Niño es una. Aunque claro que esta, respira y se expande cada día y ocupa un espacio sagrado: el de los sueños de muchos chicos. Costó todo y costó también que entendiesen en mi casa que este era mi apostolado y que no iba a vivir de esto. Y la Marcha Triunfal de las Orquestas no se detiene: hoy también vieron la luz  la“Orquesta Municipal de Yerba Buena”, la “Orquesta Las Maravillas” en Los Gutiérrez y recientemente una en formación: la futura Orquesta en el penal de Villa Urquiza se asoma.

Tere, Teresa, la mujer de Marcelo, es como la de un ángel  incorpóreo pero tangible que bate sus alas silenciosas por aquí y por allá durante el ensayo de esa tarde de Junio. Médica ella, rubia,  ella, siempre esta y esta y esta. Como ahora mismo en el Divino Niño, como hace 25 años. También esta Mache que enseña violín y Agustín que hace percusión. Es que en  esta familia todos encuentran su modo de estar. Como una orquesta de cuatro instrumentos que suena a solo.

De nuevo en el bar. Esta vez en Don Justo de la Crisóstomo y Buenos Aires.

Mira la lapicera que me regalaron me muestra Marcelo en el bar. No sé de lapiceras pero se ve buena. Tengo la sensación de tener muchos hijos. Siempre me llaman para contarme sus logros y sus problemas. Yo les respondo como Alfredo Bru: si tenes ese problema es por vivo. Se quedan mirando, sin entender: si, si te pasa eso es por vivo. Por estar vivo. Si no estuvieses vivo no tendrías problemas.

La figura de Alfredo Bru siempre dictándole frases  al oído.

Ahora reviso mis notas: 18 años/ maestro en San Pedro de Colalao/ Músico en la Orquesta Juvenil/ viola/ estudiante de Ciencias Económicas/ clases de música con Alfredo/ amistad con Agustín Bru/Orquesta Sinfónica UNT

Mi vida era extraña para la edad que tenía. No iba a los bailes, no tomaba alcohol, tocaba en la orquesta. Con Agustín, el hijo de Alfredo, habíamos hecho un plan: ahorraríamos para vivir en Buenos Aires y entrar a una orquesta ahí. Teníamos que ahorrar seis meses pero en medio me puse de novio y cambie de planes, igual nos hicimos la promesa de siempre estar para el otro y así fue.

Eso fue a los 18. A los 20 21 años había comprado todo para casarme: juego de comedor y juego de cama.

Mis suegros eran catalanes. “No podes casarte con un músico”, le decían a mi mujer. Y era entendible si uno piensa en la mentalidad de la época.  Para ese entonces ya había entrado también a la Orquesta Sinfónica de la Provincia.

Aún así nos casamos cuando teníamos 25, el 7 de agosto, el día de San Expedito, un Santo al que le somos muy devotos y que siempre nos cumplió.

LA CATEDRAL DE LA FE Y LA ORQUESTA

 

Es la hora del adagio:

Mi vida ha sido muy tranquila.

 

Repite una y otra vez a modo de letanía, el hombre que ha inspirado decenas de artículos de prensa, y hasta un documental que ha viajado a Cannes. El que ha tenido trato con el actual presidente y que ha izado a sus divinos niños al templo nacional de la Música: el Colón.  El mismo que ha sido mil veces tentado para participar en política. Mi vida ha sido muy tranquila. Insiste.

Pasible  él, porque si es verdad que su existir ha sido un largo rio tranquilo, también es cierto que en su mapa no han faltado los accidentes geográficos: acantilados, montañas y precipicios. El hombre que tiene el tamaño de Goliat y la valentía de David transita esta dualidad en modo Allegro cantante  y habla parsimoniosamente así con esta cronista como con altos funcionarios o con  Leonardo Sbaraglia cuando vino a Tucumán a ponerse al hombro el documental  de la cineasta Gabriela Bosso. A todos una sonrisa, a todos un sí, pero sin estridencias. Sin pleitesías.  Todo hombre (y mujer) es igual a los ojos de Marcelo.

Volvamos a los tiempos de recién casado. Los años pasaban y el hijo no llegaba. Fuimos ver a Spindler el mejor médico de fertilidad en ese tiempo y nos dijo que teníamos que considerar la adopción.  

Yo tenía una tía religiosa de la Comunidad del Huerto que vivía en Córdoba. La llamo y me dice: Marcelo toda la comunidad está en oración y ustedes van a ser papas. Y un día, después de tantas desilusiones finalmente sucede. Mi mujer queda embarazada. La llamo entonces a mi tía a córdoba  para contarle que íbamos a ser padres.  Ella me dice: ¿sabes que día es hoy? 19 de marzo Es el Día de San José.

Tal vez este asombroso hecho  desató una lenta y trabajosa construcción  interior: la de la Catedral de su Fe.

El avanza y avanza y en realidad recuerda más a  Mister Magoo, ese dibujito animado que daba pasos, confiado mientras el suelo aparecía mágicamente bajo sus pies. Así de providencial.

Y el niño nació, y le llamaron Luis Marcelo. Mache le dicen, como su abuela le decía a él. Hoy estudiante de una licenciatura en Higiene y Seguridad, y profesor de violín en el Divino Niño. Tiene 20.

Ahora volvamos a la utopía.

Un día me di cuenta que había perdido el gusto por la música y pensé que algo tenía que hacer. Empecé entonces a llevar el violín a diferentes establecimientos educativos donde era recibido muy bien por las autoridades pero donde  los estudiantes no parecían muy interesados. Hasta que un día llegué al Salón Parroquial de Capilla del Divino Niño donde funcionaba además de clases de Catequesis, un Comedor de Caritas.

Los chicos hicieron un silencio sepulcral mientras miraban maravillados. Y entonces sucedió lo de Natalia Armas. Siento que alguien me tira de la manga. Era una niña como de 10 a 11 años: Profesor yo quiero aprender a tocar el violín.

 

Voy a youtube y tipeo: Documental Divino Niño. Leonardo Sbaraglia, actor consagrado y presentador del Documental de Gabriela Bosso, dice:

Conocí la historia del Divino Niño hace un par de años a través de una entrevista en la televisión. Lo que más me llamo la atención de esta historia, es que había nacido en un Comedor Comunitario. Me interesó conocer de cerca a estos músicos, conocer su historia y tal vez si nos dejaban, ayudar a contarla.

¿Y qué paso entonces?

Fui a ver al Padre Gandur y le comenté. El me dio la llave del salón Parroquial y me lo dejo en mis manos.

El Padre Gandur, el de la fama de Santo, que ya no está más pero que vive en tantas obras que dejó, también estuvo en los comienzos de este alumbramiento.

El sábado siguiente, fecha acordada para comenzar, éramos un puñado de seis o siete chicos.

Me cuenta este coleccionista de apotegmas un día Jeff Manookian, el director de la Orquesta Estable quien hace los arreglos para nosotros, me dijo sobre la creación de la Orquesta: esto es como una bola de nieve, sabes dónde empieza pero no donde termina.

Lo cierto es que  la bola de nieve cumplió 10 años este año, ocasión que festejaron en la Federación Económica  y en su camino creció y creció y creció:

Aproximadamente 80 chicos entre niños y jóvenes, 14 profesores, 4 madres/asistentes y presentaciones en los escenarios más importantes de Tucumán y por supuesto: El Colón. Pero de eso hablaremos más tarde.

 

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