Laura Terán. La africana. Primera parte: Llegar a África

29 Mar 2017

Kenia, bajo un sol africano Laura espera, Canon en mano, el momento de trasladar al Padre  Alejandro, mejicano y misionero de Guadalupe de la Misión de Lenkinsem al hospital de Nairobi. Pasan mujeres cargando bidones de 20 litros de agua en sus hombros,  que en este rincón ardiente de la tierra equivale a petróleo. Ella sabe que esa postal es un regalo que ofrece el continente negro al que sabe mirar y entonces la inmortaliza con un clic. Pasa el tiempo y la mujer del agua,  más  un niño rodeado de moscas se transfiguran en papel y penden en la pared de su cuarto durante años. Lo que Laura Terán, la mujer que espera, la fotógrafa, la Productora de Seguros, la amante de África,  no sabe aún es que esas apariciones imperceptibles se encarnarían en presencias contundentes de su vida. Ahora concentrémonos solo en una de ellas: la de la mujer. Por un momento la imagen se congela en sus magníficos ojos negros, y adquiere una historia y un nombre: Máma Moses. Pero aún no es tiempo, vamos por parte.

 Y ahora seamos obvios.  Vayamos a donde viven todas las razones  del presente: la niñez. Mi papá murió cuando yo tenía 5 años, un año más tarde mi mamá abrió una boutique en nuestra casa de Yerba Buena “La Serrana” y siempre iba a Buenos Aires a comprar ropa. Yo le pedía que me trajese animales salvajes de plástico.

 Veía Daktari en la tele, esa serie que contaba las historias del Dr Marsh Tracy en el campamento Wamerú al Este de África mientras estudiaba el comportamiento de los animales.

 Ni Cenicienta, ni Blancanieves, ni la Bella durmiente. A la edad en que las niñas anhelan vidas de princesas de Disney  ella ya soñaba con jirafas, elefantes, búfalos  y leones en la sabana. Laura tenía anhelos de África.  Tal vez por eso la leona Clarence y la chimpancé Judy y el doctor Marsh con su hija Paula, y sus colaboradores trabajando en el ficticio Centro de estudios del comportamiento animal Wamerú eran los espejos recurrentes donde la niña se miraba.

 Además de chica íbamos  La Cruz,  el campo familiar.  Siempre a mis hermanos y a mí nos fascinó la naturaleza, lo heredamos de mis padres. De hecho con el tiempo dos de mis hermanos se convirtieron en Guarda Parques: Rafael y Esteban trabajaron en los montes salteños, jujeños y tucumanos y en la Selva de Iguazú.

  Dos guardianes de la naturaleza y una leona,  eso fue lo que engendraron Lucrecia y Rodolfo, los padres de Laura quienes  no solo sentían amor por la naturaleza sino que además supieron insuflarlo a los hijos.

 Todos nacemos al menos dos veces: la primera vez cuando nuestra madre nos da a luz, la segunda cuando nos alumbramos a nosotros mismos. Esa otra vez  le llegó a Laura de la mano de una adquisición y una decisión: A los doce años me compré mi primer caballo y decidí que un día iría a África.

 A partir de esa decisión la vida que corría a raudales era como un compás de espera que se alternaba entre los veranos en Villa del Totoral, Córdoba, las estancias en el campo de La Cruz y las cosas de la edad, el Colegio, los amigos, los sueños pueriles……

 En Totoral teníamos un primo, Marcelo Terán, al que le gustaba improvisar poemas sobre todos. Aún me acuerdo del que me hizo a mí:

 Laura la inquieta

 Vive corriendo

 Corre soñando

 Cierra tus ojos

 Sigue Mirando

 Solo un instante

 Ya eres mujer

 Y llegó el día en que el presagio inevitable del  pariente poeta se hizo realidad. Laura se convirtió en una mujercita aunque aún no había llegado el tiempo de viajar. Había que seguir esperando.

¿Qué hiciste entretanto?

Empecé a leer todo lo que caía en mis manos. Iba a Los Primos y compraba la enciclopedia Salvat de la Fauna de Félix Rodríguez de la Fuente, un gran documentalista  español y uno de los primeros ambientalistas.

De mapas y textos, de dibujos, fotografía  y series  su amor por África se fue alimentando hasta que  llegó el día de la epifanía. Sucedió cuando la niña como Alicia, se asomó al pozo a mirar. Descubrí libros en la biblioteca de mi papá sobre  África y ahí supe que él también la había amado como yo.Curiosamente, buscando saciar su sed a través de las letras,  Laura encontró a su padre. Y fue como  si además de sus rasgos, una forma de hablar o de reírse,  la vocación de amparar, Rodolfo Terán le hubiese dejado un continente entre sus manos.

Los años sin embargo pasaron y pasaron las  lecturas. Llegó  la adolescencia y con ella otros autores que arroparon su  imaginario africano de ficciones fascinantes. Wilbur Smith por ejemplo y sus maravillosas sagas ambientadas en África del Sur y salpimentadas por intrigas internacionales pero sobre todo, la inenarrable Karen Blixen.

La baronesa danesa que se instaló en una granja en las colinas del Ngong a mediados de los años 20  y llevó adelante una plantación de café a fuerza de determinación, tuvo un ascendente poderoso en esos años en que uno delinea con trazo grueso su devenir.  La perseverancia de Karen  era  lo que a Laura encantaba  de ella.   La misma que la animó a aprender a cazar, dominar la lengua suajili, e intentar neciamente sacar adelante su “Karen Coffee Company”.  Sobre su peculiar derrotero, la adolescente se anotició leyendo Lejos de África, un libro escrito en 1937 bajo el nombre de Isaac Dinesen, seudónimo que usó Blixen al volver a Europa enferma y quebrada de su aventura keniata. Quien tenga algunos años, recordará, la pantalla incendiándose con los amores de la díscola baronesa  interpretada por Meryl Streep y  Robert Redford en el papel de Denys Hatton Finch, el cazador.  África mía, la multi-oscarizada película de Sidney Pollack, fue la vía rápida por la que muchos llegamos a esta extraordinaria mujer a la que no en vano los nativos la bautizaron “hermana leona”.  El camino de Laura Terán estaba trazado y llevaba a Kenia.

Entonces, Félix Rodríguez de la fuente, el Doctor Marsh y su hija Paula, Wilbur Smith, Karen Blixen y su padre Rodolfo fueron configurando su panteón privado de héroes clásicos. Faros que iluminaron el camino para llegar. Llegar a África.

¿Cómo siguió la historia?

Cuando me recibí del colegio, me decidí por la carrera de veterinaria, y me fui a Buenos Aires para inscribirme pero en el colectivo 60 me robaron todo y  como en ese momento mi familia estaba pasando por un momento difícil desistí y volví a Tucumán.

Empecé a trabajar en CCC, la Empresa de Cable,  donde me formé en la venta  y más tarde gracias a Raúl Nores en la Empresa de Medicina Prepaga TIM.

En esos tiempos surgió una pasión inesperada para esta naturalista en ciernes: la de la venta.

Me di cuenta que  ser productora  de seguros es una forma de servir, de cuidar.

CUIDAR. Hay veces que la clave de la vida de una persona se cifra en un verbo, CUIDAR, verbo regular del primer grupo. Asistir, guardar, conservar, tal es  la definición que da el diccionario de la RAE. Cuidar al prójimo y a la creación se tradujo para Laura en dos hechos concretos: abrazar la causa ambientalista y ofrecer seguros de vida.

Empecé a ahorrar de 50 dólares, y en 1992, después de 7 años, ya tenía lo necesario para irme y hasta  había encontrado una agencia en Buenos Aires que me ofrecía justo lo que buscaba: un safari en camión durante 50 días por África del Este: Tanzania, Uganda, Ruanda y Kenia fotografiando la fauna y la flora y durmiendo en carpas a la intemperie. Porque a eso iba yo a: a empacharme de animales. Y a fotografiarlos en su hábitat natural.

Pero fue entonces que la agencia cerró, antes incluso de poner la plata y tuve que volver a cero. A cero.Estaba enojada, no entendía por qué. Y entonces conocí a una amiga del Opus Dei que me dijo esta frase: si no se te dio es porque Dios tenía mejores planes para vos.

Los planes de Dios, los planes de Dios, los planes de Dios, los planes de Dios, los planes de Dios, los planes de Dios, los planes de Dios, los planes de Dios, los planes de Dios, los planes de Dios…

Aunque no entendía mucho a que iba la frase esas cuatro palabras quedaron dando vuelta en mi cabeza: los planes de Dios….

¿Qué pasó entonces?

Con la plata del viaje me compré mi primer auto, un Fiat Spazio 147. En ese momento vivía una semana en Salta y tres en Tucumán. Tim me había encomendado desarrollar la parte comercial. En Salta me contactaron a través de los Fleming con una señora que había misionado con la sobrina de un Obispo en Kenia. Mandamos un fax en junio a la Diócesis de Ngong, cuya cabeza era este Obispo, pidiéndole si podía recibirnos. A esa altura ya había resuelto mi viaje para enero de 1994. Se había sumado mi amiga y colega Dolores Pedraza y yo había  hablado por mi parte con el Centro Cultural  Flavio Eugenio Virla para  hacer una exposición con mis fotos a mi vuelta. La idea era destinar la plata de lo que vendiese para el próximo viaje.

El obispo respondió que había conflictos de tribus, que no podíamos ir. En cierta manera no importaba demasiado, nosotras seguiríamos adelante con los planes iniciales: haríamos un safari en camión por África del Este. Al fin y al cabo lo de misionar no estaba en mis proyectos iniciales. Al fin y al cabo yo iba a África solo por la naturaleza. O al menos eso pensaba.

Proyectos. Planes. Algunos sostienen que si uno quiere hacer reír a Dios basta solo con contárselos.

El 28 de Diciembre de 1993, el Obispo Colin Cameron Davies de la Diócesis de  Ngong envía un fax comunicándonos que nos esperaba en las misiones.

El 2 de enero partimos con mi amiga Dolores Pedraza en ómnibus rumbo a Rosario. Lloré todo el viaje y el 4 finalmente nos embarcamos en British Airways desde Buenos Aires a Nairobi, haciendo escala en Londres. Del otro lado del mundo, y muchas horas más tarde, sin saberlo aún, los planes de Dios las esperaban.

El 6 de enero de 1994 en el Aeropuerto Internacional Jomo Kenyatta de Nairobi, el Obispo Davies, al que a partir de ahora llamaremos el Bishop las había ido a buscar en su Subaru.

Antes de llevarnos a la Misión debía pasar por el Seminario para buscar algo. Aprovechando la espera, me baje del auto y tome un puñado de tierra ardiente y la dejé escurrir entre mis dedos.

¿Sabes?  Al principio el planeta era una sola cosa y luego se dividió en continentes. Pero el origen del mundo comenzó en el actual territorio africano por lo que me di cuenta que,  de alguna manera, todos esos años ahorrando no se trataron de llegar a África,  sino de volver y escribí en mi diario: Volví a los orígenes, volví a la cuna de la humanidad.

Comentarios