Fernando Ríos-Kissner, agitador de sueños. Tercera parte. All that jazz y los espejos infinitos.

27 Oct 2016
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Fernando, el agitador

 A veces pienso en mi muerte. La imagino como  en la última escena de “All that jazz” de Bob Fosse, esa película sobre la vida de Joe Gideon, un coreógrafo y director de teatro, adicto a su trabajo hasta que un día le llega el momento de la muerte. Atravieso ese túnel.  No me la puedo imaginar de otra manera.

Maldigo el momento en que no vi la película pero voy a google:

“y finalmente llega el momento de la muerte, precedido de un show monumental, en un auditorio en el cual están presentes todas las personas implicadas en su vida…”.  Ahora voy a youtube y tipeo:  escena final.

La cosa política y la Iglesia forman parte del imaginario de mi muerte.  Y  después declara, así de la nada: Hay una parte de mi catolicismo que me enorgullece mucho.

Fernando se pone a cavilar y vuelve a su primera juventud y entonces la laboriosa construcción de su rostro adulto se desvanece en un segundo.

A los 20 solo tenía respuestas, y ahora solo preguntas. Me pregunto qué mundo le dejaré a mi hija Julia.

Por cierto, no lo mencioné, en el paisaje de su vida apareció hace un rato Natalia, su mujer  y Julia, su hijita. Y la sola mención le llena la cara de sol.

Ayer entró a Muña Muña una persona de la calle a buscar una bandeja de la Heladera, y después se acercó a pedir  agua para el mate. Yo miraba y pensaba, ¿que hubiese sido yo en el lugar de él? ¿Hubiese tenido la fortaleza de levantarme cada día en su situación y venir a pedir agua para el mate?  Siento una profunda admiración y respeto por esas personas.

Se queda Fernando suspendido en un limbo por un instante. Se hace un silencio de misa. 

Una mujer entra y pide disculpas por la interrupción.

Disculpa, dice, lo quiero felicitar por todo lo que hace. Tengo un jardín de infantes y tengo muchos libros para donar, dice. Dice otras cosas y se va.

Ella será uno de los tantos paréntesis de esta tarde.

Fernando hay un tema con el sonido de la sala, Fernando, ya llegamos dice un puñado de jóvenes. Fernando, aquí, Fernando allá. Suena el celular sin cesar……Fernando lidia como un malabarista con todos esos mundos paralelos en los que habita. Ahora vuelve a este,  en el que momentáneamente nos encontramos, para hablar de arte.

El arte es una herramienta transformadora. Miren sino lo que sucede con las orquestas de niños en las villas. La música no solo es aprendida por los niños sino que ellos la llevan a las casas y se la apropian y cuando el arte te roza no volves a ser el mismo.

Yo, por ejemplo, vivía en un pueblo chiquito de Salta y un día apareció Boyce Díaz Ulloque con su bufanda larga y sus historias y lleno mi vida de sueños.

Desde entonces Ríos-Kissner quiso también ser un duende para los demás.

Impulsor, gestor.

Responde ante la pregunta sobre cómo se define.

El problema a veces con el arte es que los músicos, los actores, los críticos, los directores a veces se aíslan en una torre de cristal. El arte tiene que ir hacia la gente y el estado debe intervenir en este hecho. Detectar aquellas personas que quieren que en su ciudad pasen cosas.

Se deben buscar gestores porque mientras haya gestores habrá arte.

¿Como definís esto de ser gestor?

Trabajar con el sueño del otro.  Para mi ser gestor es facilitar, ofrecer, arriesgar, ganar o perder pero buscar construir, aportar, colaborar.

De ese largo inventario de verbos pues surge la gestión responsable.

Cuando voy a su facebook o indago en google,  el hombre, se parece a la metáfora borgiana de la sala de espejos multiplicando la imagen al infinito.  Uno se pregunta si es el mismo el que organiza (siempre codo a codo con sus socios) el Festival Pura escena para noveles dramaturgos y el que promueve la Heladera Social o el que está al frente del perchero en los Miércoles de Invierno. El mismo que hoy con tantos bríos me cuenta sobre la instalación de un aro magnético para hipo-acúsicos en su sala de teatro o de la cena a oscuras para sesenta comensales videntes  servida por no videntes. Fernando viviendo en una multiplicidad de universos paralelos, siguiendo todas las posibles trayectorias del átomo en el aire.

Invitamos a los escritores inéditos a producir en nuestra sala. La idea es que presenten sus obras aún no publicadas y que de ellas elijamos las mejores.  El Festival Pura Escena consistirá en presentarlas durante tres días por una duración de 20 minutos cada una. ¿El leit motiv? tejer acciones asociativas entre actores y directores.

Cuenta con el entusiasmo de un gestor aprendiz, este veterano en el arte de escalar los Everest ajenos.

El actor debe actuar en comunidad artística. El debe ocuparse de sus textos, de su performance y es el productor no el artista quien se ocupa de todo lo demás. Juntos son equipo.

Y después se pone a hablar a  borbotones del proyecto que, intuyo, mas lo entusiasma por estos días: la cena de ciegos, algo que trajo de Buenos Aires y que ahora, se predispone a replicar acá en Tucumán. 

Para que los videntes puedan encontrarse con otro mundo y comprender como sucede la vida en la oscuridad.

Yo agregaría un verbo a la lista del gestor: tender puentes de comprensión.

“Conmovida y emocionada, hoy más que nunca me pongo en el lugar del otro. Sarita.”

“Hermosa experiencia. Al principio muy rara pero luego muy placentera. Agudiza el sentido del oído y el gusto. Gracias.”

“Esquel. Chubut. Felicidad total. Me encanto la experiencia. Tal vez se extendió demasiado el tiempo entre la cena y el postre.El resto 10 puntos.”

Los papelitos rosas desparramados por los comensales de la cena  a ciegas son el mejor testimonio de que, un puñado de personas desde ahora, es capaz de comprender mejor a otro puñado y todo gracias a un encuentro y a una apertura.

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