Cosas que nos costó aprender cuando éramos niños

13 Sep 2016
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eduandrosefoto.com

  Hola, buen día. Mire los que dejamos atrás hace mucho tiempo la niñez, es mi caso, nos acordamos de situaciones y acontecimientos que nos pusieron a prueba. Entre ellas ¿dígame si no se acuerda de sus padres, tíos, abuelos, primos, vecinos y hasta desconocidos que le insistían en lo fácil que era andar en bicicleta? Y usted no podía.

  Tenía los tobillos a la miseria cuando los raspaban los pedales y ya ni le importaba de qué lado caería en el patio, el parque o la vereda. Pero aprendió. Entre otras cosas que costaba aprender podemos citar a dos. Una, remontar un barrilete y la otra a hacer el nudo de los cordones de los zapatos.

  Y de esta última le quiero hablar. Era algo que insumía tiempo teórico-práctico en aprenderse. ¿Similar a qué sería hoy? Y no sé. Pienso que sería como pilotear un avión que cubra el trayecto Buenos Aires-Nueva Zelanda.

  Era un trámite por demás de engorroso que exigía precisión suiza. Pero éramos niños. Ante la mirada de uno o dos de los padres comenzaba el curso. Uno de ellos ante nuestra mirada cargada de envidia hacía el primer nudo de muestra. Perfecto. Ceñido lo justo en el centro del moño.

  A los cordones se los podía medir y ambos tenían la misma dimensión. Acto seguido el instructor lo desarmaba. Didácticamente explicaba ahora, paso a paso, el siguiente nudo. Perfecto. Clonado. Entonces venía el temido “ahora: te toca a vos”. Un cordón en cada mano y que sea lo que Dios quiera.

  Por lo general uno de nuestros dedos quedaba atrapado en el nudo. Si lográbamos hacerlo, cosa que ocurría cada muerte de un obispo o de dos, estaba desproporcionado y colgando hacia un costado. Nunca al centro.

  Y había que retomar la práctica, cada día más intensiva, porque como no se cansaba de repetir mamá: “no podés ir a la escuela sin saber atarte los zapatos”. Pienso qué diría ella hoy al ver que la última moda entre los jóvenes y los adultos es caminar con los cordones de las zapatillas desatados algo que antes sólo estaba reservado para el tonto del pueblo.

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