Los 3 deseos que se piden en los cumpleaños

23 Jun 2015
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Imagen de Homero, personaje de la serie Los Simpsons.

  Nacemos, crecemos y hasta el año en el que pasamos al otro barrio nos festejan o festejamos los cumpleaños. No importa dónde, ni cuando porque el común de los mortales lo hace coincidir con el día sábado y es una fiesta que reúne a los familiares y amigos que se estiman o no se soportan y que sonríen para la ocasión como modelos de propaganda de pasta dental de TV a la hora de las fotos.

  Lo que va cambiando a lo largo de la vida es la calidad de la comida, es mejor si el cumpleañero nació en los meses de los aguinaldos, y de menor calidad en los otros. Se festeja desde el primer año del niño. Y es una bacanal interminable. Un festín gastronómico regado de bebidas y con una música estridente que le hizo caer la paletilla al infante que no para de llorar.

  Luego los 15, ocasión que deberá vender el auto o la casa o ambos para solventarlo. O quedar endeudado hasta que la nena cumpla los 30. Y los 40, los 50, los 60 así hasta concluir con los festejos al estar irremediablemente perdidos y confundir a la tía Porota con Woody Allen.

  Pero ¿sabe qué es lo único que no falta en todos los cumpleaños? El pedido de los 3 deseos que precede al apagado de las velas que hay sobre la torta. Es un rito infame. De golpe el dueño del día queda atrapado en el centro de una manifestación.

  El bullicio, las palmas, los vítores y la música le están por hacer estallar la cabeza a quien está por pedir los 3 deseos que hoy, por la inflación deberían ser como mínimo unos 19 o más. Y el tipo sopla con la esperanza de que se le cumpla al menos uno. Pero nada.

  Todos siguen allí. Viene una ronda de abrazos, besos y palmeadas de espalda que son inevitables como que lo manchen con un canapé o le derramen fernet en la camisa. ¿A usted se le cumplieron alguna vez los deseos que pidió? A mí no. Si conoce a algún afortunado hágamelo saber.

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