18 Junio 2002 Seguir en 
WASHINGTON.- La Cámara de Representantes estadounidense decidió esta semana darle el crédito de la invención del teléfono a un ítalo-estadounidense, Antonio Meucci, hasta ahora atribuida al estadounidense de origen escocés Alexander Graham Bell, informó una fuente oficial.
En una resolución adoptada el martes por simple aclamación, los representantes estadounidenses estimaron que "la vida y la obra de Antonio Meucci deben ser reconocidas, y su trabajo en la invención del teléfono debe ser reconocido".
Según el texto de la resolución, presentado por el republicano representante de Nueva York, Vito Fossella, Meucci había instalado un dispositivo rudimentario de telecomunicaciones entre el subsuelo de su casa de Staten Island, en Nueva York, y el dormitorio de su esposa (que se había quedado paralítica) en el primer piso.
En esta suerte de reivindicación del genio del florentino, otros biógrafos de Meucci también afirman que el inventor ideó el teléfono cuando trabajaba como técnico de escenografía en un teatro de Florencia, para ayudar a sus compañeros a comunicarse. Y que en su casa de Staten Island sólo perfeccionó el dispositivo que cambió la Historia, no sólo en su dimensión tecnológica, sino en el ámbito de la comunicación humana.
En 1860 presentó su invención en un diario local de lengua italiana y en diciembre de 1871 presentó una solicitud provisoria y renovable cada tres años. Por carecer de los medios económicos para extenderla, debió dejar expirar su patente en 1874.
Desventajas idiomáticas
Cuentan los biógrafos de Meucci que el inventor -nacido en Florencia en 1808- tenía problemas con el manejo del idioma inglés. Y que probablemente fuera por esa limitación "comunicativa" que los directivos de la empresa Western Union ni siquiera le dieron una reunión, para que él les explicara en qué consistía su invento.
La patente del teléfono fue acordada dos años más tarde, en 1876, a Bell, quien trabajaba en el laboratorio en el que Meucci había depositado su material, según el texto de la resolución.
Las autoridades estadounidenses intentaron, a partir de 1887, anular la patente acordada a Bell, en un proceso por fraude que inició el propio Meucci, y que estuvo a punto de ganar el caso, ya que la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos aceptó investigar las acusaciones del florentino incomprendido.Pero el asunto se cerró con la muerte de Meucci en 1889 (y la expiración de la patente de Bell), sin que nunca se determinara quién fue "el verdadero inventor del teléfono". (AFP y Especial)
En una resolución adoptada el martes por simple aclamación, los representantes estadounidenses estimaron que "la vida y la obra de Antonio Meucci deben ser reconocidas, y su trabajo en la invención del teléfono debe ser reconocido".
Según el texto de la resolución, presentado por el republicano representante de Nueva York, Vito Fossella, Meucci había instalado un dispositivo rudimentario de telecomunicaciones entre el subsuelo de su casa de Staten Island, en Nueva York, y el dormitorio de su esposa (que se había quedado paralítica) en el primer piso.
En esta suerte de reivindicación del genio del florentino, otros biógrafos de Meucci también afirman que el inventor ideó el teléfono cuando trabajaba como técnico de escenografía en un teatro de Florencia, para ayudar a sus compañeros a comunicarse. Y que en su casa de Staten Island sólo perfeccionó el dispositivo que cambió la Historia, no sólo en su dimensión tecnológica, sino en el ámbito de la comunicación humana.
En 1860 presentó su invención en un diario local de lengua italiana y en diciembre de 1871 presentó una solicitud provisoria y renovable cada tres años. Por carecer de los medios económicos para extenderla, debió dejar expirar su patente en 1874.
Desventajas idiomáticas
Cuentan los biógrafos de Meucci que el inventor -nacido en Florencia en 1808- tenía problemas con el manejo del idioma inglés. Y que probablemente fuera por esa limitación "comunicativa" que los directivos de la empresa Western Union ni siquiera le dieron una reunión, para que él les explicara en qué consistía su invento.
La patente del teléfono fue acordada dos años más tarde, en 1876, a Bell, quien trabajaba en el laboratorio en el que Meucci había depositado su material, según el texto de la resolución.
Las autoridades estadounidenses intentaron, a partir de 1887, anular la patente acordada a Bell, en un proceso por fraude que inició el propio Meucci, y que estuvo a punto de ganar el caso, ya que la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos aceptó investigar las acusaciones del florentino incomprendido.Pero el asunto se cerró con la muerte de Meucci en 1889 (y la expiración de la patente de Bell), sin que nunca se determinara quién fue "el verdadero inventor del teléfono". (AFP y Especial)
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