17 Junio 2002 Seguir en 
Cuesta entenderlos. Están decididos a hacer complicado lo que parece tan simple. No respetan el sentimiento de los hinchas ni se muestran capaces de aprovechar todo el potencial futbolístico que tienen en sus manos. Privilegian los esquemas tácticos y no les dan libertad a los talentosos. Son contratados para ayudar a sus equipos a alcanzar los objetivos propuestos. Sin embargo, muchas veces terminan simplificándole la tarea al rival. Ellos son los directores técnicos, responsables en un elevado porcentaje del bajísimo nivel técnico que mostró hasta el momento el Mundial.
Ejemplos hubo muchos desde que comenzó el torneo. Nadie como los argentinos para saber lo que es penar con las actitudes caprichosas del entrenador de turno. Pese al clamor popular, Marcelo Bielsa jamás se animó a juntar en la cancha a Aimar y a "la Brujita" Verón. Ni hablar de conformar el ataque con Batistuta y Crepo. Los resultados están a la vista. Nuestro seleccionado fue uno de los primeros en armar las valijas para emprender el amargo viaje de regreso.
Giovanni Trapattoni fue fiel a sus antecesores. Para los entrenadores italianos, juntar a dos talentosos es un pecado. Sucedió en los últimos Mundiales y este no podía ser la excepción. Si juega Totti, Del Piero hace banco. Ni cuando el equipo tuvo el agua al cuello -perdía con México y peligraba la clasificación- se animó a arriesgar un poquito.Su compatriota Cesare Maldini no se animó a mandar a la cancha a Cuevas cuando el partido con Alemania estaba para cualquiera.Y eso que "Pipino" le había salvado el pellejo unos días antes. Jugó sólo unos minutos frente a Eslovenia y marcó dos goles para darles a Paraguay el pasaporte a los octavos de final.
El último capítulo lo escribió Camacho. El técnico de España se complicó la vida sin necesidad. Su equipo ganaba 1 a 0 y si apretaba el acelerador, definía con comodidad el partido ante Irlanda. Pero no. Apostó por la especulación. Sacó a Morientes y a Raúl. Se quedó sin delanteros, dejó agrandar a su adversario y tuvo que sufrir hasta la definición con remates desde el punto del penal. Por suerte para él, Casillas nació en España y ayer, estuvo iluminado.
Ejemplos hubo muchos desde que comenzó el torneo. Nadie como los argentinos para saber lo que es penar con las actitudes caprichosas del entrenador de turno. Pese al clamor popular, Marcelo Bielsa jamás se animó a juntar en la cancha a Aimar y a "la Brujita" Verón. Ni hablar de conformar el ataque con Batistuta y Crepo. Los resultados están a la vista. Nuestro seleccionado fue uno de los primeros en armar las valijas para emprender el amargo viaje de regreso.
Giovanni Trapattoni fue fiel a sus antecesores. Para los entrenadores italianos, juntar a dos talentosos es un pecado. Sucedió en los últimos Mundiales y este no podía ser la excepción. Si juega Totti, Del Piero hace banco. Ni cuando el equipo tuvo el agua al cuello -perdía con México y peligraba la clasificación- se animó a arriesgar un poquito.Su compatriota Cesare Maldini no se animó a mandar a la cancha a Cuevas cuando el partido con Alemania estaba para cualquiera.Y eso que "Pipino" le había salvado el pellejo unos días antes. Jugó sólo unos minutos frente a Eslovenia y marcó dos goles para darles a Paraguay el pasaporte a los octavos de final.
El último capítulo lo escribió Camacho. El técnico de España se complicó la vida sin necesidad. Su equipo ganaba 1 a 0 y si apretaba el acelerador, definía con comodidad el partido ante Irlanda. Pero no. Apostó por la especulación. Sacó a Morientes y a Raúl. Se quedó sin delanteros, dejó agrandar a su adversario y tuvo que sufrir hasta la definición con remates desde el punto del penal. Por suerte para él, Casillas nació en España y ayer, estuvo iluminado.
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