10 Diciembre 2007 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Levantó sus párpados sombreados de coral y se atrevió a a amoldar el brushing endiablado por la humedad. Una tormenta con viento, truenos y relámpagos cayó al amanecer en Buenos Aires, en el día de la transición histórica entre los gobiernos de los Kirchner.
Eso es lo único que el oficialismo no pudo controlar esta tarde. Y Cristina Fernández lo supo. Por ello, tal vez solicitó a su peinador que empleara una dosis extra de spray fijador y de aceites capilares, para poner a salvo su cabellera del malhumor del cielo y llevar el pelo suelto.
Desde hoy, se acabaron los pantalones para la primera mujer elegida por los argentinos para gobernar. Como establece el protocolo, deberá usar faldas y/o vestidos en todos los actos oficiales y en donde la prensa esté presente. Tampoco podrá lucir trajes de baños, prendas sugerentes o escotes sensuales.
Consciente de las exigencias, la señora K debutó con un tailleur pollera de encaje color natural. El tapado, de líneas simples hasta la rodilla y mangas a los codos, entalló la silueta de la otrora primera dama. Cristina eligió unos stilletos y pocas joyas. Lo que no morigeró fueron las capas de rímmel sobre sus ojos.
Según trascendidos, la pingüina había solicitado que se cambiara la tela de la banda presidencial. Tal vez la dama K ignoraba que ese género (gros de seda) es el reglamentario. Ante la negativa de la sastrería militar a cambiado, habría sugerido que se confeccionara con menos entretela para que no sea tan rígida. LAGACETA.com ©
Eso es lo único que el oficialismo no pudo controlar esta tarde. Y Cristina Fernández lo supo. Por ello, tal vez solicitó a su peinador que empleara una dosis extra de spray fijador y de aceites capilares, para poner a salvo su cabellera del malhumor del cielo y llevar el pelo suelto.
Desde hoy, se acabaron los pantalones para la primera mujer elegida por los argentinos para gobernar. Como establece el protocolo, deberá usar faldas y/o vestidos en todos los actos oficiales y en donde la prensa esté presente. Tampoco podrá lucir trajes de baños, prendas sugerentes o escotes sensuales.
Consciente de las exigencias, la señora K debutó con un tailleur pollera de encaje color natural. El tapado, de líneas simples hasta la rodilla y mangas a los codos, entalló la silueta de la otrora primera dama. Cristina eligió unos stilletos y pocas joyas. Lo que no morigeró fueron las capas de rímmel sobre sus ojos.
Según trascendidos, la pingüina había solicitado que se cambiara la tela de la banda presidencial. Tal vez la dama K ignoraba que ese género (gros de seda) es el reglamentario. Ante la negativa de la sastrería militar a cambiado, habría sugerido que se confeccionara con menos entretela para que no sea tan rígida. LAGACETA.com ©
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